La revolución del deporte más allá del género: El boom imparable de las ligas profesionales femeninas
Cómo el ascenso de las nuevas ligas femeninas en EE.UU. revela que el deporte femenino ya no es sólo inspiración: es negocio, cultura y comunidad
Desde el béisbol hasta el hockey sobre hielo, pasando por el baloncesto y el voleibol, al menos ocho nuevas ligas deportivas femeninas se han lanzado en Estados Unidos en los últimos tres años. Todas con un objetivo claro: demostrar que el deporte femenino ya no es una causa noble ni una apuesta arriesgada, sino una oportunidad de negocio concreta e imparable.
Una nueva era del deporte femenino
En un país acostumbrado al dominio de las ligas masculinas, los últimos años han traído una marea imparable de proyectos deportivos femeninos. Entre las más destacadas se encuentran la WPBL (Women’s Professional Baseball League), la PWHL (Professional Women’s Hockey League), la Professional Volleyball Federation (PVF), League One Volleyball (LOVB), y Unrivaled, una liga de baloncesto 3×3 fundada por las estrellas de la WNBA Napheesa Collier y Breanna Stewart.
Este fenómeno, apoyado por récords de asistencia, audiencia en alza, inversiones millonarias y un sólido desarrollo de marca, redefine la narrativa de lo que significa ser una atleta profesional mujer en el siglo XXI.
Un salto cualitativo y cuantitativo
Los números respaldan este auge. La WNBA celebró en 2024 su año con mayor asistencia en más de dos décadas y registró un aumento del 197% en audiencia televisiva en comparación con el año anterior. Por su parte, la NWSL (liga nacional de fútbol femenino) firmó en 2023 un acuerdo de derechos televisivos por cuatro años y 240 millones de dólares.
La Unrivaled League terminó su temporada inaugural con promedios salariales que rondaban los $200,000 dólares, una cifra inédita para una liga femenina recién creada. Además, logró que más de 11.9 millones de personas sintonizaran sus partidos en TNT y truTV.
El poder de las marcas: del logo al corazón del fan
Una piedra angular del éxito en estas ligas ha sido su enfoque en el branding, entendido como algo más que un logotipo bonito: se trata de crear identidad, cultura y pertenencia. Así lo entendieron Alastair Merry y Mary Lou Bunn, cofundadores del estudio de diseño Flower Shop, encargados del desarrollo de las marcas para los seis equipos originales de la PWHL.
“Esto no es como diseñar una tostadora o una tablet. Es la identidad de una comunidad”, dijo Merry.
El resultado ha sido espectacular: en su segunda temporada, la PWHL aumentó su asistencia en un 27%, alcanzando los 7,230 espectadores de promedio por partido. Las ventas de productos oficiales se duplicaron y la interacción en redes sociales creció un 68%.
Del hielo al diamante: el renacimiento del béisbol femenino
Setenta años después de la última liga profesional de béisbol femenino en EE.UU., la Women’s Professional Baseball League (WPBL) se prepara para su debut. Justine Siegal, su cofundadora y la primera mujer en dirigir un equipo de MLB, ha dejado claro que el enfoque es serio desde el inicio:
“Estudiamos los éxitos y errores de otras ligas para crear una estructura sostenible y con visión de futuro”, afirmó.
El propósito de Siegal y su socio Keith Stein no es simbólico, sino estratégico: su meta es atraer a jugadoras de élite, generar contratos lucrativos, asegurar transmisiones televisivas y fomentar la notoriedad social. En resumen: profesionalizar al máximo esta nueva ventana del béisbol femenino.
Volleyball al estilo LOVE
League One Volleyball, o como es conocida comercialmente LOVB (LOVE), ha recaudado más de $100 millones de dólares en inversiones, incluyendo deportistas de renombre como Lindsey Vonn y Kevin Durant. Su debut en 2024 estuvo lleno de desafíos logísticos, pero también dejó claro su compromiso con el bienestar de las atletas, quienes son consideradas empleadas oficiales de la liga, con seguro médico de todo el año.
“Sabemos que falta mucho por hacer, pero los cambios en estos cinco años han sido impresionantes, y las marcas lo están notando”, afirmó Rosie Spaulding, presidenta ejecutiva de LOVB.
Un modelo que aprende de sus predecesores
Si bien el éxito reciente da motivos para el optimismo, líderes del sector advierten que no basta con popularidad instantánea para garantizar la supervivencia a largo plazo. Ed Desser, ex asesor de medios de la NBA y NFL, lo resume brutalmente:
“Hoy compites no solo con otros deportes, sino con todo el contenido de calidad de la historia del entretenimiento”.
Por ello, la fidelización de los seguidores se convierte en una prioridad. El caso de la PWHL es ejemplar. Su “Takeover Tour” —una serie de partidos en ciudades sin equipos de hockey profesional— permitió atraer a nuevos aficionados y crear comunidad sin necesidad de una base establecida.
Atención centrada en las jugadoras
Una diferencia clave entre estas nuevas ligas y sus versiones masculinas es cómo priorizan las necesidades del atleta. En Unrivaled, por ejemplo, todos los partidos se juegan en un estadio personalizado en Miami, con costos de vivienda, transporte y cuidado infantil cubiertos por la organización.
Estas medidas son vistas no solo como beneficios sociales, sino también como estrategias de retención de talento. Como dijo Jordan Larson, estrella del vóley y copropietaria de LOVB Nebraska:
“Con tiempo y paciencia, vamos a construir algo especial porque el amor por el juego está ahí”.
Streaming y redes sociales: rompiendo las reglas del juego
Gracias a plataformas de streaming y redes sociales, las ligas femeninas han encontrado en estos canales un aliado poderoso para alcanzar al público joven y global sin depender de grandes cadenas televisivas. En TikTok, Instagram y YouTube, las atletas se convierten en influencers, los clips virales generan conversación, y el branding cobra vida de forma orgánica.
Risa Isard, directora de investigación en Parity, resume esto con claridad:
“Tenemos cifras que prueban que el deporte femenino es un excelente negocio”.
El futuro: expansión, solidez y comunidad
La PWHL ya prepara la incorporación de dos nuevas franquicias en Seattle y Vancouver, cuya revelación de logos, nombres y colores se espera con gran anticipación entre los fans. Para Bunn, esta fase es clave:
“Cuando creas un equipo, estás también sembrando los elementos culturales que lo harán perdurable: cánticos, mascotas, rituales”.
Steve O’Rourke, técnico del nuevo equipo de Seattle, lo pone en términos aún más directos:
“Todos esperan tener esa nueva camiseta, esa nueva gorra, los colores del equipo en el pecho. Y eso genera una segunda ola de entusiasmo”.
¿Una fórmula que puede exportarse?
Muchos se preguntan si este fenómeno podrá replicarse fuera de EE.UU., en contextos donde el deporte femenino aún enfrenta grandes obstáculos. La respuesta podría estar en el modelo: combinación de jugadoras con fuerte identidad mediática, branding férreo, compromiso del inversor y una comunidad interesada en algo más que sólo el rendimiento deportivo.
La temporada 2025 promete aún más sorpresas, expansiones e historias inspiradoras. Pero sobre todo, confirma algo que ya no necesita ser defendido: el deporte femenino ha llegado para quedarse.
“Ya no estamos hablando de potencial. Estamos viendo resultados”.