Ligando neuronas

Allá por los años pasados, cuando fulanito Maquiavelo trataba de salvarse el cuello, se le ocurrió hacerle la barba al gobernante en turno a fin de que su cabeza quedara sobre su lugar habitual. Pero como intelectual que era no escogió ningún acto público, de esos donde con pompa y reverencia le terminaban besando el trasero al jefe de jefes. Decidió que si lo iba a hacer sería a su manera y de forma discreta, así  que se sentó y escribió un bello discurso hecho para que aquellos que lo leyeran no sufrieran por las malas decisiones de su dirigente. La oscuridad, la luz de las velas y los barrotes de una celda le sirvieron de buena inspiración. Aquella obra tuvo por título "El Príncipe". Por esta obra suele atribuírsele a Nicolás Maquiavelo la frase "El fin justifica los medios", y es que, en pocas palabras, lo que trataba de hacer era justificar los actos, a veces abusivos a veces tontos, de cualquier líder político, principalmente de aquél que en su tiempo lo veía como una amenaza. Si el fin era mantener la paz en el territorio, un poco de pólvora, culetazos y amenazas eran el remedio aceptable puesto que con ellos se alcanzaba el fin, que era la paz. Mató dos pájaros de un tiro, salvó su vida y elogió a su autoridad.

Maquiavelo podría ser alabado por la política de nuestro tiempo. Pero no sólo existen políticos de este tipo de pensamiento, aquellos que cuando ven afectados sus intereses, están dispuestos y prontos a cambiar de ideologías, cambiarse de bandos, alinearse con la competencia o callar lo que debe ser pregonado, la justicia por ejemplo.

Lejos de la tierra maquiavélica, pasando el Canal de la Mancha, nació un hombre que también tenía algo que decir sobre el gobierno de su tiempo. Un tal Tomás Moro, político y funcionario público cercano a su Real Majestad Enrique VIII. Al principio hubo buenas migas entre Moro y Tudor, pero llegado el tiempo del escándalo entre el Monarca y su esposa, la situación cambió para mal. Tomás, como buen político, hombre recto y justo levantó su voz y tachó los actos de su rey. Evidentemente, el soberano de Inglaterra no aceptó que se le cuestionara su actuar real, así que pronto vio necesario que el cuerpo de Tomás y su cabeza tomarán caminos separados. ¿Pudo Tomás haberse salvado de la condena? Tal vez ¿Quiso salvarse con la condición de retractarse y callarse una injusticia? De ninguna manera ¿Es su conducta ejemplo a seguir para la política actual en México? Pfff, por supuesto que no. Pero antes de partir al mundo de la justicia, Tomás Moro dejó como legado un ejemplo de voluntad y valor, y una obra digna de estudio, "La Utopía". Aquella donde a su modo de ver las cosas se debía llevar un gobierno en el mundo.

Es bueno tener poder, pero de nada sirve si no se tiene la sabiduría para gobernar, la conciencia para servir, la rectitud para juzgar y el valor para hacer lo que debe de hacerse.

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