Contaminación silenciada: la peligrosa historia detrás de la planta maderera de Stella-Jones en Oregon
Décadas de negligencia ambiental, encubrimientos regulatorios y una ciudad en riesgo por pentaclorofenol
Una alarma silenciosa en el río South Yamhill
Mike Hailey, un experimentado pescador de cangrejos de río en el noroeste de Oregón, sabía que algo andaba mal en el verano de 2023 cuando sus trampas estaban vacías río abajo de una instalación de tratamiento de madera en Sheridan. Allí, la empresa canadiense Stella-Jones Corporation había operado durante años en un sitio ya designado Superfund por contaminación antigua con pentaclorofenol, un químico altamente tóxico.
Mientras sus trampas río arriba se llenaban en una hora, las aguas hacia la ciudad parecían muertas. Hailey escribió una queja al Departamento de Calidad Ambiental de Oregon (DEQ), preguntando legítimamente si algo contaminaba el río South Yamhill. Nunca obtuvo respuesta. Sin embargo, los reguladores estatales y federales ya sabían de nuevas filtraciones tóxicas y, durante cuatro años, lo investigaban discretamente. Pero el público no tenía idea.
El veneno oculto: el pentaclorofenol y sus peligros
El pentaclorofenol es un conservante de madera que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) señala como potencialmente cancerígeno. Su uso se restringió en los años 80, y su toxicidad se asocia directamente con daños hepáticos, linfoma no Hodgkin, mieloma múltiple y alteración del desarrollo embrionario en especies acuáticas.
En 2001, el sitio en Sheridan fue designado como Superfund tras décadas de uso por parte de Taylor Lumber. Se retiraron cinco acres de suelo contaminado y se construyó una barrera subterránea para contener las aguas subterráneas tóxicas. Sin embargo, en 2011, bajo presión económica y con apoyo local, los reguladores levantaron la prohibición de usar pentaclorofenol. Apenas dos años después, Stella-Jones adquirió la planta. Y pronto comenzaron los problemas.
Una década de negligencia oficial
Stella-Jones fue multada moderadamente en años previos por vertidos ilegales (apenas $16,000 acumulados en 2015-2017), pero siguió operando prácticamente sin supervisión efectiva. En 2022, la EPA anunció un plan de eliminación progresiva de pentaclorofenol para 2027, reconociendo que sus riesgos superan cualquier beneficio. Y, sin embargo, Stella-Jones siguió presentando vertidos contaminados de aguas pluviales en los inviernos de 2022, 2023 y 2024.
En los primeros tres meses de 2024, la compañía acumuló 14 infracciones más. Una de las más graves fue un derrame de 2,400 galones de una mezcla de diésel y sustancias químicas tóxicas en agosto de 2023, que alcanzó el sistema de alcantarillado de Sheridan. No obstante, la DEQ aún no ha emitido ninguna sanción civil significativa.
¿Quién protege a Sheridan?
La respuesta corta: nadie. Durante años, ni el DEQ ni la EPA comunicaron adecuadamente los peligros al público. El informe preliminar de la EPA indica que la contaminación por dioxinas y furanos –subproductos más cancerígenos aún que el pentaclorofenol– no solo afecta el sitio industrial, sino también una guardería cercana, un hogar y el arroyo adyacente. Algunas concentraciones eran miles de veces superiores al límite de exposición establecido por Oregón.
A pesar de ello, DEQ asegura que “no hay impactos inaceptables”, una declaración ampliamente criticada por grupos ambientales. “No hay nada sutil en la ausencia total de cangrejos de río”, declaró la activista Nina Bell. “Ese solo hecho ameritaba acción inmediata.”
Justicia a medias y multas simbólicas
En agosto de 2025, Stella-Jones se declaró culpable de 10 delitos menores por contaminación del agua. Como parte de un acuerdo con la fiscalía, pagará hasta $250,000 —menos del 0,1% de los $230 millones en beneficios netos que tuvo la empresa ese año. El CEO, Eric Vachon, declaró que “la empresa se compromete con el cumplimiento ambiental”, aunque ha negado gran parte de las violaciones en comunicados oficiales dirigidos a reguladores.
La compañía incluso culpó a la EPA por la falla en contener contaminación antigua, buscando desvincularse de su propia responsabilidad. Pero datos del borrador del informe EPA señalan claramente que vertidos recientes de Stella-Jones son los causantes de gran parte de los nuevos focos de contaminación.
Una historia que se repite: el caso de J.H. Baxter
La historia de Sheridan tiene un preocupante paralelismo con lo ocurrido en Eugene, Oregón, donde la planta de tratamientos de madera de J.H. Baxter generó problemas de salud documentados en la comunidad. Tras años de denuncias ciudadanas, en 2023 se reconoció oficialmente como sitio Superfund, se emitieron estudios de cáncer y, eventualmente, el presidente de la empresa fue sentenciado a 90 días de prisión.
¿Podría Sheridan enfrentar el mismo destino? Aún no se sabe. Aunque el South Yamhill River es fuente de agua potable y hábitat de peces en peligro (como el salmón coho), no se han publicado estudios sobre impacto en salud pública. La ciudad no ha probado pentaclorofenol desde 2022 y no monitorea la presencia de dioxinas en agua potable.
El peso de la inacción
En palabras de Ian Houston, concejal de Sheridan: “No hay mucho más que decir que uno espera que alguien haga algo”.
Esta apatía oficial tiene consecuencias reales. Los ecosistemas del South Yamhill podrían estar colapsando. La salud humana está en juego. Y mientras Stella-Jones actualiza su sistema de tratamiento para cumplir con las exigencias de su libertad condicional, sus reservas multimillonarias le permiten sortear sanciones sin mayor preocupación.
Si Sheridan no encuentra en sus ciudadanos una voz activa, como lo hicieron los vecinos de Eugene, la historia de contaminación y enfermedad parecerá más inevitabilidad que accidente.
Como dijo Arjorie Arberry-Baribeault, activista de Beyond Toxics: “Esas figuras en sus gráficas no son solo símbolos. Son personas. Uno de ellos fue mi hija.”
La ciudadanía no puede esperar más. La transparencia, la rendición de cuentas y la acción son aún más necesarias que la próxima lluvia en Oregon.