FutbolPublished one year ago 5 min read

Ceferin es tajante: Rusia no volverá a las competiciones de la UEFA mientras continúe la guerra en Ucrania

El presidente de la UEFA dejó claro en el congreso anual celebrado en Belgrado que la readmisión de Rusia al fútbol internacional está directamente ligada al fin del conflicto armado.

El presidente de la UEFA, Aleksandar Ceferin, fue completamente rotundo este jueves al abordar uno de los asuntos más delicados que lleva sobrevolando el fútbol europeo desde febrero de 2022: la posible readmisión de Rusia en las competiciones internacionales. La respuesta no dejó margen a la interpretación.

"En cuanto cese la guerra, serán recibidos de nuevo", afirmó Ceferin en rueda de prensa en Belgrado, ciudad que esta semana acoge el congreso anual del organismo europeo del fútbol. La condición es tan simple como inamovible: mientras las tropas rusas permanezcan en territorio ucraniano, no habrá vuelta atrás en la decisión que se adoptó hace ya más de tres años.

Una sanción histórica adoptada en coordinación con la FIFA

El dirigente esloveno recordó que la exclusión de Rusia no fue una decisión unilateral de la UEFA, sino el resultado de consultas estrechas con la FIFA. Este detalle no es menor: implica que cualquier eventual proceso de readmisión tendría que transitar por el mismo camino bilateral, lo que añade una capa adicional de complejidad burocrática e institucional al asunto.

Rusia fue suspendida de todas las competiciones internacionales organizadas por la UEFA y la FIFA en los días inmediatamente posteriores al inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022. La medida afectó tanto a la selección absoluta como a los clubes rusos, que quedaron excluidos de torneos como la Champions League, la Europa League y la Conference League, además de todos los procesos clasificatorios para Eurocopas y Mundiales.

Desde el punto de vista deportivo, el impacto ha sido considerable. Equipos como el Zenit de San Petersburgo o el CSKA de Moscú, habituales en las fases de grupos de la Champions League durante años, llevan ya tres temporadas compitiendo únicamente en el ámbito doméstico. La selección rusa, por su parte, no ha podido disputar ni un solo partido oficial en este período, lo que compromete seriamente su nivel competitivo de cara a cualquier futura reincorporación.

La postura de Infantino, en dirección contraria

Las palabras de Ceferin contrastan con el tono empleado recientemente por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien ha expresado en varias ocasiones su esperanza de que Rusia pueda regresar pronto al fútbol internacional. Esta divergencia de criterios entre los dos máximos dirigentes del fútbol mundial refleja las tensiones internas que genera el asunto dentro de las propias instituciones deportivas.

Infantino, que ha mantenido una agenda de acercamiento a distintos gobiernos con independencia de sus acciones en política exterior, ha evitado poner condiciones explícitas a la readmisión rusa. Ceferin, en cambio, ancla la cuestión de forma inequívoca al terreno geopolítico: no hay fútbol mientras haya guerra. Es una línea roja formulada con claridad meridiana.

La presión rusa y el contexto político

Moscú no ha permanecido pasiva durante este período de exclusión. Las autoridades deportivas rusas han presionado de manera sostenida para acelerar su regreso, argumentando en diferentes foros que mezclar el deporte con la política es contrario a los principios olímpicos y al espíritu del fútbol. Federaciones de algunas regiones de Asia y Africa han mostrado, en ocasiones, cierta simpatía hacia estos argumentos.

Sin embargo, la postura de la UEFA ha permanecido firme. El organismo con sede en Nyon ha reiterado en múltiples ocasiones que la suspensión responde a la necesidad de garantizar la seguridad e integridad de todas las competiciones, así como de proteger a los equipos y jugadores ucranianos, cuyo país se encuentra en estado de guerra activa.

Ucrania, de hecho, ha continuado participando en las competiciones europeas a pesar de las enormes dificultades que entraña organizar el fútbol en un país en conflicto. Clubes como el Shakhtar Donetsk y el Dynamo de Kiev han disputado sus partidos como locales en estadios de países vecinos o han recibido autorizaciones especiales para jugar en territorio ucraniano en determinadas circunstancias, convirtiéndose en símbolo de resistencia deportiva.

El marco institucional de Belgrado

El congreso anual de la UEFA celebrado en la capital serbia es el escenario elegido para estas declaraciones. Belgrado no es un lugar neutral en términos diplomáticos: Serbia ha mantenido una posición ambigua respecto a la guerra en Ucrania, rechazando sumarse a las sanciones occidentales contra Rusia al tiempo que aspira a avanzar en su proceso de integración europea. El hecho de que Ceferin haya elegido precisamente este foro para ratificar la postura de la UEFA añade un subrayado político a sus palabras.

El congreso reúne a los representantes de las 55 federaciones nacionales que integran la UEFA y aborda, entre otros asuntos, la hoja de ruta del fútbol europeo para los próximos años. La cuestión rusa, aunque no figure necesariamente como punto central del orden del día, ha vuelto a ocupar el primer plano del debate gracias a la contundencia del mensaje de su presidente.

Por el momento, la pelota no está en el tejado del fútbol. Está en los campos de batalla de Ucrania. Mientras el conflicto no concluya, Rusia permanecerá fuera de cualquier competición organizada bajo el paraguas de la UEFA, y la posición del organismo no presenta fisuras visibles. Ceferin lo ha dicho con todas las letras, en público y ante los medios de comunicación de todo el mundo.

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