Como un espejo me ayudó a sembrar


Estando por ahí en mis años 20, escuchando la frase favorita del que nació en la época de la revolución industrial "un trabajo estable te facilitará toda la vida y te asegura una jubilación" y feliz por haberlo logrado tan rápido me dediqué a hacer las cosas que quería hacer: mini cursos, mini viajes, salir con amigos, en fin, eso que se hace en los 20.

Empecé a querer mejores cosas, mejores cursos, mejores viajes y me di cuenta de que ese trabajo no me iba a facilitar la vida que buscaba así que hice lo mas obvio para mi en ese momento: mandar curriculums a diestra y siniestra buscando un empleo que me permitiera aprender varios oficios y ganar metálico en el intento.

Por supuesto, mi primera compra fueron unos audifonos para no escuchar a la familia y amigos explicándome las razones por las que me equivocaba y al tiempo aprender con audiolibros de lo que estuviera a la mano; así llegué a donde dije que nunca iría: las ventas.

Ese tenebroso monstruo que te hace estar frente a la gente que no quiere comprar y cree que le quieres obligar y como en mi caso, provocar pequeños ataques de pánico después de cortar... pero ahí me quedé, desayunando pánico todas las mañanas y practicando frente al espejo, hasta que 6 meses después y ya sin pulmón económico logré mi primera venta grande. Ahí me animé: ¡voy a vender! pues, pasé casi 8 meses hasta volver a vender algo bueno, así que ¡vamos! esto no es lo mío. Y con esa idea me autoflagelé emocionalmente hasta que el bolsillo me dejó.

Varios trabajos muy aburridos después, decidí que si igual estaría con la cartera rota, lo mejor sería ir aprendiendo a vender en pequeño y darme emoción con mi espejito para la próxima vez. Así que, aquí estoy, gastando en cursos grandes y planeando viajes mas grandes. Gracias Espejito.

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