Realeza europea participa en funeral de rey rumano

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Realeza europea participa en funeral de rey rumano
Soldados de la guardia de honor llevan el féretro del rey Miguel I de Rumania en el funeral real en las afueras del antiguo palacio real en Bucarest, el sábado, 16 de diciembre del 2017. (AP Foto/Vadim Ghirda)

BUCAREST (AP) Decenas de miles de rumanos se sumaron a la realeza europea para rendir homenaje al difunto rey Miguel I, que fue recordado por su dignidad y moralidad, en su funeral de estado el sábado.

El monarca, que gobernó Rumania dos veces antes de ser forzado a abdicar por los comunistas en 1947, falleció en Suiza el 5 de diciembre a los 96 años.

El príncipe Carlos de Gran Bretaña, los reyes Carlos Gustavo y Silvia, de Suecia; y el ex rey de España Juan Carlos y la ex reina Sofía, estaban entre los presentes en el servicio pre funeral en el Palacio Real, donde el cuerpo del monarca había estado yaciendo en los últimos dos días. El rey sueco saludo cuando el cuerpo de Miguel era colocado en un estrado.

Además de la realeza europea, estaba presente la princesa Muna al-Hussein, madre del rey Abdulá II de Jordania.

Enrique, Gran Duque de Luxemburgo, la princesa Astrid y el príncipe Lorenzo de Bélgica, se sumaron al presidente rumano Klaus Iohannis en una canción fúnebre, conducida por el patriarca Daniel, jefe de la Iglesia Ortodoxa de Rumania.

Obispos quemaron incienso en la pequeña catedral en la que Miguel fue coronado por segunda vez el 6 de septiembre de 1940. Miguel, que era tataranieto de la reina Victoria, fue coronado por primera vez a los 5 años de edad cuando su padre, Carol II, huyó con su amante y abdicó.

Una procesión con el féretro cruzó la capital rumana hasta una estación de trenes, donde, acompañado por una falange de sacerdotes, el ataúd fue colocado en un tren real, que se dirigió a la ciudad central de Curtea de Arges para ser sepultado junto a su esposa Ana de Borbón-Parma, fallecida el año pasado.

En las horas antes de que el cuerpo del rey fue sacado del palacio, los rumanos se congregaron en silencio, muchos llorando, en la Plaza de la Revolución. Las campanas de las iglesias repicaron en todo el país y un coro de sacerdotes cantó mientras el ataúd era colocado en un estrado en la plaza.

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