FutbolPublished 4 months ago 6 min read

Matías Espíndola, el sobrino de Riquelme que crece en Deportivo Maldonado: "En correr soy mejor que él"

El mediocampista argentino de 22 años habla de su evolución en el fútbol uruguayo, su relación con el ídolo e presidente de Boca y el liderazgo de Deportivo Maldonado en la Tabla Anual del Campeonato Uruguayo 2026.

Hay apellidos que pesan, linajes futbolísticos que pueden ser tanto una bendición como una losa difícil de cargar. Matías Espíndola lleva uno de los más resonantes del fútbol sudamericano: es sobrino de Juan Román Riquelme, el ídolo histórico y actual presidente de Boca Juniors. Sin embargo, el mediocampista de 22 años está construyendo su propio camino, lejos de la sombra porteña, en las canchas del Campeonato Uruguayo, donde su club, Deportivo Maldonado, encabeza la Tabla Anual 2026.

En una extensa charla con el programa Minuto 1 de Carve Deportiva, Espíndola repasó su presente, su evolución como futbolista y la relación entrañable que mantiene con su tío, sin ocultar admiración pero tampoco sin renunciar a la honestidad con una pizca de humor.

Del lagunero al volante completo: la transformación en Uruguay

Espíndola llegó a Deportivo Maldonado en enero de 2025, proveniente de Tigre, el club argentino donde recorrió todas las categorías formativas hasta llegar a Primera División. La decisión de cruzar el Río de la Plata no fue casual, sino la búsqueda consciente de un salto cualitativo que en su club de origen ya no encontraba.

"Necesitaba salir de una comodidad en Tigre y salió la oportunidad en Deportivo Maldonado", reconoció el mediocampista, quien también precisó un detalle revelador sobre su situación contractual: "Mi ficha es casi 100% de Deportivo, le quedó un porcentaje a Tigre", una señal clara del compromiso institucional que el club uruguayo depositó en él desde el inicio.

La adaptación al fútbol rioplatense del lado uruguayo le dejó una huella táctica y física evidente. "El fútbol uruguayo me fue formando bastante", aseguró Espíndola. "Yo era más lagunero, con apariciones cada tanto, y hoy me puede hacer completo en el sentido de tratar de dominar más el juego durante todo el partido. Trato de ayudar siempre al equipo e ir para adelante".

El concepto de "lagunero" que usa el propio jugador es elocuente: describe a aquel mediocampista que aparece en destellos, que tiene momentos de influencia pero que no sostiene su protagonismo a lo largo de los noventa minutos. Uruguay, con su exigencia táctica y su cultura futbolística de intensidad constante, le habría corregido esa tendencia y lo estaría convirtiendo en un volante de mayor consistencia y presencia continua.

Di Noia, el DT que lo libera y lo orienta a la vez

Buena parte de esa evolución la atribuye Espíndola al trabajo de Gabi Di Noia, el entrenador de Deportivo Maldonado. La relación técnica que describe entre ambos refleja un equilibrio poco común en el fútbol moderno: la combinación de instrucción táctica con libertad creativa.

"Gabi trabaja mucho y me hace ver ciertos espacios, pero después me pide también que sea libre, que si yo veo otra cosa que no entrenamos para recibir solo que lo haga", explicó el mediocampista. "Me da algunos consejos para saber dónde pararme, pero también me deja ser libre".

Esa filosofía de trabajo parece estar dando resultados colectivos. Deportivo Maldonado no solo tiene a Espíndola en buen nivel individual, sino que el equipo en su conjunto lidera la Tabla Anual del Campeonato Uruguayo 2026, un indicador que mide la regularidad a lo largo del tiempo y que suele ser uno de los objetivos más serios dentro de la estructura competitiva del fútbol uruguayo, ya que incide directamente en clasificaciones a torneos internacionales.

Riquelme, el tío que no pierde la pelota ni en un fútbol cinco

Inevitablemente, cualquier conversación con Espíndola termina girando, al menos por unos minutos, hacia la figura de Juan Román Riquelme. El vínculo es directo y afectivo: "Es el hermano de mi mamá", explicó con naturalidad el futbolista, quitándole cualquier artificio a la relación.

La dinámica que describe con su tío es la de una familia real, sin protocolos ni distancias impuestas por la fama. "No me gusta molestarlo mucho, pero sé que si le mando un mensaje me contesta enseguida o si lo llamo está", reveló Espíndola. "Cuando voy a Argentina, trato de comer algo con él y la familia".

Más allá de los encuentros familiares, el joven mediocampista tuvo el privilegio de observar de cerca a uno de los jugadores más influyentes en la historia del fútbol argentino y sudamericano. Las imágenes que guarda son de una precisión técnica casi sobrenatural, incluso en contextos informales.

"Tuve la suerte de verlo jugar de cerca, en la cancha de Boca o mismo en un baby, en un fútbol cinco. Verlo ahí y que no perdiera la pelota, frenar la pelota súper bien, son cosas que te quedan", recordó con evidente admiración. Ver a Riquelme dominar un fútbol cinco con la misma elegancia con la que lo hacía en la Bombonera es, posiblemente, una de las postales más nítidas que puede tener un jugador en formación.

"En correr, lo único": la comparación con humor y honestidad

Cuando los conductores del programa le plantearon la pregunta inevitable, si existía algún aspecto en el que considerara superaba a su tío, Espíndola respondió entre risas con una sinceridad que desarmó cualquier pretensión:

"En correr, lo único; imposible que haga algo mejor que él".

La respuesta, divertida en la forma pero profunda en el fondo, resume perfectamente la percepción que tiene el propio Espíndola sobre la magnitud de Riquelme como futbolista. No es falsa modestia, sino el reconocimiento genuino de alguien que lo vio de cerca, que sabe de lo que habla.

Y la cosa no quedó ahí. También se animó a zanjar el debate generacional que divide a hinchas en toda América: "¿Riquelme o Messi? Román, toda la vida". Una declaración de amor filial, pero también de convicción futbolística.

Un perfil en construcción con proyección real

Matías Espíndola tiene 22 años, plena edad de desarrollo para un mediocampista, y acumula características que lo hacen un jugador interesante: visión de juego heredada genéticamente o aprendida de cerca, una mejora táctica evidente gracias al fútbol uruguayo, y la madurez de quien tomó una decisión valiente al abandonar la comodidad de su club formador para buscar protagonismo en el exterior.

Su situación en Deportivo Maldonado, con una ficha casi íntegramente en poder del club, sugiere que la institución apuesta fuerte por él a mediano plazo. Si el equipo sostiene el liderazgo en la Tabla Anual y Espíndola sigue creciendo como él mismo describe, es probable que su nombre empiece a sonar más allá de las fronteras uruguayas.

Por ahora, el sobrino de Riquelme avanza a su ritmo, construyendo identidad propia en una liga que, según sus propias palabras, lo está formando como futbolista completo. Y si algo le falta todavía para parecerse a su tío, al menos en una cosa ya le lleva ventaja: en correr.

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