El rostro silenciado de la guerra: Mariam Dagga y el periodismo como blanco

Entre escombros, cámaras y balas: la historia de una periodista palestina asesinada y la creciente censura mortal al ejercicio informativo en Gaza

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Una mirada entre los escombros

La última imagen captada por Mariam Dagga no fue un retrato, ni un paisaje pacífico. Era un testimonio: una fotografía del destrozado tramo de escaleras del hospital Nasser, en Gaza. En esa misma escalera, instantes después, fue asesinada. Ella no portaba armas ni amenazaba; portaba una cámara y un chaleco con la insignia Press. Su delito: documentar una guerra cada vez más hostil hacia quienes narran la verdad.

Mariam, de 33 años, trabajaba como periodista visual independiente. Colaboró con diversas agencias internacionales, incluyendo la AP. Pero a mediados de 2024, su historia culminó entre los cuerpos sin vida de otros colegas, víctimas de un ataque israelí al hospital donde se habían refugiado durante semanas para cubrir la actual guerra que azota la Franja de Gaza desde el 7 de octubre de 2023.

La cifra impensable: casi 200 periodistas han muerto

Según Reporteros Sin Fronteras y otros organismos internacionales, el conflicto en Gaza se ha convertido en uno de los más mortales del mundo para los periodistas. Desde el inicio de la ofensiva israelí tras el ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, al menos 197 trabajadores de medios han muerto. Entre estos, más del 95% eran palestinos.

La mayoría fueron víctimas mientras cubrían historias en el terreno, ya fuera mientras documentaban bombardeos, entrevistaban a víctimas de desplazamiento forzado o simplemente informaban sobre la crisis humanitaria. El caso de Mariam representa más que una tragedia: es parte de una tendencia creciente de ataques —con o sin justificación— contra la prensa en zonas de conflicto.

“No asesinen la verdad”

El 26 de julio de 2024, cientos de personas salieron a las calles de Nazaret, dentro de Israel, para rendir homenaje a periodistas como Mariam. Llevaban pegatinas azules con la palabra Press. Gritaban frases como “El periodismo no es un crimen” y portaban pancartas que decían: “No asesinen la verdad”.

La marcha no solo fue un símbolo del dolor colectivo; fue también una protesta contra lo que muchos analistas y defensores de derechos humanos consideran una “guerra paralela” que se libra contra la información y la documentación de los hechos.

El contexto: una guerra que no da tregua

La guerra comenzó el 7 de octubre de 2023, cuando milicianos de Hamas lanzaron un ataque sorpresa en territorio israelí, matando a unas 1,200 personas y secuestrando a más de 250. En represalia, el gobierno israelí lanzó una operación militar masiva sobre Gaza, que según el Ministerio de Salud del enclave, ha matado a más de 63,000 personas, en su mayoría civiles, entre ellos miles de mujeres y niños.

Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han documentado numerosos bombardeos contra instalaciones civiles, incluyendo hospitales, escuelas y hogares particulares. Aunque Israel argumenta que muchos de estos objetivos ocultan infraestructuras de Hamas o se utilizan como centros de comando, las pruebas ofrecidas son escasas o no concluyentes.

Mariam en primera línea

No era la primera vez que Mariam trabajaba en condiciones extremas. En años previos, cubrió otros bombardeos, desplazamientos y crisis humanitarias. Sin embargo, este conflicto desplegó una brutalidad inédita. Junto a sus colegas, se atrincheró en el hospital Nasser, en Khan Younis, uno de los pocos centros sanitarios en funcionamiento.

Allí fue testigo del desfile constante de cadáveres, de niños deshidratados por la falta de agua potable y de médicos tratando de operar sin anestesia. Documentó salas colapsadas y cadáveres envueltos en mantas. Sus imágenes formaron parte de reportajes transmitidos en todo el mundo. Y fue precisamente en ese punto donde fue asesinada.

“La vi por última vez en las escaleras. Me miró y me sonrió. Luego... todo explotó”, recuerda su hermana, Nada, que también se encontraba en el lugar.

¿Quién dispara al mensajero?

Israel afirmó que el ataque al hospital había sido dirigido a una “posible cámara de vigilancia de Hamas” ubicada allí. Pero no presentó evidencia concreta. Para el padre de Mariam, eso no basta. Lo que sí sabe con certeza, dice, es que su hija no era un blanco legítimo.

“Me dijeron que Mariam fue martirizada. Me derrumbé. No podía caminar. Ella solo quería mostrar al mundo lo que estaba pasando aquí.”

Las reglas de guerra —según los Convenios de Ginebra— protegen expresamente a los periodistas en zonas de conflicto, siempre que no participen activamente en las hostilidades. Sin embargo, esta protección ha sido cada vez más ignorada.

El Reino Unido responde: sin invitación para Israel

Ante el creciente número de víctimas civiles y escrutinios por presuntas violaciones del derecho internacional, el gobierno del Reino Unido tomó una medida drástica en julio de 2024: prohibió la participación de funcionarios del gobierno israelí en su principal feria de armamento, DSEI UK 2025.

“El gobierno israelí está llevando esta operación militar a un nivel inaceptable”, dijo el primer ministro británico Keir Starmer, quien además reiteró su interés en reconocer formalmente al Estado palestino si Israel no cumple con un alto el fuego y una hoja de ruta para la paz.

La feria de defensa DSEI, que reúne a las empresas más importantes del sector armamentístico global, seguirá abierta a fabricantes israelíes privados, pero el Reino Unido deja clara su postura diplomática al vetar cualquier representación oficial del estado de Israel.

El Ministerio de Defensa israelí calificó esta decisión de “discriminatoria” y “política”. Aun así, las protestas previstas durante el evento y la presión de la sociedad civil indican que la imagen internacional de Israel está siendo erosionada, incluso entre sus aliados cercanos.

Entre el silencio y la memoria

Mariam Dagga no es solo un número en las estadísticas. Era hermana, hija, profesional comprometida. Su historia —y la de decenas más— debería constar en la memoria colectiva de una época en la que informar puede costar la vida.

En Palestina, los periodistas no se esconden detrás de escritorios. Caminan entre ruinas, con el riesgo de que cada toma sea la última. Su único escudo es un chaleco con letras blancas. Pero incluso eso, parece, ya no protege más.

Mientras el mundo debate sobre diplomacia, paz y crímenes de guerra, alguien tiene que contar estas historias. Aunque les cueste la vida.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press