Reseña: Revolucionario Hamilton llega en tiempos complicados

Reseña: Revolucionario Hamilton llega en tiempos complicados
En esta imagen proporcionada por Disney Plus, de izquierda a derecha, Daveed Diggs, Okieriete Onaodowan, Lin-Manuel Miranda, Leslie Odom Jr. y Anthony Ramos en una versión filmada de la producción original de Broadway de "Hamilton". (Disney Plus via AP)

La revolución finalmente está siendo televisada, por suerte.

La muy esperada filmación del popular musical “Hamilton” de Lin-Manuel Miranda se estrena el viernes en Disney+ dando una oportunidad de celebrar la independencia de Estados Unidos con algunos de sus próceres.

El momento parece ideal. Aunque, dada la sacudida que ha vivido el país en los últimos meses, ¿será lo suficientemente revolucionario?

El espectáculo incluye al elenco original de Broadway y se filmó en el verano de 2016 en el Teatro Richard Rodgers frente a un público emocionado. RadicalMedia, que grabó la última función de “Rent”, filmó dos funciones de “Hamilton” y le pidió a los actores que regresaran en sus días libres para hacer primeros planos.

La producción ganó 11 premios Tony, incluyendo a mejor musical, libreto y música original. El álbum con las voces del elenco ha sido un éxito y la obra ha tenido una gira con llenos totales. Pero sólo en esta versión filmada puede verse al elenco original con la coreografía de Andy Blankenbuehler y el diseño de iluminación de Howell Binkley, semillas de grandeza que conquistaron al mundo.

Thomas Kail, que dirigió el exitoso “Grease: Live” en Fox y ganó un Tony por dirigir “Hamilton”, estuvo a cargo de la versión filmada. La cámara de Kail captura íntimamente los rostros de los actores en momentos clave de una forma imposible de ver desde a butaca del teatro e incorpora la reacción del público para crear una versión filmada eléctrica.

El musical retrata el ascenso y la caída del estadista Alexander Hamilton y subraya sus raíces como huérfano e inmigrante — “Inmigrantes. ¡Nosotros hacemos el trabajo!”, es uno de los diálogos que recibe un gran aplauso — así como la tragedia casi griega de su caída, alimentado por la ambición.

Es difícil subestimar lo fresca que era “Hamilton” hace apenas unos años: una historia sobre la fundación de Estados Unidos con un elenco multicultural que usaba música, lenguaje y temas modernos.

Basado en una biografía escrita por el autor ganador del Pulitzer Ron-Chernow y desarrollado durante el mandato del primer presidente negro del país, el espectáculo era optimista y ambicioso, le dio un giro a las tradiciones de Broadway pero también las respetó. ¿Qué otra obra ha puesto a dos padres fundadores de la patria en una batalla de rap para decidir si ayudan a Francia o no?

Muchos en el brillante elenco eran relativamente desconocidos cuando aparecieron en el escenario: Daveed Diggs, Renée Elise Goldsberry, Jonathan Groff, Christopher Jackson, Leslie Odom Jr., Okieriete Onaodowan, Anthony Ramos y Phillipa Soo. Incluso Miranda, quien interpreta a Hamilton y escribió las canciones e historia del musical, tampoco era tan famoso entonces.

La puesta mezcla R&B, hip hop y música incidental. Hay fragmentos de canciones de Gilbert & Sullivan, Grandmaster Flash, Rodgers & Hammerstein, Jason Robert Brown, DMX y Notorious B.I.G. Hace referencia a Shakespeare y la Biblia. Sólo podía ser producto de una mente tan brillante y hambrienta como la de Miranda.

Esta versión nos recuerda de ese talento, pero también de su ausencia: Broadway siguió siendo Broadway después de “Hamilton” en general, regresando a obras viejas y seguras. Resultó que el paso audaz de Miranda no era la punta de la lanza; era sólo una gloriosa excepción. “Hamilton” jugó con la posibilidad de un futuro brillante y ahora, cinco años después de su debut, Broadway claramente ha desperdiciado la oportunidad.

Y con los teatros cerrados por la pandemia, el paso acelerado de la versión cinematográfica al streaming — originalmente iba a llegar a los cines en octubre de 2021 — es bienvenido. Pero un nuevo espasmo social, la confrontación del país con la injusticia racial, hace que “Hamilton” sea una elección problemática poco después de la muerte de George Floyd.

El país luce diferente de hace unos años, listo para otra revolución, esta vez surgida desde las calles, no de los salones de la alta sociedad donde nació en el siglo XVIII. Estamos reexaminando nuestra historia oscura y a quién se le da importancia. Están cayendo las estatuas, los viejos héroes están siendo cuestionados y la indiscreción del pasado está saliendo a relucir.

“Hamilton”, con todo y su progresismo, no es inmune a esta reexaminación. Mira al pasado de Estados Unidos y erige sus propias estatuas, pero omite los orígenes supremacistas blancos de la nación pese a que tres actores de minorías interpretan a dueños de esclavos que llegaron a ser presidentes.

Thomas Jefferson es presentado como el padre fundador malo que participó en la esclavitud. “Tus deudas están pagadas porque no pagas por el trabajo”, le dice Hamilton a Jefferson en una pelea de rap en el gabinete. “Sabemos quién está realmente en la plantación”.

Pero el hecho de que George Washington tuviera esclavos no es mencionado para nada y el papel de Hamilton como propietario de esclavos es tapado. En el 2020, “Hamilton” choca con el movimiento Black Lives Matter y resulta menos poderoso, menos revolucionario.

En el musical, el diálogo de Miranda “¿Quién vive, quien muere, quién cuenta la historia?” era una petición para poner a Hamilton de vuelta en los libros de historia, y recuperar a este padre fundador. La genialidad de “Hamilton” no ha cambiado: cómo la historia recuerda y cambia.

Pero este 2020 la cuestión de cómo contamos historias ha cambiado de significado. ¿Quién cuenta nuestra historia? La gente blanca. Y puede que el lente de la obra cambie de plataforma, pero sigue siendo sobre hombres blancos de élite. “Hamilton” nos pidió una vez revisar de nuevo el origen de Estados Unidos, pero es difícil no pensar que pronto enfrentará su propia reexaminación, pues no llegó al fondo.

“Hamilton”, un estreno de Disney Plus, tiene una clasificación PG-13 (que advierte a los padres que podría ser inapropiada para menores de 13 años) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por escenas de violencia con armas y temas de adultos. Duración: 161 minutos. Cuatro estrellas de cuatro.

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Mark Kennedy está en Twitter como http://twitter.com/KennedyTwits.

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