Putin y los presidentes de EE. UU.: una historia de encuentros, desconfianza y tensiones crecientes
De la aparente cordialidad con Bush a las amenazas de guerra con Biden: un análisis de las reuniones entre Vladimir Putin y los líderes estadounidenses desde 2001
Una cronología marcada por choques ideológicos y cambios geopolíticos
Desde que Vladimir Putin llegó al poder en 2000, sus reuniones con los presidentes de Estados Unidos han sido una pieza clave del ajedrez global. No se trata solo de encuentros protocolares; en ellos se vislumbraron avances estratégicos, rupturas diplomáticas y posturas enfrentadas sobre el orden mundial. A lo largo de más de dos décadas, los líderes de Rusia y Estados Unidos han oscilado entre la cooperación prudente y la confrontación abierta. En esta entrada analizamos, bajo una mirada analítica, los encuentros de Putin con George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden. ¿Cuánto dicen estos encuentros sobre el estado de las relaciones bilaterales? ¿Qué impacto tienen en el escenario global?Putin y George W. Bush: confianza inicial y pragmatismo estratégico
Entre 2001 y 2009, Putin y Bush se reunieron 28 veces. De todos los presidentes estadounidenses, Bush fue quien mantuvo una relación más estable —y, por momentos, amistosa— con Putin. Tras su primer encuentro en 2001, Bush declaró: “Le he mirado a los ojos. He podido captar un sentido de su alma”. Uno de los grandes logros fue la firma del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (SORT) en 2002, que limitó significativamente el número de ojivas nucleares en ambos países. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Putin fue el primer líder internacional en llamar a Bush, ofreciendo cooperación contra el terrorismo. Rusia incluso permitió despliegues militares de EE. UU. en Asia Central, una movida impensable una década antes. Sin embargo, las tensiones no tardaron en surgir. Cuando en 2004 varios países del antiguo bloque soviético ingresaron a la OTAN, Moscú interpretó la expansión como una provocación. A partir de 2007, Putin endureció su retórica contra Estados Unidos, acusándolo de fomentar un mundo unipolar.Putin y Barack Obama: del “reset” al desencanto
El mandato de Obama trajo nuevas esperanzas de diálogo. Su primera reunión directa con Putin fue en 2009, aunque en ese momento Dmitry Medvédev ocupaba la presidencia. Washington y Moscú impulsaron un "reinicio" en las relaciones, cuyo trofeo más visible fue el siguiente tratado de desarme, Nuevo START, firmado en 2010. Clinton, entonces secretaria de Estado, entregó un botón simbólico con la palabra “reset”, aunque una traducción errónea lo hizo decir “sobrecarga” (overload). Aun así, parecía abrirse una etapa distinta. Pero en 2012 Putin regresó a la presidencia, y el panorama cambió drásticamente. En 2013, Obama canceló una visita a Moscú luego de que Rusia diera asilo a Edward Snowden, el excontratista de la NSA. El punto de quiebre fue la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014. EE. UU. y la Unión Europea respondieron con fuertes sanciones económicas. Las reuniones se tornaron frías y con tono acusatorio, sobre todo tras el respaldo de Putin a Bashar al-Ásad en Siria. El último encuentro cara a cara ocurrió en 2016 en la cumbre del G20 en China, donde discutieron sobre Ucrania y Siria sin avances significativos.Putin y Donald Trump: una relación poco convencional
La llegada de Trump en 2016 sacudió la diplomacia global. Su visión nacionalista y disruptiva dejó huella en sus relaciones exteriores, incluyendo con Rusia. Trump y Putin se reunieron seis veces, y su momento más controvertido fue en la cumbre de Helsinki de 2018. Allí, Trump contradijo públicamente a sus agencias de inteligencia al rechazar las acusaciones de injerencia rusa en las elecciones de 2016:“Tengo gran confianza en mis servicios de inteligencia, pero el presidente Putin fue muy fuerte y poderoso en su negativa”.Esa declaración fue percibida —dentro y fuera de EE. UU.— como una capitulación diplomática. El senador republicano John McCain dijo que ese día Trump “se rebajó ante un autócrata y traicionó su deber frente al pueblo estadounidense”. Aunque ambos líderes compartían desdén por el multilateralismo, no consiguieron avances sustanciales en temas neurálgicos como el control de armas, Ucrania o Siria. Además, sus encuentros siempre quedaron envueltos en polémica, sobre todo por la posible colusión entre la campaña de Trump y actores rusos, investigada sin hallazgos concluyentes por Robert Mueller.
Putin y Joe Biden: respeto mutuo, desconfianza total
Con Biden, la hostilidad regresó abiertamente con forma institucional. En sus primeras declaraciones como presidente, Biden calificó a Putin como un “asesino” y dijo que pagaría un precio por interferir en la democracia estadounidense. Moscú respondió llamando a consultas a su embajador. Se reunieron una sola vez en persona, en Ginebra, en junio de 2021. En ese momento, Rusia acumulaba tropas en la frontera con Ucrania y había encarcelado al opositor Alexei Navalny. Aunque el encuentro duró tres horas, no logró ningún resultado concreto. Se mantuvo un tono diplomático, pero las posturas permanecieron diametralmente opuestas. En una rueda de prensa posterior, Biden declaró:“Le dije al presidente Putin que no estamos buscando una nueva Guerra Fría, pero actuaremos si Rusia vulnera los derechos humanos o cruza ciertas líneas”.Las advertencias se convirtieron en hechos cuando, en febrero de 2022, Rusia invadió Ucrania. Desde entonces, no ha habido más reuniones ni llamadas entre ambos, consolidando el punto más bajo de las relaciones bilaterales desde la Guerra Fría.
¿Por qué cambió tanto la política exterior rusa?
Es imposible entender estos vaivenes sin verlos en el contexto mayor. Tras la caída de la Unión Soviética, Rusia buscó inicialmente integrarse al orden liberal internacional. Pero la expansión de la OTAN, la intervención en los Balcanes y la caída de aliados como Saddam Hussein y Gadafi fueron percibidos por Moscú como signos preocupantes de unilateralismo occidental. Según el historiador Stephen Kotkin:“Putin no inventó la desconfianza hacia Occidente; la sistematizó y la convirtió en pilar de su estrategia interna y exterior”.Además, Putin ha reforzado un modelo de poder autoritario respaldado por una narrativa de “soberanía” frente a los valores liberales. Las relaciones con EE. UU. pasan a ser un terreno de legitimidad interna. A mayor tensión externa, mayor cohesión nacional basada en la identidad contra el enemigo.
Las cumbres como termómetro global
Las cumbres presidenciales no son apenas simbolismos: reflejan el momento histórico. Con Bush, las reuniones eran frecuentes y cargadas de optimismo pos-Guerra Fría. Con Obama, las citas reflejaban el desencanto y la erosión. Con Trump, el desconcierto y la inestabilidad. Con Biden, el enfrentamiento abierto. Estas evoluciones narran también la transformación de Rusia: de potencial socio estratégico, a rival incómodo, a amenaza directa. Las reuniones entre sus líderes dejaron de ser espacios para construir acuerdos duraderos para convertirse en escenarios para reafirmar posturas inflexibles.¿Qué esperar del futuro?
Mientras la guerra en Ucrania continúa sin solución cercana, y ante un eventual regreso de Trump en noviembre de 2024, muchos analistas se preguntan si habrá un nuevo giro. Putin ya expresó deseos de reunirse con Trump nuevamente, incluso ignorando la orden de arresto de la Corte Penal Internacional. Sin embargo, la envergadura de los daños —humanos, territoriales, políticos— hace que incluso un posible “deshielo” no tenga el sabor de antaño. La confianza hace mucho que se perdió, y toda reunión futura (si la hay), se dará en un contexto de profunda desconfianza mutua y en un tablero geopolítico redefinido por conflictos, sanciones, bloques emergentes y nuevas alianzas globales. En resumen, la relación entre Putin y los presidentes estadounidenses es un espejo del siglo XXI: marcada por la volatilidad, la desconfianza y el desafío constante entre un Viejo Orden Liberal y las nuevas aspiraciones revisionistas de Rusia. Este artículo fue redactado con información de Associated Press