El museo Van Gogh en peligro: ¿puede Europa permitirse perder un ícono cultural?

Una joya del arte corre riesgo por falta de financiamiento estatal, mientras se reaviva el debate sobre la responsabilidad gubernamental hacia el patrimonio cultural

Un museo icónico al borde del abismo

Desde su inauguración en 1973, el Museo Van Gogh en Ámsterdam ha representado mucho más que una institución artística. Es un santuario para millones de admiradores del postimpresionismo, un hogar para algunas de las obras más reconocibles de Vincent van Gogh, como Los comedores de patatas, Flor de almendro y el célebre Jarrón con girasoles. Pero hoy, este templo del arte enfrenta una amenaza existencial: su edificio principal, de 50 años, necesita reparaciones de gran envergadura. Según su directora, Emilie Gordenker, sin el apoyo financiero del gobierno neerlandés, el museo tendrá que cerrar parcialmente o incluso por completo.

La magnitud del problema

El Museo Van Gogh ha recibido casi 57 millones de visitantes desde su apertura. Sin embargo, el paso del tiempo ha dejado huella en su infraestructura. Las reparaciones urgentes necesarias incluyen sistemas de climatización, ascensores, instalaciones sanitarias y una renovación estructural que asegure la conservación de sus obras maestras.

El coste de estas remodelaciones se estima en 104 millones de euros (alrededor de 121 millones de dólares), y se proyecta que las obras podrían comenzar en 2028, con una duración aproximada de tres años. Durante ese periodo, el museo tendría que cerrar total o parcialmente, lo cual afectaría gravemente sus ingresos por entradas, que representan una fuente crucial para su operación.

¿Un deber estatal incumplido?

La disputa entre el museo y el gobierno holandés no gira solamente en torno al dinero, sino a una obligación histórica y moral. En 1962, la familia de Vincent van Gogh decidió confiar su valioso legado a la Fundación Vincent van Gogh con el entendimiento de que el gobierno neerlandés construiría y mantendría un museo para su exposición.

"Lo único que pedimos —declara Gordenker— es que nos ayuden a financiar el mantenimiento básico". No se trata de una ambiciosa expansión ni de instalaciones de última generación. Es literalmente la base sobre la cual se sostiene uno de los museos más visitados del mundo.

Un desacuerdo monetario con implicaciones culturales

El Ministerio de Educación, Cultura y Ciencia ha respondido que el subsidio que ya recibe el museo es "suficiente para realizar el mantenimiento necesario". Sin embargo, esta posición ha sido rechazada por la administración del museo, la cual ha llevado el caso a los tribunales neerlandeses. Se espera una audiencia en febrero de 2025.

La reacción del ministerio se basa en estudios comisionados por ellos mismos, y aunque es común que las instituciones apelen decisiones sobre subsidios, este caso es particularmente delicado por el peso simbólico y cultural del museo.

Una relación económica y cultural con peso internacional

La situación del Museo Van Gogh no sólo es un asunto local o nacional. Este museo es un pilar del turismo cultural internacional y una locomotora económica para Ámsterdam. Según datos de Statistics Netherlands, el turismo cultural representa cerca de un 6% del PIB del país. En 2019, previo a la pandemia, el Museo Van Gogh fue el segundo más visitado de los Países Bajos, con más de 2.1 millones de visitas anuales.

Más allá del turismo, está en juego el rol de los museos como conservadores de la memoria humana. ¿Acaso pueden los gobiernos permitirse el lujo de desatender instituciones que guardan la identidad cultural de la humanidad?

Un espejo para el resto del mundo

Lo que sucede en Ámsterdam refleja un dilema mayor que enfrentan muchas instituciones culturales en el resto del mundo: la financiación sostenible del arte y la cultura en tiempos de estrechez fiscal. ¿Debe el Estado sostener estas estructuras patrimoniales? ¿Es legítimo esperar que se autofinancien mediante taquillas, mercadotecnia y donaciones privadas?

La situación no se limita al Van Gogh. El Rijksmuseum, también en Ámsterdam, estuvo cerrado durante una década por renovaciones que costaron más de 375 millones de euros. Pero, con respaldo estatal, emergió revitalizado y más accesible que nunca. Entonces, ¿por qué esta reticencia actual con el Van Gogh Museum?

La crisis invisible: el mantenimiento no es glamuroso

Uno de los elementos más complejos del caso radica en que lo que se necesita no son nuevas salas de exposición ni mecánicas monetizables. "No es algo sexy, como construir una nueva ala", afirma Gordenker. Se trata de conductos de ventilación, tuberías y elevadores; elementos sin los cuales ningún museo puede garantizar condiciones de conservación para obras de arte de valor incalculable.

De hecho, el control de temperatura y humedad en los museos modernos es clave: muchos pigmentos y tipos de lienzo responden con sensibilidad extrema al ambiente. Una falla en climatización podría dañar irremediablemente piezas únicas, como aquellas escritas de puño y letra por Van Gogh, o sus famosos autorretratos.

Un llamado internacional para salvar el arte

¿Hasta qué punto debería la comunidad internacional involucrarse? ¿Podrían organizaciones como la UNESCO o el Consejo de Europa intervenir o mediar en la defensa de estos espacios esenciales para la identidad común?

Históricamente, se han movilizado recursos globales para la restauración de Patrimonios de la Humanidad. El Museo Nacional de Brasil, que se incendió en 2018, recibió apoyo internacional para su reconstrucción. ¿Será el caso del Van Gogh Museum el próximo en recibir atención colectiva?

Van Gogh: un artista que rompió barreras

La ironía de esta situación también radica en el propio legado de Van Gogh. Rechazado en vida y sufrido en su salud mental, Van Gogh vendió sólo una obra mientras estuvo vivo. Hoy, sus cuadros alcanzan cifras que superan los 100 millones de dólares. En 2022, su obra "Orchard with Cypresses" fue subastada en Sotheby’s por 117 millones.

Que las obras de uno de los artistas más valorados y universales estén en peligro por filtraciones en baños o fallos eléctricos, parece insultante tanto para su figura como para los cientos de miles de personas que encuentran consuelo e inspiración en su arte.

Una decisión urgente: priorizar lo que define a una sociedad

El debate sobre la responsabilidad estatal frente al arte no es nuevo, pero el caso Van Gogh pone el tema sobre la mesa de manera urgente y patente. Las obras permanecerán para la historia, pero las condiciones en las que se presenten, se deterioren o sobrevivan, son nuestra responsabilidad. La cultura, aunque no siempre genere dividendos tangibles de corto plazo, crea el tejido que define la identidad colectiva.

"Si no atendemos el mantenimiento urgente, vamos a tener que cerrar", sentencia la directora del museo. No se trata sólo de infraestructura: es una declaración de principios. ¿Qué tan importante es para nosotros proteger el legado de uno de los mayores artistas que ha producido la humanidad?

La respuesta marcará un precedente no sólo para Holanda, sino para Europa y el resto del mundo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press