Centroamérica entre fuego cruzado: canal, crimen y control geoestratégico
Las tensiones entre Estados Unidos, China y el retorno del autoritarismo en la región marcan la nueva era de inestabilidad centroamericana
América Central vuelve a estar en el centro del ajedrez geopolítico global. A medida que el canal de Panamá recobra protagonismo estratégico y Estados Unidos y China libran una guerra fría por el control de rutas comerciales, países como El Salvador y Costa Rica también enfrentan crisis internas derivadas de la violencia criminal, las pandillas y las medidas autoritarias, como el polémico estado de excepción salvadoreño. En este artículo analizamos los puntos más candentes del momento político y de seguridad de la región.
Panamá: el Canal como epicentro de la disputa geopolítica
El canal de Panamá es, desde su construcción a principios del siglo XX, una de las infraestructuras más estratégicas del planeta. Conecta el Océano Atlántico y el Pacífico, siendo vía de tránsito de aproximadamente el 5% del comercio mundial. Sin embargo, poco más de dos décadas luego de entregarse oficialmente a Panamá en 1999, su control económico y simbólico vuelve a estar en la mira de Washington y Pekín.
El presidente Donald Trump ha criticado duramente la entrega del canal a Panamá, considerándola un exceso de generosidad estadounidense. Incluso ha sugerido la idea de "recuperarlo" si se comprueba una supuesta injerencia china a través de compañías que operan puertos clave en los extremos del canal (Balboa y Cristóbal). No obstante, el gobierno panameño ha negado categóricamente que China o compañías asiáticas tengan control del canal o decisiones sobre su administración.
En un giro significativo, un conglomerado con sede en Hong Kong acordó vender su participación mayoritaria en una subsidiaria que opera estos puertos a BlackRock Inc., una de las mayores gestoras de activos del mundo y de capital estadounidense. La operación, aún pendiente de aprobación por parte del Estado panameño, restauraría el control indirecto de EE.UU. sobre infraestructuras clave y aliviaría tensiones con el gobierno de Trump.
“La amenaza del presidente Trump hizo efecto”, señaló un analista en Washington. “El canal no sólo es dinero: es poder, influencia y acceso global.”
La conferencia de seguridad y la presencia estadounidense
En paralelo a estas tensiones, el secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, visitará Panamá en el marco de la Conferencia de Seguridad de Centroamérica 2025. Su visita, además de reforzar vínculos diplomáticos, busca garantizar que Panamá mantenga una postura favorable a Washington y que la región no caiga bajo la órbita de Pekín, como ha sucedido con otras infraestructuras críticas en África y América del Sur.
Hegseth también abordará preocupaciones regionales tales como la seguridad marítima, el narcotráfico y la migración, problemas entrelazados que afectan no solo a Panamá, sino a sus vecinos inmediatos.
El Salvador: seguridad al estilo Bukele y su exportación
Mientras tanto, El Salvador sigue consolidando su imagen de país “rescatado de las pandillas” gracias a la política de mano dura del presidente Nayib Bukele. Bajo un estado de excepción declarado en marzo de 2022, el país ha encarcelado a más de 84,000 personas con presuntos vínculos con las maras, supuestos sospechosos muchas veces sin juicio ni acceso adecuado a un abogado. La popularidad de Bukele, sin embargo, sigue intacta, y su modelo se ha convertido en exportación.
Gerald Campos Valverde, ministro de Justicia y Paz de Costa Rica, visitó recientemente El Salvador para estudiar “las buenas prácticas” en materia de seguridad implementadas por Bukele. Campos afirmó que su objetivo es “combatir el crimen y devolver derechos a todos los ciudadanos”, palabras que, en boca de otro funcionario, podrían parecer una mera formalidad, pero que en el contexto actual de Costa Rica adquieren un tono urgente.
El Salvador ha pasado de registrar más de 100 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2015 (uno de los índices más altos del mundo) a cerrar 2023 con una tasa inferior a 3 por cada 100,000, según cifras gubernamentales, aunque los organismos de derechos humanos critiquen la represión sistemática y el autoritarismo.
Costa Rica: de ejemplo de paz a foco de violencia
El juramento histórico de Costa Rica de prescindir del ejército en 1948 le valió décadas de reconocimiento internacional como un país modelo en paz y estabilidad. Sin embargo, esta imagen ha comenzado a desdibujarse. En 2023, Costa Rica registró un récord de 907 homicidios, cifra que sólo ha disminuido marginalmente en 2024.
“El flagelo del narcotráfico ha penetrado nuestra sociedad”, afirmó el presidente Rodrigo Chaves, al justificar la necesidad de estudiar el modelo salvadoreño. Costa Rica, ubicada geográficamente como una bisagra entre América del Sur y EE.UU., se ha convertido en un punto logístico esencial para exportaciones de cocaína hacia Europa y Norteamérica.
Mientras tanto, la ausencia de una mayoría oficialista en el Congreso complica a Chaves la adopción de medidas más drásticas. A diferencia de Bukele, quien controla la Asamblea Legislativa y ha reformado la Corte Suprema y otros organismos para blindar su poder, Chaves opera en un marco democrático más limitado.
La intención de replicar el modelo salvadoreño ha generado críticas dentro y fuera del país, dado el clima de represión documentado por organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional. No obstante, la creciente violencia hace presionar incluso a sectores más moderados para que se implementen reformas urgentes.
EE.UU. y su nueva doctrina centroamericana
La reconfiguración del papel estadounidense en América Central no solo responde a intereses económicos en torno al canal, sino también a un intento por reinstalar valores de seguridad, control migratorio y lucha contra el narcotráfico. Desde la gestión de deportaciones masivas hasta la vigilancia a gobiernos percibidos como autocráticos (o demasiado cercanos a China), Washington se reposiciona como árbitro de una región volátil.
A inicios de abril, el Departamento de Seguridad Nacional deportó a cerca de 300 migrantes con presuntos vínculos con pandillas hacia una prisión de máxima seguridad en El Salvador destinada exclusivamente para estos casos. La cárcel —criticada por organismos de derechos humanos— mantiene hacinados a los detenidos, sin permitirles salir al exterior, en un régimen penal sin precedentes en el hemisferio.
Estos movimientos forman parte de una estrategia mayor de contención de la violencia y la emigración desde el Triángulo Norte —El Salvador, Honduras y Guatemala— hacia Estados Unidos. Para ello, el gobierno estadounidense apuesta por vínculos más estrechos con gobiernos centroamericanos, pero sin perder de vista el respeto a los derechos humanos como línea roja informal.
Una región en disputa: entre pragmatismo y valores
América Central enfrenta una doble disyuntiva: por un lado, el imperativo de controlar la violencia y el crimen organizado mediante métodos expeditivos; por otro, la necesidad de preservar la democracia, el estado de derecho y los valores fundamentales de libertad y justicia.
Estados Unidos parece dispuesto a aceptar un mayor grado de autoritarismo si ello ayuda a frenar flujos migratorios y actividades ilícitas. Mientras tanto, China observa con atención cada vacío de poder que pueda ocupar, especialmente en sectores clave como infraestructura, puertos y telecomunicaciones.
De esta forma, lo que sucede hoy en Panamá, El Salvador o Costa Rica no debe leerse como hechos aislados, sino como partes integrales de una batalla global por el futuro del hemisferio occidental. Una región tradicionalmente periférica se convierte, una vez más, en el epicentro de decisiones que repercutirán en la política mundial del próximo siglo.