Patología y palabra (desde el reflujo)

El reflujo gastroesofágico, como condición fisiopatológica, está presente en muchos individuos. El mismo está caracterizado por la regurgitación de contenidos estomacales que se devuelven desde el estómago hacia el esófago (llegando inclusive a la boca), irritando así este último conducto, causando acidez. Lógicamente esta eventualidad suele estar condicionada a muchas situaciones individuales, tales como: embarazo, hernia hiatal, mala alimentación, cigarrillo, alcohol.

Sin embargo ¿Realmente se regurgitan los contenidos gástricos? Literalmente el reflujo gastroesofágico define una devolución, una salida, una intolerancia hacia algunos alimentos, es por ello que los mismos regresan de donde vinieron. Esto como consecuencia de la ausencia o falla de los medios "fisiológicos", que lógicamente entorpecen el camino de los alimentos a lo largo del tracto gastrointestinal.

La fisiología humana resulta compleja; y es que las teorías científicas buscan explicar por medio de palabras como funciona (o no) nuestro cuerpo, en este caso específicamente lo que se regurgita. El lenguaje del hombre ha buscado por medio de palabras detallar el "comportamiento" (la fisiología) de nuestro cuerpo.

¿Cómo se comunica el cuerpo con nosotros? No es a través del lenguaje. El lenguaje evidentemente, constituye una herramienta (de uso humano) para la descripción e interpretación de ciertos fenómenos. Pero hipotéticamente si no se empleará la "palabra": ¿Se podría explicar la fisiología humana?

Probablemente no, pero nuestro cuerpo sí y lo hace cada vez que puede (sin usar palabras). Pero mientras nos explica, le damos palabra. Es decir mientras el cuerpo nos habla sin palabras, el ser humano se las coloca.

El cuerpo, como un fiel mudo: escucha pero no habla, sin embargo se hace sentir. Condenamos al cuerpo a que escuche y entienda los significantes involucrándolo en nuestras patologías. Le enseñamos a hacerse sentir de acuerdo a las palabras.

En síntesis el humano aporta el lenguaje, el cuerpo aporta lo que no es lenguaje. Buscamos ubicar las palabras en lo que no podemos decir, formando así nuestra condena, nuestro reflujo, nuestra regurgitación.

Es por ello que devolveríamos el contenido gástrico, no sólo por intolerancia "hacia algún alimento" sino por intolerancia a las palabras intolerantes; porque la palabra representa el manjar simbólico del hombre y al igual que cualquier otro alimento pasa por la fisiología creada por ella misma.

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