El Maratón de Chicago bajo sombra migratoria: una carrera de resistencia y derechos
Mientras miles se preparan para correr por las calles de Chicago, el temor a operativos de ICE afecta a participantes, comunidades y la economía local
Una carrera entre la vigilancia y la celebración
El Maratón de Chicago, uno de los eventos deportivos más esperados en Estados Unidos, ha tomado este año un matiz inesperado: el temor a ser blanco de las políticas migratorias. Lo que debería ser una jornada dedicada a la superación, la unidad y el deporte, para muchos corredores se ha convertido también en un día de tensión.
Michael Guidotti, un corredor de 31 años con ascendencia hispana, resume el sentimiento de muchos al portar su licencia de conducir durante cada entrenamiento desde el verano. "Vengo de un ámbito hispano y tengo la piel oscura", comentó Guidotti, consciente de que las recientes tácticas de inmigración del gobierno podrían convertirlo en sospechoso sólo por su apariencia.
¿Una amenaza real o paranoia colectiva?
Las dudas sobre la posible presencia de agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en el evento surgieron con fuerza durante las semanas previas al maratón. La inquietud creció tanto que los organizadores del evento enviaron un correo electrónico a los participantes remitiéndolos a una página de "Conozca sus derechos" en el sitio web de la ciudad.
Sin embargo, la vocera de ICE, Tanya Roman, calificó estos rumores como "absurdos": "Es ridículo suponer que ICE realizaría operativos intencionales para interrumpir el maratón de Chicago", afirmó.
Aun así, en una entrevista reciente, Kristi Noem, directora del Departamento de Seguridad Nacional (del cual depende ICE), declaró que oficiales de inmigración estarían "por todas partes" durante el próximo Super Bowl. Aunque el contexto de seguridad es diferente, esas declaraciones solo atizaron aún más los temores entre los participantes del maratón.
Un evento de escala mundial marcado por la incertidumbre
El Banco de Información del Maratón de Chicago revela cifras impresionantes: en 2022 hubo más de 52,000 finalistas, de los cuales cerca de 15,000 eran internacionales. México fue el país con mayor representación extranjera (3,790 corredores), seguido por el Reino Unido (2,814), Canadá (2,442) y Brasil (1,811).
Más de un millón de personas se alinean en las calles para animar a los corredores, recorriendo 29 vecindarios, incluyendo Pilsen, una histórica comunidad latina conocida por su energía y apoyo musical con mariachi incluido.
No obstante, la atmósfera este año es distinta. Enrique Rivera, líder del club de corredores Venados Running Club, afirmó: "Estoy absolutamente seguro de que muchas personas se quedarán en casa", en referencia al temor a operativos de ICE. Muchos vendedores ambulantes, temiendo ser arrestados o interrogados, también han optado por no salir.
Una comunidad en estado de alerta
Numerosas agrupaciones de corredores, como el club de Rivera, han promovido estrategias como correr en grupo, llevar consigo documentos legales y tener a mano contactos importantes. "Hay algo en el ambiente que dice: 'esto no se siente bien'", expresó Rivera.
Otro participante, Amar Shah, de ascendencia india y residente de toda la vida en los suburbios de Chicago, también expresó sus inquietudes. "Soy ciudadano, pero soy moreno, tengo barba. Podría coincidir con el perfil que están buscando", comentó.
Impacto económico: turismo que no llega, ventas que no se hacen
Michael Rodriguez, concejal del Distrito 22 de Chicago —una zona predominantemente latina—, advirtió que los rumores sobre operativos migratorios podrían impactar negativamente en el evento.
“Estoy preocupado por los cientos o miles de individuos de otras ciudades o países que podrían decidir no venir”, afirmó. Y no es para menos: cada corredor y visitante representa ingresos para hoteles, restaurantes y negocios locales. La posibilidad de perder ese flujo económico es más que simbólica. En 2021, se estimó que el maratón generó $386 millones para la economía local, según la Cámara de Comercio de Chicago.
Una tradición bajo riesgo
El maratón de Chicago ocupa un lugar de honor en el circuito global. Forma parte de las World Marathon Majors, una élite de seis maratones junto con los de Boston, Londres, Berlín, Tokio y Nueva York. Es mucho más que una carrera: es una celebración de diversidad, tenacidad y fortaleza colectiva.
La alcaldía, liderada por Brandon Johnson, ha tratado de ofrecer garantías. “Tenemos registrados a casi 3,000 corredores mexicanos y queremos que todos puedan venir”, señaló. Además, enfatizó la capacidad de la ciudad para organizar eventos de gran escala con medidas de seguridad estratégicas.
La militarización del espacio civil
Desde la llegada de Donald Trump al poder, Chicago se ha convertido en uno de los principales blancos de la política migratoria federal. Las redadas, las detenciones y la presencia del ejército en defensa de propiedades federales han modificado el paisaje urbano, generando miedo y desconfianza incluso entre ciudadanos estadounidenses.
Grupos defensores de derechos humanos acusan a ICE de perfiles raciales y operativos indiscriminados, que en ocasiones incluyen la detención de personas con residencia legal e incluso ciudadanos.
Un maratón que pone en evidencia la tensión racial y política
Para muchos, la falta de confianza en las garantías ofrecidas por ICE y DHS no proviene de rumores infundados, sino de experiencias previas. Casos como el de Chicago no son aislados: en ciudades como Portland o Los Ángeles, operativos de inmigración han derivado en protestas intensas y desproporcionadas respuestas policiales.
La participación en actos públicos se ha convertido, para algunos, en un acto de riesgo. Y en este contexto, el Maratón de Chicago representa más que un evento deportivo: es también un termómetro social que revela las divisiones y tensiones que atraviesan a Estados Unidos.
Correr como forma de resistencia
Guiarse por rumores puede parecer irracional, pero ignorar la historia reciente y los patrones de represión puede ser ingenuo. Ante la incertidumbre, muchos han optado por prepararse, por correr con documentos, por avisar rutas, por evitar zonas con alta presencia policial. Es una nueva forma de resistencia.
Para Guidotti, el simple acto de correr se vuelve una declaración: "Estoy aquí. Pertenezco. Y no voy a vivir con miedo".
Chicago, la ciudad del viento, la del jazz, la de los inmigrantes, enfrenta un nuevo desafío: equilibrar seguridad y libertad, vigilancia y hospitalidad. Y si bien la política puede enrarecer el aire, hay algo que todavía lo atraviesa con fuerza: los pasos determinados de miles de atletas decididos a cruzar la meta.
