FutbolPublished 4 months ago 5 min read

Fernando Cabada renuncia como gerente general de Alianza Lima en medio de una profunda reestructuración accionaria

Los empresarios Antonio Armejo Sánchez y Fernando Farah Giha adquirieron gran parte de las acreencias del club íntimo, lo que desencadenó la salida del principal ejecutivo de la institución victoriana.

Alianza Lima vive horas de profunda agitación institucional. El club de La Victoria, que apenas acaba de celebrar la conquista del Torneo Apertura 2026, enfrenta ahora una reestructuración significativa en su cúpula directiva como consecuencia de un movimiento accionario que redefine el mapa de poder en el interior de la institución. La primera baja ya tiene nombre: Fernando Cabada, hasta ahora gerente general del conjunto blanquiazul, ha presentado su renuncia al cargo.

El detonante: la recomposición de la Junta de Acreedores

El origen de este terremoto interno radica en la reciente operación financiera protagonizada por los empresarios Antonio Armejo Sánchez y Fernando Farah Giha, quienes adquirieron una parte significativa de las acreencias del club. Esta maniobra alteró de forma sustancial la composición de la Junta de Acreedores, el órgano que en el marco del proceso concursal de Alianza Lima concentra buena parte de las decisiones estratégicas de la institución.

La entrada de estos dos nuevos actores con peso económico relevante obliga, por su propia naturaleza, a una revisión de los cargos ejecutivos vigentes. En ese contexto, la posición de Cabada quedó expuesta desde el primer momento, y su salida era prácticamente un desenlace inevitable una vez confirmado el cambio en la estructura accionaria.

La renuncia de Cabada: sus propias palabras

Fernando Cabada no esperó a ser desplazado. A través de sus redes sociales, el directivo tomó la iniciativa y comunicó públicamente su decisión de poner el cargo a disposición. En su mensaje destacó los logros alcanzados durante su gestión al frente del área ejecutiva del club y subrayó su voluntad de colaborar en un proceso de cambio que, según indicó, debe desarrollarse con orden y transparencia.

"He tomado conocimiento de la reciente recomposición de la Junta de Acreedores. En atención a este hecho y con el propósito de facilitar una transición transparente y ordenada, estoy poniendo mi cargo a disposición. Expreso mi total disposición para contribuir a la continuidad de la gestión y al cumplimiento de los objetivos institucionales que venimos alcanzando, siempre priorizando los intereses del club", declaró Cabada en el comunicado.

El tono del mensaje refleja la voluntad del directivo saliente de no generar fricciones con los nuevos actores y de preservar la estabilidad del club en un momento delicado del calendario competitivo. La mención explícita a los "objetivos institucionales que venimos alcanzando" parece ser también un recordatorio del trabajo realizado, en particular la obtención del Apertura 2026, el título más reciente en la vitrina blanquiazul.

El contexto deportivo: un campeón en plena transición

El timing de esta crisis interna no puede ser más complicado desde el punto de vista deportivo. Alianza Lima acaba de proclamarse campeón del Torneo Apertura 2026 y, con el Torneo Clausura a punto de arrancar, el equipo dirigido por el técnico argentino Pablo Guede afronta una segunda mitad de temporada de enorme trascendencia.

El reglamento de la Liga 1 establece que si un mismo club se adjudica ambos torneos del año, el Apertura y el Clausura, se convierte automáticamente en campeón nacional sin necesidad de disputar una final adicional. Esta posibilidad convierte el Clausura en un objetivo de máxima prioridad para la hinchada y para el cuerpo técnico, aunque ahora el ruido institucional amenaza con distraer al grupo.

Guede tendrá que gestionar el vestuario con la misma concentración de siempre, blindando a sus jugadores de la incertidumbre que genera cualquier proceso de cambio en la dirección de un club. No es la primera vez que Alianza Lima afronta turbulencias en sus alrededores mientras compite por títulos, y la historia reciente del club demuestra que la plantilla ha sabido separar los planos en situaciones similares.

Más cambios en camino

La salida de Cabada difícilmente será la última en las próximas semanas. Cuando se produce una recomposición de esta envergadura en la cúpula accionaria de un club, lo habitual es que los nuevos inversores busquen alinear el organigrama ejecutivo con su propia visión de gestión. En ese sentido, es previsible que se anuncien nuevos nombramientos y, eventualmente, nuevas salidas en distintas áreas de la estructura del club.

Los perfiles de Armejo Sánchez y Farah Giha, y el grado de influencia que ejercerán sobre las decisiones deportivas y financieras de la institución, son incógnitas que el entorno aliancista deberá despejar con rapidez. La afición de La Victoria exigirá, como mínimo, que la reestructuración no comprometa la competitividad del plantel ni la continuidad del proyecto deportivo que ha empezado a dar sus primeros frutos.

Un club acostumbrado a las crisis internas

Alianza Lima arrastra desde hace años una historia de tensiones entre sus distintos grupos de poder. El proceso concursal que mantiene al club bajo la supervisión del INDECOPI ha sido escenario recurrente de disputas entre acreedores, y cada movimiento en ese tablero repercute directamente en la estabilidad de la gestión deportiva. La actual recomposición de la Junta de Acreedores es, en ese sentido, un capítulo más de una saga que los hinchas blanquiazules conocen bien.

Lo que sí resulta diferente en esta ocasión es el momento competitivo del club. Con un título recién conquistado y la posibilidad real de doblegarlo en el Clausura, Alianza Lima tiene demasiado en juego como para permitir que las disputas internas opaquen lo conseguido en el campo. La pelota sigue rodando, y el reloj del torneo no se detiene por ninguna junta accionaria.

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