Los de escorpio no creemos en los horóscopos


Nosotros ya perdimos la costumbre y no sabemos distinguir la Cruz del Sur de la Osa Mayor. Pero para nuestros ancestros que vivían de la caza, de la pesca y de recolectar frutos, mirar el cielo era una cuestión de vida o muerte. Para facilitar la tarea agruparon las estrellas en formas imaginarias que hoy llamamos constelaciones. 

De a poco se fueron dando cuenta que cuando la constelación tal estaba más alta o más baja en el cielo, empezaba a bajar la temperatura, las hojas de los árboles empezaban a caer y todo eso anunciaba inequívocamente la llegada del invierno. Asi, estos genios (porque deben haber sido genios para sobrevivir con casi nada) descubrieron que los ciclos se repetían más o menos cada cierto tiempo que hoy llamamos "año". Y que dentro de ese tiempo había tres etapas bien diferentes: una de frío, hambre y muerte, otra de explosión de vida y otra de calor intenso. Hoy las llamamos "estaciones" y le agregamos una cuarta, el otoño.

El asunto se tornó aún más importante cuando los descendientes de esos cazadores y recolectores inventaron la agricultura. No era lo mismo sembrar cuando la estrella Sirio estaba más allá que cuando estaba más acá. Hubo que medir el año con más precisión y así se inventaron los periodos más cortos que una estación, períodos que hoy conocemos como "meses".

Esto ya no era tan sencillo como predecir la llegada del invierno. Correlacionar lo que pasaba en el cielo con lo que ocurría en la Tierra pasó a ser asunto de profesionales, de gente que se dedicaba exclusivamente a esa tarea. En general fueron sacerdotes los que se dedicaron al tema, transformándose así al mismo tiempo en los primeros astrólogos y los primeros meteorólogos.

El paso siguiente era inevitable: si lo que ocurre en el cielo preanuncia lo que va a ocurrir con las plantas, los animales y el clima, ¿por qué no iba a preanunciar lo que iba a ocurrir con las personas? Así que más o menos hace 5000 años los sacerdotes de Sumeria -más o menos la región que hoy llamamos Iraq- comenzaron a llevar un cuidadoso registro de cómo lucía el cielo cuando en la tierra a las personas importantes les ocurrían cosas importantes. Suponían que cada vez que se repitieran las conjunciones celestiales ocurrirían más o menos las mismas cosas entre la gente. Quedaba así inventado el horóscopo.

En teoría la idea era buena, pero tiene varios "peros". El primer "pero" es que si uno se fija sólo en las estrellas, los acontecimientos astronómicos se repiten con matemática regularidad. Es decir que si un tipo había nacido -usando la terminología de hoy- el 10 de enero, y de grande había conquistado Babilonia, eso significaba que todos los nacidos un 10 de enero iban a conquistar algo grande. Y la realidad mostraba que no siempre -en realidad casi nunca- las cosas se daban así.

Otro "pero" es que en el cielo no sólo hay estrellas, cuyos movimientos son relativamente fáciles de predecir después de haberlas observado unos años. En el cielo se ven planetas, cuyos movimientos son complejos y para los conocimientos de la época, impredecibles. Para complicar las cosas hay otros cuerpos cuya aparición y movimientos son aún más complicados: los cometas.

Entonces, si un guerrero persa nacido el 10 de enero había conquistado Babilonia, era no sólo porque las estrellas estaban alineadas así o asá, sino porque además Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno -los planetas que se pueden ver sin telescopio- estaban ordenados de una manera que no se iba a repetir en siglos. Eso explicaba por qué no todos los nacidos el 10 de enero conquistaban Babilonia.

El tercer "pero" era más bien social y económico. Los hacedores de horóscopos cobraban por su trabajo, y eso los predisponía a ser benévolos con quienes les pagaban. Por eso trataban de relativizar los malos augurios y de exagerar los buenos. Ni hablar si el que contrataba sus servicios era un rey o un emperador. Darle malas noticias a un rey o un emperador podía significar perder la cabeza. En tales casos más que nunca los horoscoperos eran cuidadosos a la hora de dar malas noticias. Entonces disfrazaban sus predicciones bajo palabras oscuras y ambiguas.

El caso más famoso de predicción ambigua para no quedar mal es el de Creso, rey de Lidia, y la pitonisa de Delfos. Lidia estaba ubicada más o menos en lo que hoy es Turquía, y allá por el siglo VI AdC era un reino próspero. Su rey Creso era ambicioso y tenía planes de expandir sus territorios. Pero antes de iniciar una guerra de conquista contra Persia consultó al oráculo más famoso, el de Delfos en Grecia. Allí la sacerdotisa -llamada pitonisa porque parece que tenía de mascota una de esas simpáticas serpientes- trató de decirle que no le iba a ir bien. Pero como no se animó a decirlo en forma directa -Creso trajo generosos regalos para el templo, difíciles de rechazar- se lo dijo en forma ambigua: "Si Creso ataca Persia un gran reino caerá". Claro, no le aclaró que el reino que iba a caer era el suyo propio.

El sucio truco de la pitonisa ha sido usado hasta el hartazgo. Para muestra basta un botón, lean este horóscopo para hoy: "No hay que olvidarse del pasado, solo tome distancia de aquellas situaciones o momentos que le quitan su buen ánimo.". Por empezar no es una predicción sino apenas un consejo. Y es tan amplio que termina por decir nada. Puede referirse a una exnovia que nos puso los cuernos, o a un compañero de colegio que era medio pesado, lo mismo da.

Aquellos sacerdotes sumerios dieron origen a profesiones más o menos honorables, como la meteorología. Pero el estudio del cielo y su capacidad para predecir el destino de las personas fueron cayendo en el descrédito. Tanto que la gente que se dedicó a estudiar los astros -sin meterse con el futuro humano- cambiaron su nombre y ya no son más "astrólogos". Hoy se hacen llamar astrónomos.

Basado en estos hechos me permito hacer una predicción: por más que cada tanto aparezcan artículos como éste, millones de personas seguirán tratando de husmear el futuro en los horóscopos. Los hacedores de horóscopos tienen su sustento asegurado ya que en el peor de los casos, cuando estas personas se desilusionen de la astrología tradicional probarán con otras: china, azteca, maya, celta... todos basados en la misma idea.

Pero hay tantos que no alcanza una vida para decepcionarse de todos.

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