Que vuelvan l@s Lent@s

Tengo 19 años y me visto en la obligación de entrar al maravilloso mundo de Tinder, sí, he tenido que entrar a ese mundo de perfiles falsos y descripciones estúpidas. He tenido que entrar para entender lo maravilloso que es la vida real y las relaciones interpersonales porque después de estar un fin de semana revisando perfiles de todo tipo hasta una fiesta con mi tía en tercer grado por parte de la hermana de mi vecina suena como un panorama maravilloso.

En ese fantástico  paseo por el ciberespacio de las citas exprés he encontrado de todo, desde personas normales y con gustos similares, hasta hombres que buscan jovencitas para adiestrarlas de una manera ruda y sexual con su esposa.

Sinceramente llega a dar miedo la cantidad de información que llegas a tener en una aplicación para conocer personas, es como si te saltaras los típicos pasos de preguntar pendejadas como la edad, el cumpleaños, el color favorito, la comida, favorita, que música le gusta y toda esa sarta de cosas que se nos olvidaba a los 5 minutos de conversación pero que teníamos la intención de fingir que nos importaba, ahora la gente ha dejado de fingir que le importan las cosas o simplemente le han dejado de importar esas cosas que considerábamos esenciales.

Porque para mí, a mis cortos 19 años, se me hace primordial saber cuál es la comida favorita de una persona que tiene potencial de ser mi pareja porque no quiero invitarlo a comer y que justo sea algo que no le gusta, quiero llegar a su estómago primero antes que a sus pantalones. No siempre, pero a veces se me sale lo Samantha de Encantada y me encantaría esperar a mi pareja con comida para que luego me cocine en la cama.

Aunque sinceramente lo que extraño no son las preguntas pendejas, sino esos maravillosos momentos en los que dos personas se conectaban (no hablo de conectarse al whatsapp) y se miraban y quedaban embobados ante el otro mientras que todo olía a pinches rosas, esos momentos de nerviosismo junto a esa sensación de mariposas ebrias en el estómago antes de un beso.

Quiero que vuelvan esas sensaciones que hemos perdido ante el internet y las citas exprés, esas maravillosos errores que cometíamos al hablar con una persona por primera vez, decir lo que se te cruza por la mente en vez de  quedarte pensando 5 minutos que decir para sonar interesante y salir con un pinche Nobel en literatura por dártela de Neruda vía Whatsapp.

Sé que tengo solo 19 años, que nací en esta época de conexiones rápidas pero viví, aunque sea un momento y cuando era muy pequeña, esas relaciones verdaderas que nos entregaba la vida, esos maravillosos errores adolecentes que todos cometíamos ante la persona que nos gustaba, cuando no pretendíamos ser perfectos.

Y si todas esas cosas bellas no llaman la atención, porque no a todos le gusta esa época que parece tan lejana y no fue hace más de 10 años, les digo a los que le gusta la velocidad de las citas exprés y las redes sociales para ligar que están perdiendo la maravillosa capacidad de reconocer a un pendejo a primera vista.

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