La guerra oculta de los drones: ¿una nueva era de asedio en Ucrania?
Ataques masivos con drones y misiles revelan el nuevo rostro tecnológico del conflicto entre Rusia y Ucrania
Una noche bajo fuego: cifras que estremecen
La última ofensiva nocturna rusa contra Ucrania dejó al menos dos muertos y 23 heridos, luego de que 597 drones, señuelos y 26 misiles de crucero fueran lanzados desde territorio ruso. Aunque el ejército ucraniano interceptó 319 drones y 25 misiles, la magnitud del ataque vuelve a sembrar terror en la población civil y confirma un cambio preocupante en la estrategia bélica: la guerra de desgaste tecnológico.
"La intensidad y frecuencia de los ataques con drones no tiene precedentes", declaró un portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana a medios locales. En las regiones de Bukovina y Lviv, en el oeste del país, murieron al menos dos personas debido a los escombros de los drones interceptados, y otras seis resultaron heridas. En Járkov, al noreste, ocho drones y dos misiles sembraron destrucción dejando tres heridos más.
Polonia también encendió alarmas: su Fuerza Aérea envió aviones de combate a la frontera oriental, ante la cercanía de los ataques rusos al oeste ucraniano, cerca de Lutsk, un nodo clave de logística donde se recibe y redistribuye parte de la ayuda internacional para Ucrania.
La evolución silenciosa de la guerra: drones como protagonistas
Desde 2023, ha habido un incremento sostenido del uso de drones en el frente oriental europeo. Si bien los vehículos no tripulados se han utilizado desde los albores del conflicto en 2014, la escala y complejidad de los ataques actuales reflejan una maduración tecnológica significativa de Rusia.
- El 8 de julio, Rusia lanzó más de 700 drones en una sola noche, marcando un récord en el conflicto.
- Estas ofensivas combinan drones de ataque y de señuelo, lo cual confunde e intenta sobrepasar las defensas electrónicas ucranianas.
- Según informes de inteligencia, una gran cantidad de los drones fueron perdidos debido a interferencias electrónicas, evidenciando una guerra de software además de hardware.
Este modus operandi recuerda a los ataques de saturación aérea utilizados por EE.UU. en conflictos pasados, pero adaptado ahora al siglo XXI con tecnología compacta, barata y difícil de detectar.
¿Puede Ucrania sostener la defensa?
A pesar del heroico trabajo de sus fuerzas aéreas, la situación sigue siendo crítica para Ucrania. Desde el comienzo de la guerra en 2022, se han reportado más de 150,000 víctimas civiles y militares en ambos bandos, y la presión sobre las ciudades occidentales ucranianas —antes consideradas seguras— ha aumentado notablemente.
Una fuente del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) de Washington D.C. comentó que la estrategia rusa parece centrarse en colapsar la moral civil, apuntando a zonas logísticas claves y sembrando miedo en poblaciones que estaban fuera del conflicto directo.
Asimismo, la dependencia de Ucrania de la ayuda extranjera hace que la protección de corredores logísticos sea vital. Cualquier interrupción en Lutsk, Lviv o Chernivtsi puede retrasar equipos, medicamentos o refuerzos.
Rusia y su apuesta: romper el frente y desgastar por el aire
Simultáneamente al incremento de los ataques aéreos, Rusia intenta romper líneas enemigas en puntos estratégicos del frente de los aproximadamente 1,000 kilómetros que lo separan de Ucrania. La conjunción de tácticas terrestres convencionales con bombardeos masivos apunta a una doctrina de guerra híbrida cada vez más letal.
Más allá del alto número de drones perdidos, analistas aseguran que el costo-beneficio sigue siendo favorable para Moscú. Producir un dron Shahed-136, de fabricación iraní, cuesta entre 20,000 y 50,000 dólares, mientras que interceptarlo puede costar hasta diez veces más en municiones y recursos electrónicos.
Yuriy Ignat, portavoz de la Fuerza Aérea de Ucrania, afirmó: "No se puede ganar esta guerra defendiendo únicamente el cielo; necesitamos sistemas ofensivos para neutralizar estos drones en su origen".
¿Hacia dónde se inclina la guerra tecnológica?
The Economist, en su edición de abril de 2024, tituló un artículo con una frase impactante: "La guerra de Ucrania ya no se libra con tanques, sino con algoritmos". Esta afirmación sintetiza el cambio en las reglas del juego.
Hoy, el frente invisible se libra entre ingenieros, hackers y pilotos remotos. Los sistemas de interferencia electrónica, conocidos como jammer, son tan importantes como un escuadrón de artillería. Y la inteligencia artificial aplicada a detección de movimientos, decisiones de ataque y seguimiento de objetivos empieza también a jugar un papel cada vez más central.
Misterios revelados: el caso del accidente aéreo con 260 muertos
En este contexto, otra tragedia aérea removió conciencias en India: un vuelo de Air India se estrelló en Ahmedabad el 12 de junio, con un saldo trágico de 260 muertos.
La investigación preliminar ha revelado que los interruptores de control de combustible fueron apagados manualmente, lo que provocó pérdida de fuerza en los motores pocos minutos después del despegue. La información fue posible gracias a las llamadas cajas negras (registradores de voz y datos de vuelo), fundamentales para esclarecer lo ocurrido.
Curiosamente, fue en los años 50 cuando el australiano David Warren inventó la primera caja negra, luego de investigar accidentes de aviones comerciales propulsados por reactores. Su invención tardó más de una década en ser adoptada masivamente, pero hoy es imprescindible.
¿Qué tienen que ver estas tragedias?
Ambas están atravesadas por una dependencia en la tecnología y sus posibles fallas o vulnerabilidades. En una, el mundo militar; en otra, el civil. Pero en ambos casos, muestran cómo el siglo XXI ha depositado el destino humano en sistemas cada vez más autónomos, sofisticados y menos predecibles.
El accidente en India es un recordatorio sombrío de lo que puede ocurrir cuando el protocolo falla en un entorno de alta automatización. Mientras tanto, en Ucrania, los “errores” del sistema pueden costar vidas sin que siquiera haya un conflicto declarado formalmente entre ejércitos convencionales.
El simbolismo persistente del "cielo como campo de batalla"
Históricamente, el dominio aéreo fue clave para definir el vencedor de conflictos: desde la Batalla de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial hasta los bombardeos de precisión en las guerras del Golfo.
Hoy, los enjambres de drones, las interferencias GPS y las vulnerabilidades digitales marcan una nueva era en la forma de asediar, defender y resistir. Y nos enfrentan a una nueva pregunta: ¿estamos preparados para esta guerra invisible, que no siempre muestra cadáveres, pero sí erosiona día a día la esperanza?
Mientras miles de ucranianos rezan por sus vidas y las de sus soldados, el mundo observa un conflicto que ha dejado de ser solo geopolítico: es un campo de pruebas de la guerra futura.