Grupos armados siguen controlando metales para electrónica

Grupos armados siguen controlando la producción de metales empleados en electrónica en el este de Congo

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Grupos armados siguen controlando metales para electrónica

Violentos hombres armados siguen amenazando a mineros poco tecnificados en el este de Congo, según un nuevo informe, pese a años de esfuerzos locales para reducir su control por parte de las autoridades locales, activistas occidentales y compañías como Apple o Intel que utilizan minerales de la región africana en sus productos.

Los mineros que trabajan en metales que luego se procesan en estaño, tungsteno y tantalio para celulares y otros productos de electrónica han mejorado sus condiciones, aunque algunos siguen enfrentando interferencias de grupos armados. Pero el descenso en la demanda y el declive de los precios de esos minerales han llevado a muchos trabajadores a buscar oro en su lugar, empleado en productos de consumo como electrónicos y joyería que venden empresas occidentales.

En las áreas donde trabajan casi dos tercios de los mineros de oro de Congo, los grupos armados retienen su capacidad de influencia. Allí, bajo la amenaza de violencia, a menudo se obliga a los mineros a pagar "impuestos" oficiales que financian unidades corruptas del ejército, grupos rebeldes o milicias irregulares. A veces sufren reclutamientos o trabajos forzosos.

Estos son los hallazgos de una extensa investigación de campo del Servicio Internacional de Información de la Paz, una organización belga sin fines de lucro cuyos reportes suelen citar grupos activistas y asesores de legisladores europeos y occidentales. El grupo (IPIS, por sus siglas en inglés) presentó su nuevo informe el martes.

El detallado reporte refuerza observaciones recientes de activistas.

"Las cosas están cambiando despacio pero sin dudar", dijo Holly Dranginis, analista de política en el Enough Project, un grupo activista con sede en Estados Unidos. "Pero grupos armados siguen beneficiándose del oro y siembran el caos en comunidades cercanas a las minas".

REINO DE VIOLENCIA

Los investigadores de IPIS colaboraron con representantes de la industria y el gobierno para inspeccionar más de 1.600 puntos de extracción en Congo en los últimos cuatro años. Allí trabajan como mineros artesanales o independientes casi 240.000 personas, en su mayoría hombres, a menudo con familias que mantener.

Durante décadas, un mosaico de rebeldes armados, pandillas locales y unidades corruptas del ejército han dominado zonas del este de Congo, donde mucha gente vive en la pobreza pese a la riqueza de recursos minerales. Estos grupos armados son conocidos por aterrorizar a la población local con pillaje, trabajos forzosos y agresiones sexuales contra mujeres y niñas.

En los últimos años, activistas occidentales han presionado a las corporaciones para que dejen de utilizar minerales de zonas en conflicto controladas por grupos armados, que se benefician de las ventas de esos metales.

Estos materiales se emplean en muchos productos, pero los activistas se han centrado especialmente en los fabricantes de smartphones, computadoras y otros componentes electrónicos porque utilizan gran cantidad de tantalio y estaño, junto con menores cantidades de tungsteno y oro en varios componentes.

MÁS INFORMACIN

Además, grupos humanitarios convencieron al Congreso de Estados Unidos de que abordara el asunto en su ley de reforma financiera de 2010. Un apartado de la ley ordena a las corporaciones presentar informes anuales indicando qué han hecho para determinar si utilizan estaño, tungsteno, tantalio u oro de Congo o los países vecinos.

Aunque han pasado tres años desde que ese requisito entró en vigor, la mayoría de las empresas dice que no puede rastrear el origen de todos los minerales que utilizan, ya que los metales suelen pasar por complejas cadenas de suministro que incluyen minas, mayoristas regionales, refinerías y fabricantes independientes de piezas.

Algunas firmas, en particular fabricantes de electrónica, dan más información cada año, según el investigador Chris Bayer, que revisó los informes para el grupo sin fines de lucro Development International. Sin embargo, casi dos tercios de las 981 empresas de todos los sectores que presentaron reportes sobre minerales de conflictos no identificaron el país de origen de todos los minerales que utilizaron y que están incluidos en la ley.

Aun así, activistas y académicos señalan que el requisito ha hecho que las empresas revisen sus cadenas de suministro y fomentan las auditorías que presionan a los proveedores para que dejen de comprar de fuentes ilegales. Las auditorías y un sistema de seguimiento desarrollado por la industria y el gobierno congoleño pretenden certificar los materiales procedentes de minas sin interferencia de grupos armados.

EFECTOS EN SILICON VALLEY

Intel, de Silicon Valley, es una de las pocas empresas que afirma que sus microprocesadores y lotes de chips están libres de conflicto, citando auditorías sobre las fundiciones en su cadena de suministro. Pero Intel señala que no puede estar segura sobre otros productos que vende con piezas fabricadas por terceros.

Apple, que también exige auditorías a sus fundiciones, dice no tener indicios de que ninguno de sus productos lleve minerales que beneficien a grupos armados. Pero si bien Apple da más información que la mayoría de las compañías, no declara a sus productos como "libres de conflicto" y señala que esas auditorías podrían no bastar. Apple también hace su propia investigación, centrándose especialmente en el oro porque es más propenso al contrabando y a la supervisión laxa.

Los activistas no quieren que las compañías estadounidenses dejen sin más de utilizar minerales congoleños porque eso perjudicaría a los mineros y sus familias. Sin embargo, algunos mayoristas han buscado fuentes alternativas. Y aunque el número de mineros artesanales en Congo sigue estable, IPIS estima que en torno al 80%, o 193.000 personas, busca oro. Producen unas 12 toneladas de oro al año, que valen unos 437 millones de dólares cuando se venden en mercados locales.

El 64% de los mineros de oro trabajan en lugares controlados por grupos armados, según IPIS, un leve declive desde el 67% en 2010.

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