Liniers jugó casi 30 años con una cancha torcida y ahora la AFA le ordena corregirla o será clausurada
El club de la quinta categoría del fútbol argentino tiene hasta el 15 de diciembre para subsanar las irregularidades de su estadio, detectadas aparentemente a través de Google Maps.
Hay historias en el fútbol del ascenso argentino que merecen ser contadas. La del Club Atlético Liniers, con sede en San Justo, localidad pegada a la capital Buenos Aires, es una de ellas. Durante casi tres décadas, este equipo de la quinta categoría del fútbol argentino disputó sus partidos en una cancha con una irregularidad tan llamativa como inverosímil: una mitad de campo más chica que la otra, un arco desplazado de su posición reglamentaria y líneas perimetrales que no forman escuadra. Y nadie, hasta hace poco, hizo nada al respecto.
Una irregularidad histórica al descubierto
El estadio de La Topadora, inaugurado en 1987, acumula así casi 30 años de partidos disputados en condiciones que no se ajustan a las normas de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). La situación cambió de manera abrupta cuando las autoridades del organismo rector del fútbol nacional tomaron conocimiento formal de las anomalías. Según relató el propio presidente del club, Marcelo Gómez, la AFA habría detectado las irregularidades a través de imágenes satelitales de Google Maps, una herramienta de geolocalización de uso público que permite apreciar con claridad la geometría de los terrenos de juego.
"La cancha siempre funcionó sin problemas y jamás tuvimos un apercibimiento", afirmó Gómez. "Salió en la imagen satelital, fue por eso. Es una obra que somos conscientes que teníamos que hacer, pero no así de buenas a primeras, de un día para otro".
La AFA estableció un plazo máximo hasta el 15 de diciembre para que el club corrija todas las fallas estructurales del campo de juego. Si no cumple con ese requisito, el estadio será clausurado y Liniers no podrá seguir disputando sus partidos como local.
Las anomalías que todos conocían
Lo más sorprendente del caso no es la irregularidad en sí, sino el tiempo que lleva existiendo y el conocimiento generalizado que había sobre ella en los circuitos del fútbol amateur y del ascenso bonaerense. Maxi Castano, actual atacante del club, lo resumió con contundente naturalidad: "Siempre nuestra cancha fue conocida como la de los arcos torcidos. Nadie se enojó y los rivales nos hacían chistes, pero se sabía de lo anormal".
Especialistas en reglamentación y diseño de campos de fútbol señalan que una cancha en falsa escuadra y un área con dimensiones incorrectas no necesariamente benefician al equipo local en aspectos técnicos convencionales, pero sí generan una desorientación específica en los arqueros visitantes: al no tener una referencia visual correcta del arco, el portero pierde los puntos de apoyo habituales para ubicarse en el espacio.
El jugador que convirtió cinco goles olímpicos en esa cancha
Quien mejor supo explotar las particularidades del terreno fue Silvio Fuentes, ex enganche de Liniers de 32 años con una trayectoria que incluye haber compartido plantel con Carlos Tevez en las divisiones inferiores de Boca Juniors. Fuentes, actualmente sin club, reconoció sin rodeos que las condiciones del campo le favorecieron a la hora de ejecutar córners directos al arco, conocidos en el fútbol rioplatense como goles olímpicos.
"La cancha ayudaba, pero siempre después de los entrenamientos me quedaba pateando córners. Hice nueve goles olímpicos en toda mi carrera, y cinco con Liniers", reveló Fuentes. "No hay una técnica particular, había que pegarle bien cerrado".
La estadística resulta elocuente: más de la mitad de sus tantos de este tipo en toda su carrera los convirtió precisamente en esa cancha irregular. Un dato que, lejos de restarle mérito al jugador, ilustra cómo la geometría defectuosa del campo podía convertirse en una ventaja táctica silenciosa para quienes la conocían en profundidad y habían entrenado sobre ella durante años.
El impacto económico y deportivo para el club
Para un club de la quinta categoría del fútbol argentino, la exigencia de reformar íntegramente las dimensiones y el trazado de su estadio en un plazo reducido representa un desafío económico considerable. Las obras de renivelación, replanteo de líneas y reubicación de arcos implican costos que no están al alcance inmediato de instituciones con presupuestos modestos, completamente dependientes de cuotas sociales, rifas y colaboraciones de socios y dirigentes.
La presidencia de Liniers, con Marcelo Gómez a la cabeza, asumió públicamente que la reparación era una deuda pendiente del club, aunque cuestionó la inmediatez del plazo impuesto. La presión de una posible clausura, sin embargo, obliga a actuar con urgencia.
Un fenómeno que refleja la realidad del fútbol argentino profundo
El caso de Liniers no es, probablemente, el único de su tipo en el vasto mapa del fútbol no profesional argentino. Las categorías más bajas del fútbol bonaerense albergan decenas de clubes con infraestructuras que datan de décadas anteriores, construidas con recursos mínimos y mantenidas a pulmón por comisiones directivas voluntarias. Los controles reglamentarios, históricamente, han sido más estrictos en las categorías superiores.
Lo que convierte a este episodio en singular es la combinación de factores: la magnitud de la irregularidad, la extensión del tiempo en que se mantuvo sin corrección, la forma en que fue detectada a través de tecnología satelital de acceso público, y las anécdotas deportivas que generó. El estadio de La Topadora deja de ser una rareza pintoresca para convertirse, obligadamente, en un campo de juego que deberá ajustarse a las normas que rigen para todos.
Mientras tanto, Silvio Fuentes guarda en su memoria cinco goles olímpicos que, quizás, no habría convertido en ninguna otra cancha del país.
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