La larga pandemia obliga a replantear los hitos vitales

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La larga pandemia obliga a replantear los hitos vitales
En esta imagen combinada, Elizabeth Cole aparece con su vestido de novia junto a su perra Holly en su casa de Lake Geneva, Wisconsin, el 26 de mayo de 2020, a la izquierda, y Cole con el mismo vestido con su perro McGee el día de su boda, el 26 de mayo de 2001. Para celebrar su aniversario, Cole sorprendió a su marido poniéndose su traje de novia, recreando el menú de su banquete de boda y con uno de sus cuatro hijos encargado de la música. El sacerdote que los casó ofreció una bendición en Zoom que pudieron seguir familiares y amigos. (Elizabeth Cole, a la izquierda, y and Jessica Tampas Photography via AP)

Para Elizabeth O'Connor Cole y su esposo, Michael, los aniversarios de boda solían implicar una reserva de cena para dos en un buen restaurante. Pero esta vez no.

El pasado mayo, en plena pandemia, esta vecina de Chicago sacó de su caja el vestido de novia que llevó 19 años antes, se lo puso con ayuda de una de sus cuatro hijos y sorprendió a su marido.

Cole recreó el menú de su banquete -un aperitivo de langostinos y solomillo de ternera- y sacó la vajilla y la plata que recibieron en su boda, tras reclutar a otro de sus hijos para que pusiera la canción con la que abrieron su primer baile casados, “At Last”, para un baile romántico en el salón. El sacerdote que les casó ofreció una bendición especial que amigos y familiares pudieron seguir por Zoom.

La celebración, dijo O'Connor Cole, fue “espontánea y un poco caótica (...) Aun así, fue probablemente el aniversario más significativo y divertido que hemos tenido”.

La pandemia está entrando en su segundo año y hay una añoranza acumulada por el pasado reciente, especialmente en lo referente a hitos vitales. Cuando se resuelva por fin la crisis, ¿aguantarán nuestras nuevas formas de celebrar nacimientos y muertes, bodas y aniversarios? ¿O los sentimientos nacidos en la pandemia serán fugaces?

Algunos predicen que sus celebraciones de pandemia han trazado un nuevo rumbo para el futuro. Otros siguen llorando la pérdida de sus tradiciones.

Los hitos, rituales y tradiciones ayudan a marcar el ritmo de nuestras vidas, desde las fechas anuales como cumpleaños y aniversarios a ocasiones únicas como nacimientos y muertes, sin olvidar eventos más informales como el inicio de las temporadas deportivas, la salida al bar con compañeros de trabajo o el primer baño del verano.

Jennifer Talarico, profesora de psicología del Lafayette College en Pensilvania, que estudia la memoria y la experiencia personal, dijo que algunos eventos marcan diferencias en la vida de la gente, y se han visto transformados por la pandemia. Quizá el impacto más devastador, señaló, ha sido sobre la muerte y la agonía, la posibilidad de sentarse junto a la cama para consolar al que muere o de asistir a funerales mientras el coronavirus mataba a más de 2,3 millones de personas en todo el mundo.

“Eso está siendo el golpe más grande, porque es lo más difícil de reemplazar”, dijo Talarico. “Probablemente es lo que va a tener un impacto más duradero”.

Renee Fry conoce bien la sensación. Su abuela, Regina Connelly, murió el 6 de diciembre de COVID-19 en su residencia de Hollidaysburg, Pensilvania. Acababa de cumplir 98 años. Nadie lo dejó todo para estar junto a su cama. No hubo una gran celebración de su vida en la iglesia seguida de una cena para todos.

“Tuvimos que quedarnos con la videoconferencia”, dijo Fry.

También hicieron algo más. Ella y su hermana, Julie Fry, hicieron un libreto de recuerdos que compartieron con amigos y familiares lejanos. Incluyeron la oración preferida de Regina, el Ave María, y pidieron a sus seres queridos que la recitaran en su nombre. Llenaron páginas con fotos de distintas épocas, dese un retrato de Regina de joven con un bonito vestido rojo (con pintalabios rojo a juego, un colgante dorado en el cuello) a imágenes más informales con sus nietos.

Las hermanas -Renee en Quincy, Massachusetts, y Julie en Port Matilda, Pensilvania- escribieron la historia de cómo conoció Regina a su marido en una cita a ciegas, hasta la muerte de su esposo en 2010 tras 64 años de matrimonio. Escribieron cómo había pasado la mayoría de sus años de adolescente cuidando a sus hermanos tras la repentina muerte de su madre cuando ella tenía 13 años. Incluyeron un rosario en cada uno de los 32 libretos que enviaron por correo.

A juzgar por la respuesta -una prima segunda llamó para dar las gracias, y una cuidadora de Regina envió una carta de dos páginas para agradecerlo-, el obsequio tuvo impacto. “Fue increíblemente significativo”, dijo Renee.

Harán otro libro similar cuando la familia se enfrente de nuevo a la muerte. La pandemia, dijo Fry, ha demostrado que la distancia ya no anula el apego.

Daryl Van Tongeren, profesor asociado de psicología en el Hope College de Michigan, estudia el significado en la vida, la religión y las virtudes. Los rituales, símbolos e hitos ayudan a estructurar nuestros mundos, dijo, indicando el paso del tiempo o un logro significativo, y lo que es más importante, dan significado a la vida en sí misma.

“Una de las cosas que hacen estos hitos y estos rituales es conectarnos con otras personas y con cosas más grandes que nosotros mismos”, dijo.

Algo que en ocasiones pasa desapercibido en el frenesí de la celebración es que el significado de algo es tan importante como los propios eventos. Los alumnos que no pudieron recorrer el escenario en sus graduaciones siguen teniendo sus títulos. Las parejas forzadas a renunciar a sus sueños de grandes bodas a cambio de ceremonias más pequeñas siguen teniendo la experiencia del matrimonio.

Aunque algunos predicen un resurgir como el de los Felices Años 20 cuando termine la crisis, “va a haber una serie de personas que hayan cambiado”, dijo Van Tongeren. Van a decir “voy a salir de esta pandemia con nuevos valores y voy a vivir mi vida de acuerdo a nuevas prioridades”.

Shivaune Field celebró el año pasado su 40mo cumpleaños el 11 de enero con un grupo de amigas en un restaurante del centro de Los Ángeles, donde vive. Fue apenas unas semanas antes de que el coronavirus se extendiera por Estados Unidos. Este año, cuando cumplió 41, la profesora adjunta de negocios en la Universidad de Pepperdine simplemente fue a la playa con sus amigas.

“Se sintió mucho más auténtico, una forma más amable de conectar sin toda la parafernalia”, dijo. “Creo que es muy bonito volver a eso. Me recuerda a la niñez”.

Fields creció en Melbourne, Australia, donde dijo que sus padres asociaban los cumpleaños a las salidas familiares a la playa o paseos en bicicleta, seguidos por helados.

“Ahora, la salidas de fin de semana son en zapatillas con perros sentados en la hierba y alfombras de picnic, en lugar de taburetes en restaurantes lujosos”, explicó. Y a Field le parece bien.

El paso del tiempo se ha marcado de forma diferente durante la pandemia. Está la referencia del paso de los meses en función de las visitas a la peluquería, o la longitud de las barbas. Están la creatividad en Zoom y las excursiones al aire libre con distanciamiento social. Recrear las celebraciones del pasado en eventos importantes ha sido difícil, conforme pasaba el tiempo y se sucedían las restricciones de seguridad.

“Tenemos todo este bagaje cultural, en cierto modo, en torno a esos eventos”, dijo Talarico. “Es un ciclo de refuerzo de eventos que esperamos sean memorables”.

Ha sido difícil llegar a memorable. Pero la adaptación ha sido importante para muchos, y sus efectos podrían continuar una vez haya remitido el virus.

“Para los que quieran recordar dentro de unos años los eventos importantes ocurridos durante la pandemia, probablemente habrá nostalgia mezclada con más que una pizca de trauma”, dijo Wilfred van Gorp, expresidente de la Academia Estadounidense de Neuropsicología Clínica.

“Puede recordarnos a la soledad y el aislamiento que trajo la pandemia, nuestro miedo a contraer el virus, miedo a morir, miedo a perder a seres queridos y la pérdida de cualquiera que conociéramos que pudiera haber muerto de COVID-19”, dijo. “Y los recuerdos de lo que no tuvimos, lo que nos perdimos, y las experiencias que no pudimos compartir”.

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