¿FIFA violando su propia neutralidad? Infantino, Trump y una polémica que amenaza el legado del fútbol global
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, enfrenta denuncias por alineamientos políticos y otorgar un 'premio de la paz' a Donald Trump, mientras crece la inquietud sobre su papel en la planificación del Mundial 2026.
Un premio inesperado y una controversia esperada
En diciembre de 2025, el mundo del fútbol presenció algo inédito: el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, otorgó públicamente un "Premio FIFA de la Paz" al expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el marco del sorteo del Mundial 2026. El hecho no solo sorprendió por su simbolismo, sino que encendió las alarmas en cuanto a la neutralidad política que, al menos en teoría, debe regir en los estatutos de la organización.
La organización FairSquare, un grupo de derechos humanos con sede en Londres, presentó una queja formal a los investigadores éticos de FIFA, acusando a Infantino de violar el principio de neutralidad política al mostrar apoyo explícito a Trump e incluso sugerir que merecía un Premio Nobel de la Paz.
El trasfondo político del Mundial de 2026
La edición 2026 de la Copa Mundial será coorganizada por Canadá, México y Estados Unidos. En este contexto, la colaboración política entre gobiernos anfitriones y la FIFA es inevitable, pero lo que ha causado controversia es el vínculo excesivamente cercano entre Infantino y figuras políticas estadounidenses, particularmente Trump.
El sorteo oficial del campeonato, celebrado en el Kennedy Center en Washington D.C., contó con la presencia conjunta de Infantino y Trump. Fue en este evento donde se entregó el flamante y hasta entonces inexistente "Premio FIFA de la Paz". FairSquare lo calificó como “una clara violación del deber de neutralidad”.
¿Qué es el deber de neutralidad y por qué es importante?
La FIFA, como ente rector global del fútbol, está obligada por sus propios estatutos a mantener una posición neutra en asuntos políticos y religiosos. Esto es fundamental para preservar la integridad de las competiciones y evitar que ideologías partidistas utilicen el deporte como plataforma proselitista.
Según el Código de Ética de FIFA, cualquier violación de la neutralidad puede llevar a una suspensión de hasta dos años. Aunque no está claro si la investigación sobre Infantino avanzará, el solo hecho de tener que analizar posibles acciones disciplinares contra su presidente ya representa un golpe reputacional para la organización.
FIFA: ¿autónoma o al servicio de intereses?
No es la primera vez que se cuestiona la independencia de los organismos disciplinarios de la FIFA. Desde la caída de Joseph Blatter en 2015 tras el escándalo de corrupción conocido como FIFAGate, los órganos de investigación interna han sido reestructurados. Sin embargo, muchos observadores sostienen que los nuevos responsables tienen menos autonomía que sus predecesores.
"Si Infantino creó el premio de manera unilateral, sin autoridad estatutaria, eso constituye un abuso de poder", señaló FairSquare en el documento enviado a FIFA, que consta de ocho páginas. Además, agregaron que no encontraron mención oficial del premio antes de su entrega: ni en boletines, ni en consejos, ni en reglamentos internos.
Una FIFA más cercana a Washington
El Mundial 2026 promete ser el más lucrativo en la historia del torneo, con estimaciones que superan los $10 mil millones de dólares en ingresos. Estados Unidos será el país con mayor número de sedes y partidos, una situación que también alimenta suspicacias sobre los vínculos financieros y políticos entre FIFA y el gobierno estadounidense.
Infantino ha sido acusado anteriormente de poner en riesgo el principio de universalidad del fútbol, inclinando la balanza hacia quienes ofrecen mayores beneficios económicos o estratégicos. Su gira diplomática por Arabia Saudita, su relación con autoridades de China y su defensa del uso del VAR como tecnología para “un futbol más justo” han sido interpretadas por algunos como maniobras corporativas más que decisiones deportivas.
Los conflictos de interés en el ojo del huracán
La elección de Trump como el primer destinatario de un supuesto "Premio FIFA de la Paz" podría tener un fuerte efecto colateral en la gobernanza del fútbol mundial. En palabras de James Montague, autor del libro "When Friday Comes" que analiza la intersección del fútbol con la geopolítica: "El fútbol ha sido durante décadas una herramienta diplomática de ‘poder blando’, pero cuando se transforma en una herramienta de propaganda personal, se corre un riesgo mayúsculo".
Y ese riesgo no es teórico. Infantino ya enfrenta otras críticas por su relación con Arabia Saudita, país que organizará el Mundial 2034. Grupos de derechos humanos han denunciado a la FIFA por ignorar los abusos laborales en las obras de infraestructura y las políticas restrictivas contra las mujeres y las minorías.
Además, el patrocinio de la empresa petrolera Aramco y la falta de acción ante equipos que representan asentamientos ilegales israelíes en torneos reconocidos han empañado aún más la imagen de imparcialidad de la federación.
¿Fútbol o geopolítica de alto rendimiento?
La relación entre deporte y política nunca ha sido sencilla. Desde los boicots olímpicos durante la Guerra Fría hasta el uso de deportistas como embajadores no oficiales de sus países, el deporte no es ajeno a los vaivenes del poder. Pero cuando la organización deportiva más influyente del planeta empieza a tomar partido de manera directa, se genera una crisis de legitimidad.
Infantino no ha respondido directamente a las acusaciones de FairSquare, y FIFA mantiene silencio institucional. La comunidad deportiva espera más que un comunicado: exige transparencia, responsabilidad y una reafirmación clara de los principios que rigen el fútbol. Porque si el deporte más popular del mundo pierde su neutralidad, todo lo demás estará en juego.
Una FIFA bajo la lupa internacional
No es solo FairSquare quien mira con lupa a la FIFA. Otros organismos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han solicitado reiteradamente auditorías independientes sobre las decisiones tomadas por la FIFA en materia de derechos humanos y neutralidad política.
"El deporte tiene la capacidad de unir culturas, países y pueblos, pero también puede ser instrumentalizado con fines muy oscuros si no se gestiona con ética", comentó Kenneth Roth, exdirector ejecutivo de Human Rights Watch.
¿Y ahora qué?
La entrega del premio a Donald Trump, en pleno sorteo de la Copa del Mundo más ambiciosa hasta la fecha, recordó al mundo que el fútbol ya no es simplemente un juego. Es geopolítica, economía y diplomacia. Y mientras Gianni Infantino no aclare los términos en los que se decidió este galardón —ni quién lo aprobó, ni en qué órgano se discutió—, la sombra de la sospecha continuará oscureciendo los relucientes estadios del Mundial 2026.
La pelota sigue rodando... pero cada día se juega menos en la cancha y más en los pasillos del poder.
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