La obligación de dar

Los chicos no piden en vano. Saben que se les dará. Los padres hicieron un guiño habilitando esa posibilidad de pedir sin reservas y con exigencias.

Son las propias conductas de los padres las que facilita a los niños la acción de pedir.

Hoy día vemos que niños de preescolar y de la primaria festejan el egreso de la escuela cuando aún no han ingresado a los temas de la vida.

El verdadero egreso que merece festejo es la adultez bien vivida, aquella en la que se ha aprendido que en la vida se gana y se pierde, que hay límites, que la frustración existe y además enseña, porque obliga a desarrollar recursos y a buscar caminos.

Es aquella adultez en la que se sabe que hay una relación entre esfuerzo y logro, entre proceso y resultado, y que no todo es querer y tener.

Esa forma de pensamiento conlleva a formar adultos con poca tolerancia a la frustración, con límites difusos y depresiones por no alcanzar las metas en un corto plazo, el querer ahora y no saber postergar los deseos  es producto de la educación que estos adultos cuando fueron niños recibieron. El aquí y ahora es lo natural y hay que conseguirlo cueste lo que cueste y a costa de quien sea.

Estos  padres no aprendieron a postergar, son los padres del consumismo y del derecho por sí solo, y si  no lo aprendieron no podrán transmitírselo a sus hijos por lo tanto la vida será la encargada de que éstos niños cuando sean adultos aprendan a la fuerza y sin contemplaciones a que no todo es querer, recibir y tener.

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