Hamza Abdelkarim: el joven de 18 años que quiere ser el nuevo Salah de Egipto en el Mundial 2026
El delantero egipcio, cedido al Barcelona y el jugador más joven de su país en disputar un Mundial, afronta el mayor escenario del fútbol con una madurez que sorprende a propios y extraños.

Hay jugadores que llegan a un Mundial con años de experiencia y aun así se ven desbordados por la magnitud del evento. Hamza Abdelkarim, con tan solo 18 años, parece pertenecer a otra categoría. El delantero egipcio es uno de los 22 adolescentes que participan en el Mundial 2026 y ya carga con un hito histórico: es el jugador más joven que ha representado a Egipto en la historia de la Copa del Mundo. Su presencia en el torneo no es un capricho del seleccionador, sino la consecuencia lógica de una trayectoria que ha quemado etapas a una velocidad extraordinaria.
Un debut nacional que llegó antes de lo esperado
Abdelkarim no había vestido ni una sola vez la camiseta del primer equipo de Egipto cuando fue incluido en la lista preliminar del Mundial en mayo. Su debut con la selección absoluta llegó precisamente ese mes, en un partido de preparación ante Rusia, aunque de manera modesta: entró como sustituto en el minuto 86. Sin embargo, ese pequeño instante fue suficiente para que el cuerpo técnico confirmara lo que ya se veía en los entrenamientos: el chico tiene clase y, sobre todo, temple.
En el debut mundialista de Egipto ante Bélgica, el seleccionador Hossam Hassan lo mandó al campo en el minuto 76, sustituyendo nada menos que a Mohamed Salah. Egipto terminó empatando 1-1. Tras el pitido final, Abdelkarim no rehuyo los focos. Con una serenidad impropia de su edad, habló ante las cámaras en nombre del grupo: "Todo el equipo quería los tres puntos. Al final conseguimos uno, pero lo dimos todo. Tenemos que agradecer a los aficionados que vinieron; el ambiente fue increíble y ahora nos centramos en el siguiente partido."
El jugador más joven del Al Ahly y el salto al Barcelona
La precocidad de Abdelkarim no es nueva. Ya en su etapa en el Al Ahly, el club más laureado de África, se convirtió en el jugador más joven en debutar en el primer equipo, con apenas 17 años. Su rendimiento en El Cairo no tardó en llamar la atención de los grandes clubes europeos, y a comienzos de 2025 dio el salto al fútbol europeo: fue cedido al FC Barcelona, donde en marzo debutó con el Barça Juvenil. Según diversas informaciones, el traspaso definitivo estaba previsto para formalizarse en los próximos días. Para completar un ascenso meteórico, el jugador ha firmado recientemente un contrato de patrocinio con Nike, señal inequívoca de que las marcas también han reparado en su proyección.
Con una altura de 1,83 metros, Abdelkarim reúne condiciones físicas que no abundan entre los delanteros de su generación. Su envergadura le permite aguantar el balón en zonas de presión, pero también posee la velocidad y la técnica necesarias para asociarse con compañeros de mayor renombre. No es casual que algunos sectores del fútbol egipcio ya le señalen como el heredero natural de Mohamed Salah.
La sombra alargada de Salah y la nueva generación egipcia
La comparación con Salah es inevitable, aunque también puede convertirse en una losa. El astro del Liverpool tiene 34 años y sigue siendo el faro indiscutible de la selección: en la fase de clasificación para este Mundial anotó 9 goles y repartió 3 asistencias en 6 partidos, cifras que hablan por sí solas para un jugador que lleva más de una década dominando la Premier League y que ha ganado en cuatro ocasiones el Trofeo de Máximo Goleador del campeonato inglés. A su lado emerge Omar Marmoush, de 27 años y con ficha en el Manchester City, como otro de los pilares ofensivos del equipo.
El seleccionador Hossam Hassan es consciente de que el relevo generacional es un proceso que no admite improvisación, pero tampoco dilación. Sus palabras revelan una filosofía clara: "Lo que me importa es que los aficionados egipcios que nos ven ahora, y lo que el mundo entero quiere presenciar, es que el rendimiento de la selección nacional egipcia se gane un gran respeto. Deben ver que, junto a todas las estrellas como Omar y Salah, existe un fútbol colectivo que no depende de un solo jugador y que trabajamos de forma organizada y conjunta."
Esa apuesta por el colectivo, sin renunciar a la individualidad de sus grandes figuras, es precisamente el marco en el que Abdelkarim puede crecer sin la presión paralizante de ser el único referente.
El Grupo G y el reto ante Nueva Zelanda
Egipto afronta su segunda jornada del Grupo G en Vancouver ante Nueva Zelanda, rival que en su estreno igualó 2-2 con Irán. Ambas selecciones buscan su primera victoria en la historia del torneo, lo que convierte el choque en una final anticipada por el primer triunfo mundialista. Con los cuatro equipos del grupo igualados a puntos tras la primera jornada, cada partido tiene el valor de un encuentro eliminatorio.
Para Egipto, el partido ante los All Whites es una oportunidad de demostrar que el empate ante Bélgica no fue un resultado fortuito, sino la confirmación de un equipo competitivo. Y en ese escenario, el papel de Abdelkarim podría ir en aumento.
Una generación de talentos que deja huella en el torneo
El Mundial 2026 está siendo un escaparate privilegiado para los futbolistas más jóvenes del planeta. Entre los adolescentes más destacados del torneo figuran nombres de enorme proyección:
- Gilberto Mora (México): el jugador más joven del torneo, con 17 años.
- Lamine Yamal (España): 18 años y ya referente en el juego de la selección española.
- Ibrahim Mbaye (Senegal): 18 años, con gran proyección en el continente africano.
- Endrick (Brasil): 19 años, promesa del fútbol sudamericano con ficha en el Real Madrid.
- Hamza Abdelkarim (Egipto): 18 años, récord de juventud para los Faraones en un Mundial.
Lo que distingue a Abdelkarim de otros talentos de su edad no es únicamente su calidad técnica o su físico privilegiado. Es esa capacidad de mantener la calma cuando el foco del mundo se concentra en él. En una rueda de prensa mundialista, rodeado de periodistas de decenas de países, habló con la autoridad de un veterano. Esa madurez, forjada en el exigente ambiente del Al Ahly y pulida en los entrenamientos del Barcelona, es quizás su activo más valioso.
Egipto lleva décadas esperando un relevo a la altura de sus leyendas. La selección de los Faraones acumula siete títulos de la Copa Africana de Naciones, el récord absoluto del continente, y ha construido una identidad futbolística reconocible. Ahora, con Salah en el tramo final de su carrera, la afición egipcia necesita creer en el futuro. Hamza Abdelkarim, con su metro ochenta y tres y sus 18 años recién cumplidos, parece dispuesto a cargar con esa responsabilidad, sin prisa, pero sin pausa.
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