El futuro incierto de las vacunas contra la COVID-19 en EE.UU.: ¿protección restringida para millones?
Con nuevas restricciones federales, menor cobertura de seguros y confusión general, expertos y ciudadanos se preguntan si Estados Unidos está preparado para enfrentar la próxima temporada de virus respiratorios.
Un panorama confuso para millones de estadounidenses
La vacunación contra la COVID-19, antes una recomendación anual clara para toda la población estadounidense mayor de seis meses, se ha convertido este año en un proceso fragmentado y plagado de obstáculos. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ha aprobado nuevas vacunas actualizadas de Pfizer, Moderna y Novavax. Sin embargo, sus usos han sido drásticamente limitados.
Mientras que los adultos mayores de 65 años tienen garantizado el acceso, aquellos menores de esa edad solo podrán vacunarse si presentan al menos una condición de salud que los haga vulnerables a la COVID-19 grave. Esto supone una complicación significativa para millones de personas que antes podían vacunarse sin mayores requisitos, y ahora deben demostrar condiciones médicas como asma, obesidad, enfermedades cardíacas o inmunodeficiencias.
¿Qué cambió exactamente?
La FDA ha retirado la autorización de emergencia para la vacuna de Pfizer en niños menores de 5 años, limitando de facto la vacunación pediátrica a una sola opción: la vacuna de Moderna (Spikevax), y solo en niños con al menos una condición médica grave. Novavax, por otro lado, es una vacuna basada en proteínas y está autorizada únicamente para individuos a partir de los 12 años, también bajo criterios de riesgo.
En palabras de Dr. William Schaffner, experto en vacunas de la Universidad de Vanderbilt: "Estas nuevas restricciones no pueden sino crear barreras adicionales para la vacunación y sembrar confusión entre pacientes, médicos y farmacéuticos".
Costos y cobertura: ¿quién pagará por estas vacunas?
Mientras que Medicare cubrirá las vacunas para mayores de 65 años, para el resto de la población el panorama es menos claro. Muchos empleadores y aseguradoras han cubierto la vacunación debido a recomendaciones anteriores del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP, por sus siglas en inglés). Sin embargo, dado que el Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., despidió este año a todos los miembros de este comité, ese respaldo institucional quedó en pausa.
"Los empleadores están preocupados por la salud general de sus trabajadores, particularmente de los peor remunerados. Las vacunas, aunque cuesten $150 por dosis sin seguro, pueden ahorrar miles en hospitalizaciones", explicó Beth Umland, directora de investigación en salud para la consultora Mercer.
Impacto en farmacias y personal médico
En EE.UU., la mayoría de las vacunas contra la COVID-19 se aplican en farmacias. Pero en 19 estados, las leyes limitan a los farmacéuticos a aplicar únicamente vacunas aprobadas por el ACIP. Como este comité está en proceso de reestructuración y aún no ha emitido nuevas recomendaciones, muchas farmacias podrían quedar legalmente impedidas de aplicar las vacunas.
Además, las restricciones obligan a demostrar condiciones médicas de riesgo. Como explicó Brigid Groves, farmacéutica y vicepresidenta de la Asociación de Farmacéuticos Americanos, "los farmacéuticos no están preparados ni autorizados para evaluar ni recolectar documentación médica detallada".
Niños y embarazadas: puntos críticos en disputa
Uno de los cambios más controvertidos ha sido la decisión del Secretario de Salud Kennedy Jr. de eliminar las recomendaciones de vacunación para niños sanos y mujeres embarazadas. Esta decisión fue inmediatamente rechazada por organismos médicos de alto prestigio.
- El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos instó a que las mujeres embarazadas sigan vacunándose.
- La Academia Americana de Pediatría continuó recomendando la vacunación para todos los niños entre 6 meses y 2 años.
Según Groves, "Los padres no saben a quién creer. Ha habido un colapso de consenso científico que se traduce en desinformación y desconfianza".
¿Realmente necesitamos seguir vacunándonos?
Para muchos, tras tres años de pandemia, la fatiga es real. Pero la inmunidad, como señala el virólogo Andrew Pekosz de la Universidad Johns Hopkins, es imperfecta y se desvanece con el tiempo. Según datos de los CDC, 47,500 estadounidenses murieron por causas relacionadas con COVID-19 en 2023.
"La inmunidad poblacional es alta, pero no es infalible. Las vacunas siguen siendo una herramienta crítica para evitar hospitalizaciones y muertes, especialmente durante el invierno", señaló Pekosz.
Las vacunas sí funcionan, pero ¿qué tan accesibles serán?
Las nuevas vacunas están dirigidas contra subvariantes recientes del virus, lo que les permite ofrecer mayor protección. Pfizer y Moderna afirmaron que tendrán listas sus dosis para distribución en pocos días, mientras que Novavax espera iniciar la distribución a principios del otoño.
Estas formulaciones fueron desarrolladas fuera del esquema de emergencia con revisiones más estrictas de eficacia y seguridad, pero las restricciones vigentes reducen significativamente su disponibilidad. Y para los millones que no cumplen con el nuevo criterio de elegibilidad, la opción será pagar de su bolsillo —si logran encontrar un proveedor que se las aplique fuera de etiqueta—, lo que representa una barrera literal y simbólica a la salud pública.
El impacto de decisiones políticas en salud pública
La administración actual, encabezada por el Secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. y el nuevo Comisionado de la FDA Marty Makary, ha impuesto una filosofía más conservadora respecto a la vacunación universal. Ambos han expresado públicamente escepticismo sobre la necesidad de dosis anuales para todos.
"El pueblo estadounidense exigió ciencia, seguridad y sentido común. Este nuevo marco proporciona las tres cosas", escribió Kennedy en redes sociales. Sin embargo, la comunidad científica no siempre coincide. Para muchos expertos, estas nuevas barreras podrían aumentar el número de casos graves y exponer al sistema de salud a una presión innecesaria.
"Esto complicará las cosas, y cuando hay complicaciones, la tasa de vacunación disminuye", advirtió Pekosz.
¿Qué podemos esperar este invierno?
Expertos como Amanda Jezek, de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América, temen que el conjunto de restricciones y la confusión generalizada pongan en jaque al sistema hospitalario y al personal sanitario en medio de una nueva oleada invernal de COVID-19 y otros virus respiratorios.
"A largo plazo, todo esto ejercerá una enorme presión sobre la fuerza laboral sanitaria. El impacto en salud pública es profundamente preocupante", afirmó Jezek.
En última instancia, mientras las vacunas siguen salvando vidas, el acceso a ellas se ha vuelto más incierto que nunca. De la voluntad política, el apoyo institucional y la concienciación pública dependerá que millones de personas puedan protegerse eficazmente contra un virus que, aunque menos mortal que antes, aún dista de haber desaparecido.