El caso LeMan y los límites de la libertad de expresión en Turquía
Una revista satírica en el ojo del huracán tras ser acusada de insultar valores religiosos islámicos
Una caricatura que sacudió a Estambul
En una nueva controversia por los límites de la libertad de expresión en Turquía, las autoridades detuvieron a varios empleados de la revista satírica LeMan, luego de que esta publicara una caricatura que, según algunos sectores religiosos y el gobierno turco, representaba al profeta Mahoma y a Moisés en una escena en el cielo mientras una guerra se desarrolla en la Tierra.
Las detenciones han encendido un intenso debate en el país entre defensores de la libertad de prensa, miembros de la comunidad artística y musulmanes conservadores que consideraron el dibujo como una blasfemia. El caso ha tomado relevancia internacional por el contexto represivo que caracteriza la relación entre el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdoğan y los medios de comunicación independientes.
¿Qué mostraba la caricatura?
Publicado en la última edición de LeMan, uno de los semanarios de sátira política más emblemáticos de Turquía, el dibujo representaba a dos figuras aladas y con halos —que algunos interpretaron como el profeta Mahoma y el profeta Moisés— estrechando las manos en el cielo. Debajo, una escena de guerra con bombas cayendo sugería un comentario irónico sobre el sufrimiento de los pueblos musulmanes, especialmente en conflictos armados como los de Gaza, Siria o Yemen.
«El dibujo buscaba representar a un hombre musulmán común llamado Muhammad», insistió LeMan en un comunicado. «El objetivo era ilustrar el dolor de la población musulmana que sufre debido a los conflictos». No obstante, funcionarios del gobierno turco y medios progubernamentales, como Yeni Şafak, afirmaron que la imagen constituía una ofensa directa a los símbolos del islam.
Reacción del gobierno y detenciones
La tormenta política no tardó en desatarse. Inicialmente, las autoridades turcas arrestaron al caricaturista Doğan Pehlevan en su domicilio. Poco después, la policía detuvo a otros miembros de la redacción: el editor en jefe Zafer Aknar, el diseñador gráfico Cebrail Okçu y el gerente editorial Ali Yavuz. Dos editores más tienen órdenes de detención, aunque se cree que se encuentran fuera del país.
En los videos difundidos por el Ministro del Interior, Ali Yerlikaya, se ve a Pehlevan y Yavuz siendo retenidos y esposados por agentes en sus hogares. "Estas personas desvergonzadas deberán rendir cuentas ante la ley", publicó Yerlikaya a través de su cuenta personal en X, la red social antes conocida como Twitter.
La acusación legal: "Insultar públicamente los valores religiosos"
La Fiscalía de Estambul abrió una investigación por "insultar públicamente los valores religiosos compartidos por una parte del pueblo" conforme al artículo 216 del Código Penal turco, sancionado hasta con un año de cárcel. Este tipo de acusaciones, ampliamente utilizadas en Turquía para castigar posturas críticas al islam o a creencias dominantes, ha sido fuertemente criticado por organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional.
Según la legislación internacional en materia de derechos humanos, la protección de la libertad de expresión incluye incluso aquellos mensajes que resulten ofensivos o impopulares, siempre y cuando no inciten directamente a la violencia o el odio. Sin embargo, en Turquía estos principios son constantemente puestos en duda.
Contexto: la libertad de prensa en Turquía
Turquía ocupa el puesto número 165 de 180 en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2024 elaborado por Reporteros Sin Fronteras. Desde el fallido golpe de Estado de 2016, el gobierno de Erdoğan ha clausurado más de 150 medios de comunicación y encarcelado a decenas de periodistas. LeMan, fundado en 1991, ha resistido entre los últimos bastiones de la sátira política, a menudo cruzando líneas incómodas para el poder.
La revista ha sido objeto de numerosas demandas, censura y ataques a lo largo de los años. En 2017, sufrió un intento de asedio por parte de simpatizantes pro-gubernamentales tras otra portada que criticaba la intervención del ejército turco en Afrin (Siria).
La sombra del nacionalismo religioso
El caso de LeMan pone al descubierto una tendencia preocupante: el fortalecimiento del nacionalismo religioso en Turquía auspiciado desde el Estado. El partido en el poder, el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), ha favorecido un discurso que mezcla identidad turca con valores islámicos tradicionales, creando así un entorno donde las críticas al islam se perciben como ataques a la nación misma.
Esto ha llevado a una mayor censura a expresiones culturales y artísticas, desde canciones hasta películas, pasando por publicaciones literarias e incluso cuentas de redes sociales. La ambigüedad legal y la presión social han creado un clima de autocensura, especialmente en temas religiosos.
Un patrón regional de represión
Este tipo de ataques a la libertad de expresión no es exclusivo de Turquía. En los últimos años, caricaturistas y escritores en países como Irán, Pakistán y Egipto han enfrentado amenazas, encarcelamientos y hasta asesinatos por hacer uso de un humor considerado blasfemo. El más trágico ejemplo lo sigue siendo el atentado contra Charlie Hebdo en Francia en 2015, donde murieron 12 personas por un contenido similar.
Sin embargo, Turquía es miembro del Consejo de Europa y estado candidato a la Unión Europea, lo que teorías obliga al país a mantenerse dentro de estándares internacionales en derechos humanos. Las recientes detenciones podrían traer consecuencias diplomáticas.
Reacciones internacionales y locales
Organizaciones internacionales como ARTICLE 19 y IFEX denunciaron la persecución contra LeMan como una grave violación al derecho a la libertad de prensa y expresión. Diversos caricaturistas y periodistas turcos expresaron su solidaridad con sus colegas a través de caricaturas en redes sociales, en un acto simbólico de resistencia.
Desde el plano legal, abogados defensores de los implicados han planteado recursos protectores, argumentando que la caricatura no tiene contenido religioso explícito y que la identificación de los profetas en ella fue “una interpretación subjetiva basada en prejuicios conservadores”.
Incluso políticos opositores han condenado la represión. Ekrem İmamoğlu, alcalde de Estambul, sentenció que “no puede haber democracia sin libertad de expresión plena”.
¿Así muere el humor político?
Lo inquietante de este caso no es tanto el contenido de la caricatura, sino las consecuencias desproporcionadas que enfrenta su autor y su equipo. El humor político cumple una función clave en cualquier sociedad democrática, al permitir criticar abusos de poder, denunciar hipocresías y reflexionar desde la ironía.
El riesgo en Turquía es que, poco a poco, estas expresiones terminen por desaparecer, perseguidas bajo argumentos de seguridad nacional, moral religiosa o identidad cultural. Aunque se han producido protestas fuera de la redacción de LeMan en Estambul y voces independientes alzan su voz en redes sociales, la tendencia general es de temor y silencio.
El humor puede incomodar, sí, pero también puede liberar y sanar. Y cuando un país empieza a encarcelar a sus humoristas, hay que preguntarse cuán libre es realmente su democracia.