“The Roses”: una guerra con más fuego que flores
Benedict Cumberbatch y Olivia Colman protagonizan este ácido retrato de una relación en decadencia que mezcla sarcasmo británico con agresividad californiana
Por mucho que el título «The Roses» evoque un aroma floral y romántico, la película dirigida por Jay Roach es cualquier cosa menos suave y dulce. Se trata de una batalla conyugal que arranca en la oficina de una terapeuta para parejas y termina, literalmente, entre disparos. Protagonizada por los siempre brillantes Benedict Cumberbatch y Olivia Colman, esta nueva versión del clásico de 1989 «The War of the Roses», no busca redención, evolución ni siquiera catarsis. Quiere quemar todo y dejar cenizas.
Un matrimonio en ruinas desde la primera escena
La historia comienza con Theo Rose (Cumberbatch), un arquitecto de renombre, y su esposa Ivy (Colman), una chef frustrada con sueños pospuestos. Desde la primera línea de diálogo queda claro que la guerra ha comenzado hace tiempo. Cuando el terapeuta les pide que enumeren diez cosas que aman el uno del otro, Theo responde que prefiere vivir con su esposa que con un lobo. Ivy, sin perder el sarcasmo, dice: “Tiene brazos”.
Con líneas tan mordaces, no es extraño que la terapeuta se rinda pronto. La relación está plagada de microagresiones y desprecio mutuo que escalan de forma peligrosa. Si en algún momento hubo amor, ya es difícil encontrar algún rastro.
De la ironía británica al drama estadounidense
Lo que diferencia esta versión moderna del filme de 1989 dirigido por Danny DeVito es el combo Cumberbatch-Colman. Ambos actores, reconocidos por saber moverse en géneros oscuros con matices cómicos (recordemos The Favourite o The Power of the Dog), aportan una sofisticación cruda. El sarcasmo británico convierte cada diálogo en un duelo verbal letal.
La historia se desarrolla en Mendocino, California, un enclave costero de clase alta donde Negronis y Audis circulan tan libremente como el desprecio. Ivy, luego de años en la sombra de su esposo, abre su propio restaurante con el irónico nombre "We’ve Got Crabs!", mientras Theo, tras un colapso profesional, se convierte en un padre a tiempo completo, organizando ejercicios matutinos y citando frases de Charles Bukowski a sus hijos.
Una sátira que no encuentra su tono
Si hay un pecado que comete "The Roses" es su inconsistencia tonal. La película quiere ser comedia negra pero cruza la línea hacia el thriller doméstico sin aviso. Asistimos al sabotaje mutuo: Ivy arruina la carrera de Theo mediante videos deepfake, mientras él hackea los pedidos del restaurante de ella. Y cuando aparece una pistola en escena, el tono cae del humor ácido al desconcierto emocional.
El guionista Tony McNamara (The Favourite, Poor Things) intenta equilibrar el drama con sátira social, pero sin éxito del todo. El resultado es una sensación agria, como si estuviéramos presenciando un divorcio de conocidos muy incómodos donde ya no queda lugar para la empatía. El espectador termina como otro miembro de la terapia grupal, esperando que alguien termine la sesión de una vez.
¡Y ahí vienen los secundarios!
Además de la pareja protagonista, destacan Andy Samberg y Kate McKinnon como una pareja amiga que también atraviesa una especie de resaca emocional. Samberg lanza una línea que captura el tono de la cinta: “Antes sabía lo que ella iba a decir antes de que lo dijera. Ahora no sé lo que dijo ni después de que lo dijo”.
McKinnon, por su parte, recae de nuevo en su personaje hipersexual, aunque ya empieza a mostrar signos de repetición, explotado hasta la saciedad en roles como el de Barbie. Es un alivio fugaz en una cinta que no da tregua.
¿Un mensaje sobre el amor… o simplemente nihilismo conyugal?
Tal vez la mayor crítica que se puede hacer a «The Roses» sea su falta de propósito. ¿Qué nos quiere decir sobre el matrimonio? ¿Que el amor se transforma en odio? ¿Que los cambios de rol en una pareja están condenados al fracaso? ¿Que solo alguien que te amó puede herirte tan profundamente?
Aún con todas las preguntas sin respuesta, la película sí deja momentos memorables, como cuando Ivy lanza: “Tú paraste. No se supone que pares.” La frase, certera como un cuchillo, encapsula el dolor de una relación detenida en el tiempo, incapaz de adaptarse ni de sanar.
Un espejo incómodo
Con sus 105 minutos, clasificación R y un arsenal de sarcasmo y desesperanza, «The Roses» no es fácil de ver. Pero es potente. Como si se tratara de la versión en MDMA de Marriage Story, es un estudio sobre hasta qué punto dos personas pueden escalar su falta de afecto sin pasar al crimen… aunque en esta ocasión sí lo hacen.
Ivy y Theo no son héroes ni víctimas: son el reflejo distorsionado de muchas parejas modernas, atrapadas entre la identidad profesional, los hijos, los egos destruidos y la nostalgia de lo que fueron. Jay Roach se atreve a lanzarlos al abismo sin red, y el resultado es tan incómodo como adictivo.
Queda claro que una película que explore la ruptura conyugal puede ser incisiva, triste y a la vez absurda, pero debe hacerlo con una dirección clara. Aquí, la sátira pierde el equilibrio, como una copa de vino derramada en una cena que ya nadie quería compartir.
Ficha técnica
- Título: The Roses
- Director: Jay Roach
- Protagonistas: Benedict Cumberbatch, Olivia Colman, Kate McKinnon, Andy Samberg
- Guión: Tony McNamara
- Duración: 105 minutos
- Distribuye: Searchlight Pictures
- Clasificación: R (Lenguaje, contenido sexual y uso de drogas)
Calificación final: ★★☆☆☆ (2 de 4 estrellas)
Una experiencia amarga, con actuaciones brillantes pero atrapada en un guion que pierde el norte emocional.