La impredecible NFC sin un claro favorito, otra vez

La impredecible NFC sin un claro favorito, otra vez
El quarterback Jared Goff de los Rams de Los Ángeles lanza el balón durante un entrenamiento en Irvine, California, el martes 30 de julio de 2019. (AP Foto/Kelvin Kuo)

Las heridas permanecen abiertas y el proceso de recuperación será agónico.

En Los Ángeles, aún duele la triste presentación en el Super Bowl de una ofensiva que durante toda la temporada regular fue la segunda más prolífica de la NFL pero que, con el campeonato en juego, acumuló una vergonzosa producción de tres puntos ante los Patriots.

En Nueva Orleáns, la falta de un silbatazo en la flagrante interferencia de pase de Nickell Robey-Coleman sobre Tommylee Lewis, con 1:49 por jugar en la final de la NFC ante los Rams, podría haber causado daños permanentes.

En Chicago, aún resuenan los dos postes que golpeó el intento fallido de gol de campo de Cody Parkey de 43 yardas a 10 segundos del final que puso fin prematuro a una prometedora temporada de los Bears.

En Filadelfia, la partida del pasador suplente Nick Foles — comandante de sus últimos dos viajes a playoffs y MVP en el único Super Bowl de la franquicia — dejará cicatrices y los Eagles solo pueden apostar por la salud del talentoso pero frágil Carson Wentz.

Y en Dallas, el dolor de una nueva eliminación se convirtió eventualmente en incertidumbre una vez que el estelar running back Ezekiel Elliott — que escapó de un nuevo problema legal — optó por ausentarse de la pretemporada en busca de un nuevo contrato. Uno de varios pactos pendientes para el equipo de Jerry Jones, junto con los del quarterback Dak Prescott y el wide receiver Amari Cooper, en un intento por mantener junta una base que encaminó al equipo a los playoffs al ganar siete de sus últimos ocho juegos de temporada regular.

Sólo un paciente sanará, y lo hará al menos después de 18 encuentros. El resto está desahuciado.

Conocer la identidad del paciente es tan difícil como la misma recuperación. Mientras que la Conferencia Americana ha tenido sólo a cinco representantes, incluyendo los Patriots en seis ocasiones, en los últimos 12 Super Bowls, la Conferencia Nacional ha tenido a 10 equipos distintos en el duelo por el campeonato en ese mismo lapso, y únicamente Seattle (2013-14) lo ha hecho en años consecutivos.

En apego a esa tendencia, la NFC no tiene un claro favorito y las casas de apuestas en Las Vegas lo saben. Los Bears, Rams, Eagles y Saints tienen la misma cuota 12-1 para alzarse con el campeonato, la segunda mejor línea solo detrás de Chiefs y Patriots (6-1), según el portal vegasinsider.com.

Liderada por el quarterback Jared Goff, la potente ofensiva de los Rams vuelve casi intacta y los mayores cambios en el plantel del estratega Sean McVay fueron las llegadas de los veteranos Clay Matthews y Eric Weddle para reforzar una defensiva mediocre. Eso podría ser suficiente para dar el siguiente paso, pero no para borrar la controversia atada permanentemente a su título de la NFC.

Una controversia que aún duele en Nueva Orleáns y que dejó a la NFL sin más opción que establecer una regla que permita a los entrenadores desafiar las decisiones de posible interferencia de pase. Un año demasiado tarde si salen a preguntarlo en Bourbon Street.

Un año para alimentar la sed de venganza en unos Saints que presumen uno de los planteles más balanceados. Cubrieron la salida del running back Mark Ingram con la llegada del veterano Latavius Murray para hacer mancuerna con la “navaja suiza” Alvin Kamara en el backfield, y el veterano tight end Jared Cook le da un arma adicional al veterano Drew Brees, quien requiere 19 pases de touchdown para quedarse con el récord de todos los tiempos de 539, pero preferiría una última sortija a sus casi 41 años de edad.

Si los Rams y Saints basan sus aspiraciones, en buena medida, en su ofensiva, los Bears tienen un plan completamente diferente: una defensiva feroz y una ofensiva más que capaz. No se puede decir lo mismo de sus equipos especiales.

La falla de Parkey en el duelo de comodines ante los Eagles le costó su empleo y desde entonces el entrenador Charles Nagy y compañía han buscado a un sucesor sin encontrar a nadie que les garantice resultados. La esperanza es que un año de experiencia adicional evite que su vida dependa de una patada en diciembre o enero.

Los Eagles y Cowboys tienen otros problemas en su lucha por reflectores en una Conferencia Nacional plagada de protagonistas. En Dallas, Jerry Jones ha sido incapaz de convencer a sus jóvenes estrellas a anteponer el bien colectivo a sus intereses económicos, mientras que las esperanzas de los Eagles dependen completamente de la salud de un quarterback que tiene 24 inicios en sus últimas dos temporadas, pero ninguno en los cinco juegos de playoffs que tiene Filadelfia en ese lapso.

Falcons, Packers y Vikings podrían avanzar bajo el radar hacia la postemporada, complicar el panorama en la indescifrable NFC y, por qué no, abrir nuevas heridas.

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