La Edad Media podría caracterizarse por ser altamente supersticiosa, represiva, bajo una gran ignorancia, incluso se habla de la Edad Oscura, Oscurantismo, pero en la realidad es que en la Edad Media había costumbres que nos dejan en vergüenza si el enfoque es hacia la igualdad.

John Boswell dedicó 12 años de su vida a investigar el tema de los matrimonios homosexuales, finalmente se publicó en un libro de dos volúmenes llamado "La boda de las semejanzas" de Muchnick editores. John Boswell desentraña la realidad de la iglesia primitiva con una tesis que estremece: "La iglesia primitiva (siglos VI al XIII) no sólo era tolerante con las relaciones románticas y eróticas entre varones, sino que las santificaba ceremonialmente".

La invención del amor romántico en el siglo XIV convirtió la homosexualidad en un horror. Pero primero veamos la evolución del matrimonio.

El matrimonio no es declarado sacramento hasta el siglo XIII. Antes del año 1000, la bendición eclesiástica de un matrimonio contraído de manera laica se consideraba un favor. La iglesia no interfería en las bodas, las ceremonias eclesiásticas eran vistas como un simple corolario de la boda pública, lo cual daba lugar a una gran flexibilidad de formas rituales y diversidades regionales.

En la edad media el motivo del matrimonio no era precisamente el amor, recodemos que la idea del amor romántico, del príncipe que lucha por la princesa encerrada en una torre termina desvirtuando el concepto de matrimonio. En aquella época era aceptado el concubinato y el nuevo matrimonio tras la muerte de un cónyuge.

Los primeros teólogos y los canonistas quienes se esforzaron en exhortar al pueblo que el matrimonio heterosexual era la única relación legítima entre un hombre y una mujer y que debía hacerlo mediante un pacto exclusivo y permanente. Fue hasta el cuarto concilio Lateranense (1215) para declarar al matrimonio sacramento y elaborar reglas canónicas en el modo de celebrarlo.

En la mayoría de las colecciones manuscritas de todo el mundo cristiano -desde Italia a la isla de Patmos y el monasterio de Santa Catarina en el monte Sinaí- se encuentran descritas las ceremonias de unión entre personas del mismo sexo.

La ceremonia durante el siglo XII, se transformó en un oficio completo durante el cual se encendían velas, ambas partes colocaban las manos sobre los evangelios, unían la derecha, las manos eran atadas con la estola del sacerdote (o se cubría con esta ambas cabezas, además de incluir una letanía introductoria (como la de Barberini I), la coronación, la plegaria del Señor, la Comunión, un beso y, a veces, un paseo alrededor del altar.

El matrimonio respondía a una unión que implicaba vivir juntos por un largo tiempo, compartir un hogar, eran actividades que se privilegiaban por encima del componente sexual. Porque la sexualidad era un problema que atañe a la pareja misma. Pues las actividades de una pareja no solamente son de índole sexual.

Fue a partir del siglo XIV que los matrimonios homosexuales fueron reprimidos violentamente, pero, al ser una práctica común en el amplio espectro religioso de la antigua Europa fue poco a poco desterrada la práctica. A semejanza de una herejía como el arrianismo o el maniqueísmo, fueron arrancadas las hojas de registro de matrimonios homosexuales de los rituales litúrgicos, mutiladas o deformadas.

La homosexualidad es una variante legítima de la sexualidad humana. Ni científica, ni ética, ni teológicamente puede demostrarse que el contenido de la sexualidad humana es únicamente heterosexual. Históricamente no se puede asentar que la relación y matrimonio heterosexual hayan sido el único existente, razón por la que no se puede erigir en un modelo único y obligatorio para todos.

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