FutbolPublished 3 months ago 6 min read

Brasil encuentra su equilibrio bajo Ancelotti y afronta el desafío de Japón en octavos del Mundial 2026

La Canarinha llega a la fase eliminatoria con una identidad táctica más definida tras golear 3-0 a Escocia, pero Japón, capaz de cambiar de estilo y de remontar, representa su prueba más exigente hasta ahora.

Carlo Ancelotti nunca había parecido tan satisfecho desde que asumió el mando de la Selección de Brasil hace aproximadamente 13 meses. La goleada 3-0 ante Escocia en la fase de grupos del Mundial 2026 no fue únicamente un resultado positivo: fue la señal más clara hasta la fecha de que los conceptos que el técnico italiano lleva predicando desde el primer día están empezando a materializarse sobre el césped.

"Estoy contento porque el equipo ha mejorado mucho. Ahora nos vemos sólidos, y en la fase eliminatoria ser sólidos es muy importante."Carlo Ancelotti

La afirmación no es menor viniendo de un entrenador de su trayectoria. Ancelotti aterrizó en Río de Janeiro con una misión clara y con el diagnóstico ya hecho: Brasil tenía talento en abundancia, pero le faltaba el ingrediente que él considera indispensable para ganar torneos importantes.

El diagnóstico inicial: talento sin equilibrio

La referencia obligada es la histórica derrota 4-1 ante Argentina bajo la dirección de Dorival Junior, el peor resultado reciente de la Canarinha. Cuando le preguntaron a Ancelotti si había visto ese partido antes de asumir el cargo, su respuesta fue contundente y terminó por definir toda su filosofía de trabajo:

"Sin equilibrio. Talento, pero sin equilibrio."Carlo Ancelotti

Ese diagnóstico de dos palabras resume perfectamente la tarea que el técnico se impuso: construir un equipo que permita que el talento individual, encabezado por Vinícius Júnior, brille sin comprometer la solidez colectiva.

Una identidad sin identidad: la paradoja de Ancelotti

Desde su primera rueda de prensa, Ancelotti dejó claro algo que puede sonar paradójico: no quiere que su equipo tenga una identidad definida. Su argumento es que una identidad fija hace predecibles a los jugadores. En cambio, apuesta por un conjunto capaz de leer el partido y adaptarse a cada momento, ya sea mediante presión alta o repliegue ordenado.

Contra Escocia, esa dualidad funcionó a la perfección. Los escoceses tuvieron algo más de posesión en el primer tiempo porque Ancelotti eligió ceder el balón de manera táctica. Sin embargo, los dos goles de esa primera mitad llegaron precisamente desde una presión alta colectiva que sometió a Escocia cuando intentaba salir desde atrás. Brasil además tuvo un tercer tanto anulado, lo que pudo haber ampliado aún más la diferencia. El mismo mecanismo de presión había funcionado en la victoria del último amistoso de preparación ante Egipto.

El contraste con el debut mundialista ante Marruecos fue ilustrativo. En ese partido, Brasil quedó en desventaja al ser sorprendido en una transición rápida con el equipo mal posicionado, lo que evidenció que el sistema todavía necesitaba ajustes.

Los ajustes tácticos: de la crisis al 4-4-2 funcional

El camino hacia el equilibrio no fue sencillo. La idea original de Ancelotti era jugar con cuatro atacantes, lo que dejaba únicamente dos centrocampistas, uno de ellos Casemiro, de 34 años. Los resultados fueron inmediatamente preocupantes: en el primer amistoso ante Panamá, Bruno Guimarães y Casemiro fueron superados en número y en dinámica. Era evidente que hacía falta un tercer mediocampista.

El problema se agravó porque Ancelotti había convocado apenas cinco centrocampistas para un torneo que puede extenderse a ocho partidos. La lesión del lateral derecho Wesley, producida tras el partido ante Egipto, obligó a una baja y abrió una plaza que fue ocupada por Éderson, el nuevo mediocampista del Manchester United. La solución al problema del centro del campo tuvo, sin embargo, un coste: Brasil se quedó sin su lateral derecho ofensivo titular.

Ancelotti reestructuró el equipo en torno a un 4-4-2, sistema que define como "la forma del campo". En ese esquema, los jugadores exteriores deben colaborar defensivamente retrocediendo, con una excepción notable: Vinícius Júnior, al que se mantiene cerca del área rival. La cobertura del costado izquierdo recayó entonces en Matheus Cunha, cuya ausencia del once inicial ante Marruecos fue tanto una sorpresa como un error táctico. Sin él, el espacio que Vini dejaba sin cubrir fue explotado sistemáticamente por Achraf Hakimi, uno de los mejores laterales del mundo, factor determinante en el dominio marroquí del primer tiempo.

Cunha, Rayan y el puzzle que empieza a encajar

La baja de Raphinha por lesión reconfiguró de nuevo los roles. Lucas Paquetá, el tercer mediocampista, asumió mayor responsabilidad en la banda izquierda, mientras que Cunha ascendió en el campo para ocupar el lugar del extremo catalán, aunque con una versatilidad que va mucho más allá del perfil de un delantero puro. Cunha puede ejercer de nueve clásico, retrasarse como mediapunta, integrarse en el bloque del centro del campo o filtrarse entre líneas como opción de pase.

A eso se suma la incorporación exitosa de Rayan, el potente extremo zurdo que actúa por la derecha, como sustituto natural de Raphinha. Contra Escocia, en el primer gol, Rayan apareció arriba junto a Vinícius mientras Cunha vigilaba el espacio por la derecha. Las piezas están empezando a encajar. Ancelotti siempre concibió la fase de grupos como una especie de ensayo general: ha dado minutos a prácticamente toda la plantilla, con excepción de los porteros suplentes y dos defensores de reserva, y parece tener ya definido cuál es su once más efectivo.

Japón: el examen de verdad llega el lunes

Brasil llega a los dieciseisavos de final del lunes como favorito, pero con la advertencia fresca de lo que Japón puede hacer. En octubre pasado, en un amistoso, los nipones remontaron un 2-0 en el segundo tiempo para ganar 3-2, protagonizando uno de esos tramos de 20 minutos de intensidad y transiciones rápidas que los convierten en un equipo especialmente peligroso. Es, con casi total seguridad, la primera vez que parte del público brasileño siente una preocupación real ante Japón.

Los dos aspectos que más inquietan a Ancelotti son la capacidad japonesa de cambiar de estilo durante el partido y la velocidad con la que mueven el balón, factores que pueden exponer las limitaciones físicas de un mediocampo brasileño que por momentos resulta pesado. Si la línea de tres centrocampistas no logra mantener el ritmo en las transiciones defensivas, Brasil podría verse expuesto de la misma manera que ante Marruecos.

Con todo, el seleccionador italiano no transmite señales de alarma. Desde su perspectiva, el proceso avanza exactamente como lo planeó. Brasil empezó el torneo buscando una mezcla adecuada y llega a la fase eliminatoria habiéndola encontrado. El grupo fue permisivo, los rivales de octavos no lo serán tanto. La diferencia entre seguir avanzando o regresar a casa puede residir en si ese equilibrio que Ancelotti ha construido con paciencia resiste la presión de un partido de eliminación directa.

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