Purga en la EPA: Protestas, despidos y el silenciado debate ambiental en EE. UU.

El despido de empleados por disentir de la gestión de la EPA bajo la administración Trump desencadena preocupación sobre derechos laborales, censura y el futuro de la protección ambiental

Una nueva batalla por la verdad dentro del gobierno estadounidense

En un ambiente político cada vez más polarizado en Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) se ha convertido en el epicentro de una tormenta institucional que rebasa los límites del silencio burocrático. Al menos ocho empleados, entre ellos científicos y expertos técnicos, han sido despedidos tras firmar una carta de protesta en la que cuestionaban las decisiones y el rumbo que ha tomado la EPA bajo la gestión del administrador Lee Zeldin y el expresidente Donald Trump.

La carta, respaldada por más de 170 trabajadores, denuncia el desmantelamiento progresivo de la misión institucional de la EPA: proteger la salud humana y el medio ambiente. Lo que empezó como un gesto de valentía moral y técnica se convirtió en un despido masivo que, según dirigentes sindicales, representa un acto de represalia política sin precedentes.

“Esto es un ataque directo a los derechos laborales y la libertad de expresión”, denunció Justin Chen, presidente del Consejo 238 del sindicato AFGE, que representa a miles de trabajadores de la EPA.

De héroes del planeta a víctimas de la censura institucional

Tras la publicación de la carta de disenso el pasado 30 de junio, en la que se alertaba que la agencia ya no cumple su misión constitucional y técnica, la EPA puso en licencia administrativa a 139 empleados. Desde entonces, al menos ocho han sido despedidos formalmente, y muchos otros enfrentan medidas disciplinarias internamente.

Según el sindicato, las represalias alcanzan disciplinas que oscilarían entre traslados forzados, órdenes de no contacto institucional y campañas internas de desprestigio profesional. Los afectados incluyen expertos en clima, salud pública, desastres naturales e ingeniería química.

“Somos trabajadores públicos, no funcionarios políticos, y la misión de la EPA no cambia según el humor del presidente en turno”, dijo en un comunicado uno de los empleados despedidos que pidió anonimato por temor a represalias legales.

Aunque algunos trabajadores eran aún empleados en periodo de prueba, al menos dos de ellos tenían estatus de carrera, lo que significaría que el despido debe justificarse mediante procedimientos legales rigurosos. Según The Washington Post, la decisión fue comunicada sin audiencia previa ni mecanismos de apelación inmediata.

¿Qué decía la carta que encendió la furia en la EPA?

La declaración de disenso, un documento poco común en la historia administrativa moderna estadounidense, señalaba explícitamente que la gestión Zeldin-Trump había comprometido “gravemente” los principios fundamentales de la agencia:

  • Reducción drástica de presupuestos para investigación climática y química.
  • Desmantelamiento del brazo de investigación y desarrollo de la EPA.
  • Presión política en informes científicos sobre calidad del aire y del agua.
  • Obstrucción a las políticas contra el cambio climático impulsadas por acuerdos internacionales.

“No buscamos sabotear nada. Buscamos que esta agencia cumpla su deber constitucional y técnico con el pueblo estadounidense”, expone una de las frases más citadas del documento original.

La purga ambiental: reducción de más de 3,700 empleados

Desde enero, la EPA ha reducido su plantilla en casi un 23%, pasando de 16,200 empleados a menos de 12,500. Entre los departamentos más afectados se encuentran los dedicados a investigación sobre contaminación del agua, controles industriales de residuos y respuesta rápida a desastres climáticos.

Este tipo de medidas alarmaron incluso a otros organismos hermanos. Más de 180 empleados actuales y antiguos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) firmaron una carta similar esta última semana, advirtiendo que su capacidad para responder a desastres naturales se encuentra “seriamente disminuida” debido a recortes presupuestarios y despidos masivos.

“Estamos enfrentando un debilitamiento institucional que pone en peligro a millones de personas ante futuras emergencias climáticas”, señaló uno de los firmantes de FEMA.

Polarización política y un legado ambiental erosionado

Con el despido de científicos y técnicos altamente calificados, la EPA se enfrenta al riesgo de convertirse en una agencia que sirve no al interés público, sino a los objetivos ideológicos de quienes gobiernan temporalmente.

El exadministrador de la EPA, William Reilly (1990-1993), alertó en una entrevista para NPR que esta situación marca el punto más bajo en la credibilidad histórica de la agencia: “Incluso en los años de Reagan o Bush, nunca se persiguió a empleados de carrera por firmar una carta interna o expresar preocupaciones sobre el rumbo técnico de la agencia.”

Para expertos en derechos laborales y transparencia gubernamental, como Tom Devine, director legal del Government Accountability Project (GAP), este tipo de medidas implican una censura institucional que viola no solo los preceptos democráticos del país, sino también tratados internacionales laborales firmados por EE. UU.

La narrativa gubernamental: “cero tolerancia al sabotaje”

No obstante, para los voceros institucionales de la EPA, el despido se justifica. Molly Vaseliou, portavoz oficial, declaró que aquellos empleados estaban “tratando de engañar y asustar al pueblo estadounidense con información imprecisa.”

“Tenemos una política de cero-tolerancia hacia empleados que utilicen su posición institucional para socavar de forma ilegal la voluntad del pueblo, expresada en las elecciones de noviembre pasado”, agregó.

Pero ¿cuánto de protesta técnica puede interpretarse como sabotaje ideológico? Y más aún, ¿de quién es la voluntad que se ejecuta cuando se reduce una institución dedicada al medio ambiente a su mínima expresión?

De disidentes a héroes anónimos del ambientalismo

Muchos de los empleados despedidos o disciplinados permanecen en silencio, no por falta de convicción, sino por temor real a perder sus carreras, sus ahorros, sus pensiones. Algunos han comenzado a colaborar con organizaciones no gubernamentales como Earthjustice o Sierra Club para continuar su labor ambiental desde el margen.

“Nos echaron de la agencia, pero no del deber ético que tenemos con nuestro planeta”, asegura un exingeniero ambiental despedido y hoy activista freelance.

Voces independientes han iniciado campañas internacionales de denuncia, comparando lo sucedido con purgas similares ocurridas en Brasil, Hungría y Turquía, países que en la última década politizaron las instituciones técnicas y ambientales de forma sistemática.

¿Qué sigue para el ambientalismo institucional en EE. UU.?

La controversia dentro de la EPA no solo revela una crisis laboral, sino también un dilema sobre el lugar que tiene la ciencia en los gobiernos democráticos. Cuando las decisiones técnicas se subordinan al capricho político, el ecosistema de gobernanza se ve afectado y, con ello, la confianza del ciudadano.

Si bien la administración actual promovió estas medidas con respaldo legal, el debate ético queda abierto: ¿puede una agencia creada para defender a la ciudadanía despedir a sus héroes técnicos por ejercer su derecho a la expresión?

El resultado de esta historia aún no está escrito, pero lo cierto es que la purga de la EPA se ha convertido ya en un precedentes crítico para toda institución técnica del gobierno de EE. UU., marcando nuevos límites a la disidencia profesional y científica.

La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿quién protegerá ahora al medio ambiente, si quienes lo defienden desde adentro ya no están?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press