Hace días he empezado a notar que el Facebook es una invitación al eterno retorno. El pasado se nos convierte en el tema del día a día, los amoresse niegan a morir, se quedan allí, con su luz verde encendida esperando que como una droga le vuelvas a escribir para consumírtela sin pedir permiso.

Antes correr a toda velocidad era mucho más sencillo, encontrarse por la calle o por el centro comercial era uno de esos eventos imposibles. Estamos jodidos, ahora el pasado se acumula en la red como un espíritu que se posa sobre las cabezas de los usuarios para dejarlos amarrados a sus camas en plena madrugada, somos la generación de la nostalgia, la generación del recuerdo.

No importa que el recuerdo se encuentre en Buenos Aires, Santiago, Madrid, Oaxaca o en el confín del mundo, todos estamos cerca cuando iniciamos sesión en el extraño mundo azul del Facebook. El inventor de esta página nos ha condenado a ser victimas del pasado, y por si fuera poco tiene una nueva aplicación que se llama "Tus recuerdos" , donde renueva  tus recuerdos todos los días, dejando a sus usuarios congelados hasta las doce para ver que fantasma  nuevo se trae a colación.

Es cierto que algunas veces se cometen crímenes cibernéticos, alguien decide bloquear a otra persona y que no aparezca nunca más, matar la memoria de la red, y desaparecer. La gente se ofende como si le dispararandirectamente al rostro.  Es una decisión de valentía, quedarse a solas sin la imagen del ayer, "sin el yesterday". Tal vez esa muerte sea la única que realmente empiece a dejar libre a los usuarios de sus perseguidores.

¿Dónde realmente se vive?  Es la pregunta que me acompaña cuando por las avenidas tránsito por rostros hipnotizados en sus antiguas memoria. Dónde estará el ser humano salvaje de las cavernas, aquel que solía vivir al límite, que hacía lo necesario para vivenciar el hoy. Creo con certeza que ya no nos hacen como antes.

Hoy estoy aquí escribiendo esto, una crítica al famoso Facebook, que reconstruye mi pasado sin pedir permiso, pero también veo los rostros de antiguos amores y de amantes que nunca me quisieron. Me pregunto con certeza cuándo las dejaré atrás, para darme el permiso de vivir, de avanzar. Veo sus imágenes, sus amigos, sus nuevas vidas mientras el dedo me tiembla frente al botón que dice "Eliminar". Poder decir adiós...poder decir... poder decir adiós.

Cierro sesión seguro que alguien me expía, así como yo expío a otros. Algo o alguien archiva nuestros recuerdos, los estudia y los publica según su criterio.Yo me retiro del computador, sin embargo mi imagen seguirá divagando en el Facebook incluso después de mí, cuando no exista seré un recuerdo eterno de otros,  un fantasma más.Eso es el Facebook un criador de fantasmas, de perseguidores, de torturadores con la única misión de dejarnos detenidos por siempre en el tiempo.

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