Hospitales bajo las bombas: el nuevo frente de la guerra en Gaza

Mientras se intensifica el conflicto, los ataques sobre centros médicos en la Franja de Gaza revelan una peligrosa estrategia que pone en jaque el derecho internacional humanitario

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Una tragedia repetida: el caso del Hospital Nasser

El ataque aéreo israelí al Hospital Nasser en Gaza, ocurrido el lunes 25 de agosto de 2025, dejó al menos ocho muertos, según informó el Ministerio de Salud gazatí. El bombardeo impactó la cuarta planta del hospital más grande del sur de la Franja de Gaza, en Khan Younis, mediante un doble golpe: primero un misil, seguido por un segundo disparo cuando los rescatistas ya estaban prestando auxilio.

Este no es un incidente aislado. El Hospital Nasser ha sido objetivo constante desde el inicio de la guerra hace ya 22 meses. En junio de este mismo año, un ataque similar dejó tres fallecidos y diez heridos. Al respecto, el ejército israelí sostuvo entonces que atacaba objetivos de Hamás presuntamente ubicados en las instalaciones médicas, aunque sin presentar pruebas contundentes.

Los hospitales como blanco militar: ¿una táctica deliberada?

Aunque el derecho internacional prohíbe taxativamente los ataques a instalaciones médicas, el conflicto israelí-palestino ha desdibujado estos límites. Desde octubre de 2023, múltiples hospitales en Gaza han sido bombardeados o ocupados por fuerzas israelíes. Tel Aviv justifica estas acciones asegurando que los milicianos de Hamás utilizan los centros médicos como refugios y bases de operaciones. Sin embargo, tales alegatos no siempre vienen acompañados de verificaciones independientes.

La narrativa se repite: Israel dice actuar ante un blanco militar camuflado, mientras los civiles, personal sanitario y pacientes pagan las consecuencias. Lo que para uno es una operación antiterrorista, para el otro es una grave violación del derecho humanitario.

Números que espantan: las cifras del conflicto

De acuerdo con el Ministerio de Salud de Gaza, hasta la fecha, al menos 62,686 palestinos han muerto en la guerra. Aunque no diferencia entre combatientes y civiles, el ministerio estima que la mitad de las víctimas son niños y mujeres. Estas cifras, respaldadas por la ONU como las más fiables disponibles, contrastan con la postura israelí que las cuestiona, sin aportar balances propios.

Mientras tanto, más de 60.000 israelíes fueron evacuados del norte del país durante los combates con Hezbollah en 2024, lo que da cuenta de la magnitud regional del conflicto más allá de Gaza.

El frente norte: Israel, Líbano y Hezbollah

Mientras Gaza se consume en ataques, el norte de Israel y el sur del Líbano enfrentan su propio dilema. Tras casi 14 meses de enfrentamientos entre Israel y Hezbollah, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu anunció la posibilidad de una retirada gradual de las tropas israelíes en el sur del Líbano, siempre que el gobierno libanés avance en su compromiso de desarmar al grupo chiíta antes de 2026.

Sin embargo, Hezbollah no se muestra dispuesto. Exige primero el retiro total de Israel de cinco colinas en disputa dentro del Líbano y el fin de los bombardeos diarios. Aunque debilitado tras la última guerra y la muerte de varios de sus líderes, el grupo resiste la presión interna y externa para entregar las armas, con su líder Naim Kassem declarando que no aceptarán desarme si este responde a los intereses israelíes.

Líbano entre la presión internacional y el peligro civil

El gobierno libanés camina sobre una delgada línea. Washington condiciona la reconstrucción del país —que sufrió daños por $11.1 mil millones durante el último conflicto, según el Banco Mundial— al desarme de Hezbollah. Sin embargo, un movimiento brusco podría desatar un nuevo enfrentamiento civil en una nación débil institucionalmente y acosada por una crisis económica crónica.

El enviado especial estadounidense Tom Barrack aseguró que “el gobierno libanés ha hecho su parte” y que espera reciprocidad israelí. Pero en el terreno, la tensión sigue siendo palpable. Hezbollah ha replegado a la mayoría de sus combatientes al norte del río Litani, donde el acuerdo de alto al fuego no es claro sobre si también deben ser desarmados en esa zona.

Una guerra con múltiples frentes y pocas certezas

El actual conflicto ya no se limita a Gaza. Las hostilidades cruzadas con Hezbollah, las incursiones en Siria y los ataques a los hutíes en Yemen evidencian un patrón de enfrentamientos regionales en los que Israel actúa contra múltiples actores proiraníes a la vez.

La estrategia israelí parece orientada a desestructurar las redes de apoyo a Hamás y otros grupos armados. Pero con cada ataque a hospitales, con cada declaración de “error” tras una masacre, se aleja la legitimidad del mensaje oficial. La realidad cultural, religiosa y política en Medio Oriente rara vez permite soluciones simples.

Los civiles atrapados entre intereses políticos y ambiciones militares

El drama humano es quizás el elemento más ignorado en esta ecuación. Pacientes heridos siendo evacuados de hospitales bombardeados, doctores operando sin insumos, madres enterrando hijos sin nombre. Nada resume mejor el fracaso de la comunidad internacional para garantizar normas mínimas de convivencia en tiempos de guerra.

Expertos en derecho internacional como Fabrizio Hochschild, exalto funcionario de la ONU, han advertido que “el uso de infraestructura civil como campo de batalla no es accidental; es una forma de castigo colectivo”. Y en Gaza, dicho castigo se prolonga sin tregua aparente.

¿El fin del derecho humanitario?

Que un hospital sea atacado dos veces en la misma jornada, con intervalo diseñado para maximizar bajas de rescatistas, es, según muchos juristas, una clara violación del principio de proporcionalidad en las reglas del conflicto armado. El “doble tap”, como se conoce, ha sido previamente condenado por organismos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch.

¿Se está reconfigurando el paradigma legal que rige las guerras? Analistas afirman que la erosión del derecho humanitario en conflictos asimétricos alimenta una espiral peligrosa: al justificar ataques preventivos o selectivos, las grandes potencias dan carta blanca a otros actores con menos escrúpulos.

¿Y ahora qué?: perspectivas a corto y mediano plazo

En el terreno poco promete una desescalada rápida. Mientras Hezbollah se mantiene armado, Israel mantendrá su presencia militar en el sur del Líbano. Mientras Hamás siga operando desde Gaza, Israel continuará sus bombardeos, incluso sobre hospitales. Y en medio, el pueblo palestino y libanés viven el día a día entre escombros, miedo y resignación.

La situación plantea dilemas éticos, jurídicos y estratégicos. Los intentos estadounidenses de aplicar presión diplomática van contra un contexto de guerras prolongadas, liderazgos polarizados y una comunidad internacional fragmentada.

En palabras del analista israelí Yossi Alpher: “El problema no es la guerra... es la falta total de una estrategia de salida viable”. Y mientras esa estrategia no llegue, los hospitales seguirán siendo un blanco tan visible como impune.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press