FIFA World Cup 2026Published 3 months ago 7 min read

Luis de la Fuente y el desafío de España: ratificar la grandeza en el Mundial 2026

El seleccionador español, campeón de Europa en 2024, busca llevar a la Roja a superar sus tropiezos mundialistas con un perfil bajo, un juego reconocible y una plantilla repleta de talento generacional.

La primera pregunta que merece hacerse sobre Luis de la Fuente es si ocupa el puesto más cómodo del fútbol mundial o, por el contrario, el más exigente. La respuesta admite las dos lecturas. Como seleccionador de España dispone de una caja de herramientas que cualquier técnico envidiaría: una identidad táctica construida durante décadas, grandes jugadores en cada línea y varios de ellos reconocidos como los mejores del mundo en sus respectivas posiciones. Sin embargo, paradójicamente, esa abundancia encierra también la mayor dificultad. ¿Qué puede aportar un entrenador a un equipo que, sobre el papel, ya lo tiene todo? ¿Cómo se gestionan los egos en una convocatoria cargada de figuras? Y, sobre todo, ¿cómo se soporta la presión de saber que cualquier resultado que no sea el título se interpretará como un fracaso?

Esa presión no es teórica. En los últimos tres Mundiales, España ha acumulado decepciones que contrastan brutalmente con su hegemonía entre 2008 y 2012: eliminada en fase de grupos en Brasil 2014, fulminada en octavos de final por Rusia en el torneo de Rusia 2018 y nuevamente derrotada en esa misma ronda por Marruecos en Qatar 2022. Tres torneos, tres fracasos para un equipo que, en Europa, ha demostrado repetidamente que sabe ganar cuando más importa.

Una racha histórica y un camino con escollos desde el inicio

Los números avalan, por ahora, la gestión de De la Fuente. España es la actual campeona de Europa tras arrasar en la Eurocopa 2024 con siete victorias en siete partidos, un pleno histórico que ninguna selección había logrado antes en el torneo continental. Desde la única derrota registrada, un amistoso ante Colombia en marzo de 2024 por 1-0, la Roja acumula 32 partidos sin conocer la derrota, una racha que la coloca entre las selecciones más consistentes del planeta.

El calendario del Mundial 2026 la sitúa en un grupo aparentemente asequible: Cabo Verde, Arabia Saudita y Uruguay. Sin embargo, el sorteo depara un posible cruce de altísimo voltaje en los dieciseisavos de final. Los dos primeros clasificados de ese grupo se medirán con los dos primeros del grupo de Argentina, lo que significa que un tropiezo de cualquiera de los candidatos podría provocar una eliminación prematura y escandalosa. El propio formato del torneo convierte las primeras rondas en una trampa para los grandes. Nadie, en cualquier caso, desea cruzarse con una España que, en palabras de sus propios rivales, funciona con la precisión de un mecanismo de relojería.

Una carrera construida en silencio

Para entender a De la Fuente como seleccionador hay que rastrear una trayectoria que transcurrió durante décadas lejos de los focos. Como futbolista, su mayor gloria llegó vistiendo la camiseta del Athletic Club de Bilbao, equipo del que es seguidor incondicional junto a su familia. Le tocó vivir una época dorada del club vasco: participó en el título de Liga de 1983 y al año siguiente en el histórico doblete de 1984, que incluyó campeonato liguero, Copa del Rey y Supercopa de España. Fue un lateral izquierdo cumplidor, disciplinado, sin destellos espectaculares pero con la solidez suficiente para formar parte de uno de los equipos más recordados de la historia del fútbol español. Pasó también por el Sevilla y otros clubes antes de colgar las botas en 1994, sin grandes titulares.

Su etapa como entrenador comenzó en 1997 en el modesto Portugalete, club de las categorías inferiores del fútbol vasco. Durante más de una década transitó por el ascenso y las divisiones formativas sin que nadie reparara demasiado en él. El salto que cambió su carrera llegó en 2011, cuando inició su vinculación con las categorías juveniles de la selección española. Desde ese puesto, casi anónimo para el gran público, fue construyendo el método y la filosofía que hoy aplica al primer equipo. Con las selecciones sub-19 y sub-21, De la Fuente conquistó varias Eurocopas juveniles, una siembra que ahora recoge en el equipo absoluto con muchos de aquellos mismos jugadores.

El vínculo con Scaloni y una forma compartida de entender el fútbol

Hay un dato que dice mucho sobre el perfil humano del seleccionador: Luis de la Fuente fue uno de los docentes de Lionel Scaloni cuando el actual técnico de Argentina realizó el curso de entrenador en España. De aquella etapa nació una amistad sólida que trascendió lo académico. En 2024, cuando ambos estaban a punto de proclamarse campeones continentales con sus respectivas selecciones, Scaloni fue explícito en su reconocimiento: "Luis nos ha dado una mano enorme a los chicos que hicimos el curso en Las Rosas. Me gusta cómo se maneja y cómo se brindan los jugadores por él". De la Fuente respondió con idéntica admiración, calificando al técnico argentino como "un verdadero maestro" que "ha demostrado una preparación y un dominio de su trabajo excepcional". Dos entrenadores con estilos de gestión similares, convencidos de que el grupo siempre está por encima de cualquier individualidad.

La elección de De la Fuente en 2022 para suceder a Luis Enrique guarda, de hecho, ciertas similitudes con la que realizó Argentina en 2004 al apostar por José Pekerman tras la salida de Marcelo Bielsa: despejar el ruido mediático y confiar la conducción a un hombre que conoce el fútbol en profundidad, con capacidad para gestionar vestuarios complejos y, sobre todo, con una sencillez personal que desactiva los conflictos antes de que estallen. La Federación Española, además, tenía muy fresco el episodio de Julen Lopetegui en 2018, despedido tres días antes del debut en el Mundial de Rusia por anunciar a destiempo su futuro contrato con el Real Madrid. Después de ese escándalo, la discreción de De la Fuente no era solo una virtud: era una garantía.

El debate del "9 clásico" y la respuesta didáctica de De la Fuente

Una de las críticas recurrentes hacia esta selección apunta a la ausencia de un delantero centro puro, ese perfil de ariete que algunos aficionados imaginan como solución mágica en los momentos de sequía goleadora. De la Fuente no ha esquivado el debate. Lo ha afrontado con la misma calma con la que gestiona cualquier cuestionamiento, dejando claro su criterio sin elevar el tono:

"Nosotros siempre jugamos con delanteros de diferentes características. Somos muy afortunados de contar en España con Mikel (Oyarzabal), Ferran (Torres), Borja (Iglesias), por nombrar solo a los que tenemos ahora con nosotros. Tenemos total y absoluta garantía en el plano goleador y además en el futbolístico", declaró el seleccionador.

Más allá de la respuesta concreta, lo relevante es la filosofía que subyace. De la Fuente ha trabajado para combatir uno de los riesgos más serios que acechaba al juego español: la tendencia a la intrascendencia, ese vicio en el que jugadores con enorme talento individual renuncian al desbordamiento por miedo a perder la pelota y optan sistemáticamente por el pase seguro. Para contrarrestar esa inercia, el técnico riojano ha priorizado perfiles con velocidad, capacidad de presión alta y disposición para atacar con profundidad, buscando hacer daño a los rivales en las transiciones y no solo con la posesión.

El único escalón que falta

España regala fútbol a quien quiera verla. Su juego asociativo, su presión organizada y la calidad individual de sus jugadores la convierten en un espectáculo que pocos equipos del mundo pueden igualar. Pero le falta un paso fundamental y siempre le ha resultado esquivo en la era reciente: trasladar todo ese potencial a un Mundial y llegar hasta el final. Las eliminaciones de 2014, 2018 y 2022 pesan como una losa sobre cada convocatoria, y el Mundial 2026 se presenta como la oportunidad de cerrar esa herida de una vez.

De la Fuente llega a esa cita con el respaldo de los resultados, la confianza de su plantilla y un modo de trabajar que antepone el colectivo al individuo. En un fútbol de alto nivel donde los egos y los intereses mediáticos pueden desestabilizar cualquier proyecto, la capacidad de un entrenador para acompañar sin imponerse, liderar sin hacer ruido y mantener la cohesión en un vestuario de estrellas es, quizás, la habilidad más difícil de encontrar y la más valiosa de todas.

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