Valentía en el deporte: Mitch Brown y la lucha por una AFL más inclusiva

El exjugador de la AFL rompe el silencio sobre su bisexualidad y los cambios urgentes que necesita la cultura del fútbol australiano

Un paso histórico en el fútbol australiano

En un gesto sin precedentes y de inmenso valor, Mitch Brown, exjugador profesional de la Australian Football League (AFL), ha dado un paso adelante al declarar públicamente su bisexualidad. Con esta revelación se convierte en el primer hombre, exjugador o en activo, en la historia de la AFL en identificarse abiertamente como bisexual o gay. Una decisión que, más allá del gesto personal, busca catalizar un cambio profundo en una cultura deportiva que, durante décadas, ha perpetuado patrones de hipermasculinidad y discriminación.

Brown, quien militó en los West Coast Eagles durante diez años, rompió su silencio en una entrevista con el medio The Daily Aus, en un momento en el que el fútbol australiano está atravesando momentos complicados derivados de sucesivos casos de homofobia dentro de la liga.

Una cultura del silencio

La cultura del Aussie Rules ha sido tradicionalmente cerrada y uniformadora. Mitch Brown lo describe como un entorno hipermasculino en donde "uno se vuelve muy bueno en esconder lo que realmente es". Confesó haber enterrado no solo su sexualidad, sino también sus ansiedades, preocupaciones y emociones —un mecanismo de supervivencia necesario para sobrevivir en los camerinos de la AFL.

"No se trata de mí," dijo el exjugador en una afirmación cargada de empatía. "Se trata de compartir mi experiencia para que otros puedan sentirse vistos".

Reacciones ante su confesión

Su declaración llega en un contexto inquietante: sólo la semana anterior, Izak Rankine, estrella de los Adelaide Crows, fue suspendido por cuatro partidos tras proferir un insulto homofóbico a un rival. Es el sexto caso de este tipo en la AFL en los últimos 16 meses. Esta estadística habla por sí misma y pone en evidencia que no se trata de incidentes aislados, sino de un problema estructural profundo.

Desde diferentes trincheras han surgido voces celebrando el coraje de Brown. Una de ellas es Erik Denison, científico del comportamiento en la Universidad de Monash, quien expresó: "Hay una gran diferencia cuando un exjugador de la AFL denuncia los problemas de cultura interna. Mitch es uno de los suyos, un 'bloke', y esa posición le da un poder que otros no tienen".

¿Por qué la AFL se quedó atrás?

La AFL es, sin duda, una de las competiciones más físicas y tradicionalistas. Una posible explicación de su atraso en temas de diversidad puede tener que ver con el hecho de que sus jugadores suelen tener perfiles físicos bastante similares, penalizando así la diferenciación. Este grado de uniformidad ha consolidado una cultura de conformidad que, según algunos especialistas, impide la emergencia de identidades diversas.

Mientras otros deportes —NFL, rugby league, rugby union o incluso el fútbol soccer— han visto a jugadores salir del clóset, la AFL permanecía inmóvil, sin un solo hombre abiertamente gay en 130 años de historia.

La importancia del cambio estructural

Mitch Brown no se ha limitado a una confesión personal; ha hecho un llamado claro a la acción estructural. Según él, no basta con castigar con suspensiones los actos discriminatorios. Se necesita un cambio real en la base cotidiana del lenguaje, comportamientos y dinámicas dentro de los clubs.

"Los cambios no pueden venir de fuera", sostiene el Dr. Denison. "El problema es el lenguaje del día a día, el humor y la cultura que se vive dentro de los vestuarios. Esto tiene que cortarse de raíz, y eso solo puede pasar con cambios intencionales promovidos desde dentro".

Pride Round: ¿un gesto simbólico o una oportunidad real?

Una de las propuestas más concretas para promover un entorno más inclusivo en la AFL es la Pride Round, una jornada exclusiva para visibilizar y apoyar a la comunidad LGBTQ+ en el deporte. Mientras que esta iniciativa ya es una realidad en la liga femenina —con los 18 equipos participando—, en la liga masculina sólo el Sydney Swans realiza un 'Pride Game' anual.

Bajo esta lógica, especialistas insisten en que la Pride Round debe evolucionar a una jornada oficial para todos los equipos, impulsada no solo desde la administración central de la AFL, sino también por las principales estrellas de la competición.

Una historia con eco global

El testimonio de Brown ha tenido resonancia internacional. En un mundo donde figuras como Carl Nassib (NFL), Jason Collins (NBA) o Gareth Thomas (rugby) ya han allanado el camino, la historia del exjugador australiano toca una fibra especial por tratarse de una disciplina auténticamente nacional y profundamente enraizada en la cultura australiana.

"Espero que esto inspire a otros chicos alrededor del país. Que digan 'me siento visto, tengo un referente'", comenta Brown.

Más allá del fútbol

La valentía de Brown pone sobre la mesa un tema fundamental: la salud mental de los deportistas. Es bien sabido que la represión de la identidad personal puede derivar en cuadros de ansiedad, depresión y aislamiento, problemáticas que afectan de forma silenciosa a muchos jugadores. Sus palabras también abren una conversación necesaria sobre la necesidad de espacios seguros y redes de apoyo dentro de los clubs profesionales.

"Me retiré a los 28 porque no podía mantener el equilibrio entre mi vida personal y mi carrera," confiesa. “Y eso le está pasando a muchos más de los que imaginamos”.

¿Qué viene ahora?

La AFL tiene ante sí una oportunidad única: pasar de la retórica a la acción. Mitch Brown les ha dado el empujón moral; ahora el reto es institucional. Implementar campañas educativas, fomentar el liderazgo inclusivo en los vestuarios, ofrecer apoyo psicológico y, sobre todo, escuchar activamente a las minorías dentro del deporte es esencial para cimentar una nueva era.

El legado de Mitch Brown no debe medirse por su número de partidos o goles, sino por el impacto social de su testimonio. En tiempos en donde los discursos de odio y el rechazo siguen haciendo mella en la vida de millones, la visibilización importa, y mucho.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press