Soy mujer, 24 años, universitaria, enferma crónica  perteneciente a la malograda clase media chilena. Frente a este título y esta descripción lo que me empelota podría ser cualquier cosa, pero existe una condición suprema e irreversible: soy mujer.

Soy mujer en una cultura llena de micro machismos, donde se normaliza la violencia, en una sociedad en la cual los centros en los que se forman los futuros profesionales los profesores celebran la misoginia. Antes de aprender a  leer o a multiplicar correctamente ya había sido abusada sexualmente, a los 11 años hombres que podrían ser mis abuelos me gritaban obscenidades en la calle, a los 12 un estudiante mayor me tocó en un semáforo,  en mi adolescencia fui maltratada psicológicamente, uno de mis novios me llamaba 42 veces diarias,  a los 21 un compañero intento forzarme a tener relaciones luego de una fiesta universitaria al día siguiente desperté con marcas en mis muñecas y cuello producto del forcejeo.

Conversando con cercanas en un grupo de 8 amigas 5 habíamos sido abusadas cuando niñas.

Cada día en la universidad tengo que enfrentar profesores  realizando comentarios inapropiados, si me equivoco soy reprendida más duramente que mis pares varones, al salir al mundo laboral tendré un salario menor y tendré menos oportunidades de ser contratada porque el útero es una bomba de tiempo tanto para mi futuro empleador como para las isapres.

No mencionaré números, ni porcentajes, solo te cuento mi historia, la historia de una joven cualquiera que camina por la calle o que sonríe en el metro, pero cuya historia se repite a lo largo del mundo, esta historia es transversal a países continentes y clases sociales.

En el último tiempo agrupaciones de mujeres han sido ridiculizadas, sus problemáticas han sido menospreciadas, pero esto lejos de empelotarme me alegra, quiere decir que les asusta, los amenaza. Frente a cada burla  y cada agresión hay que responder con más unión.

Si el universo nos da la fuerza para parir y traer nueva vida a este mundo estoy segura que juntas podemos parir ideas nuevas,  respeto y finalmente igualdad.

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