El retorno forzado a Gaza: una tregua llena de incertidumbre

Tras un alto al fuego entre Israel y Hamás, miles de palestinos caminan hacia las ruinas de sus hogares con la esperanza de comenzar de nuevo

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Una tregua siempre es un suspiro de alivio en medio de una guerra, pero en Gaza, incluso un cese al fuego trae consigo más preguntas que respuestas. El reciente acuerdo entre Israel y Hamás ha provocado un masivo y desesperado retorno de miles de palestinos desplazados que vuelven a pie hacia el norte de la franja. Lo que hallan, sin embargo, no son hogares esperándolos, sino ruinas, incertidumbre y huellas imborrables de una tragedia humana de proporciones históricas.

Un retorno masivo: esperanza en marcha

Desde el viernes, una marea humana comenzó a llenar la carretera costera del centro de Gaza. Con mochilas, sacos y hasta bicicleta en mano, adultos y niños se dirigen hacia lo que algún día llamaron hogar. Pese a la devastación, muchos se aferran a la mínima esperanza de volver a levantar su vida. Como expresó Jamal Mesbah, desplazado del norte de Gaza:

“No hay mucha alegría, pero el alto al fuego al menos alivia el dolor psicológico que sentimos por tanto derramamiento de sangre.”

Más de dos años de horror

El conflicto que arrancó el 7 de octubre de 2023, cuando combatientes liderados por Hamás atacaron territorio israelí y desencadenaron una respuesta militar masiva, ha sido uno de los episodios más cruentos en la historia reciente del Medio Oriente. Según datos del Ministerio de Salud de Gaza —considerado confiable por la ONU a pesar de su vínculo con Hamás—, más de 67,000 palestinos murieron y cerca de 170,000 resultaron heridos. La mitad de las víctimas eran mujeres y niños.

En ese mismo ataque inicial, murieron cerca de 1,200 personas en Israel y 251 fueron tomadas como rehenes.

Un acuerdo frágil y con muchas incógnitas

El alto al fuego se logró en el marco de un acuerdo que incluye el intercambio de los rehenes sobrevivientes por prisioneros palestinos detenidos en cárceles israelíes. Fue respaldado por el gabinete de guerra de Israel, con mediación internacional encabezada por Estados Unidos. Y aunque ha traído algo de calma, la gran pregunta sigue siendo quién gobernará Gaza después del conflicto.

La ofensiva israelí destruyó gran parte de la infraestructura del enclave, desplazando al 80% de la población, según informes de Naciones Unidas. También provocó una crisis humanitaria sin precedentes, llevando incluso al hambre a distintas regiones de Gaza.

¿A dónde volver cuando todo está destruido?

El espíritu de retorno es fuerte, pero la realidad en el terreno muestra otra cara. Fatma Radwan, quien volvió al este de Jan Yunis buscando algo de consuelo entre sus pertenencias, se encontró con lo que describe como un cementerio de escombros:

“No quedaba nada, solo algo de ropa, trozos de madera y cacerolas. La destrucción era total.”

Algunos refugiados, como Mahmoud Sharkawy, decidieron esperar unos días más antes de regresar a sus ciudades natales. Fiel a la lógica del conflicto, muchos no se sienten convencidos de que la paz, por ahora, sea más que un espejismo:

“Planeo volver a Ciudad de Gaza, pero no ahora. Esperaré unos días para asegurarme de que sea seguro regresar.”

Una historia repetida, una resistencia interminable

Para los habitantes de Gaza, este conflicto ha revivido ciclos de violencia que parecen no tener fin. Las guerras anteriores en 2008-2009, 2012, 2014 y 2021 ya habían dejado cicatrices profundas. Sin embargo, esta guerra en particular, por su duración de casi dos años y la magnitud del daño, es posiblemente la más destructiva del último siglo para Gaza.

Algunos analistas la comparan con episodios tan devastadores como la ofensiva alemana sobre Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial, dadas las condiciones extremas a las que ha sido sometida la población civil: hambre, desplazamiento, enfermedades y bombardeos continuos.

Humanidad bajo los escombros

Además de los daños físicos, el conflicto ha fragmentado familias por generaciones. Menores huérfanos, hogares arrancados de sus cimientos, traumas invisibles que no serán fáciles de sanar. Nawal Aboul Deeb, visiblemente emocionada mientras cargaba a su nieta, ofreció un grito desesperado:

“Queremos que la tregua perdure. Eso es lo que esperamos. ¡Basta de desplazamientos! ¡Tengan piedad de nosotros!”

¿Reconciliación o próxima catástrofe?

Mientras avanza este cese al fuego, las potencias internacionales ya trabajan en una hoja de ruta para la reconstrucción y gobernabilidad de Gaza. Pero los frentes están divididos: Israel aún ve a Hamás como una amenaza que debe ser eliminada; Hamás se considera el único defensor de la causa palestina en Gaza; y la Autoridad Nacional Palestina, marginada y debilitada, no logra posicionarse como una alternativa viable.

Por su parte, la comunidad internacional enfrenta el desafío de reconstruir una Gaza colapsada sin alimentar nuevamente el ciclo de violencia. Las ONGs recuerdan que reconstrucciones anteriores sirvieron de poco ante la repetición de conflictos cada pocos años. Sin compromisos firmes y cooperación multilateral sostenida, lo construido seguirá cayendo.

La vida en carpas

El regreso masivo a Gaza no significa que los retornados podrán habitar inmediatamente sus antiguos hogares. Muchos —como Ala Khandour— simplemente intentan encontrar un rincón donde refugiarse:

“Quiero regresar al norte y encontrar un lugar donde refugiarme con mis hijos. Ojalá podamos entrar al menos a una escuela o campamento.”

Se estima que alrededor de 1.9 millones de palestinos han sido desplazados internamente en Gaza en los últimos dos años, casi toda la población, según cifras de la ONU. Carpas improvisadas, techos de lona, escuelas colapsadas sirviendo de viviendas son el nuevo normal.

¿Alto al fuego o pausa estratégica?

Muchos temen que este alto al fuego no sea realmente un final, sino una pausa estratégica. Las ofensivas anteriores entre Israel y Hamás siguieron ese mismo patrón: treguas, reagrupamientos, reclutamiento y, finalmente, nueva escalada.

El analista palestino Tarek Bakri comenta:

“Sin un acuerdo político real, todas las treguas están condenadas. Lo que se necesita no es solo dejar de disparar, sino un pacto que garantice derechos humanos, soberanía y seguridad para ambas partes.”

La urgencia de una solución permanente

Lo que sucede hoy en Gaza debería resonar más allá de las fronteras regionales. La comunidad internacional, con Estados Unidos, Egipto y Qatar como principales mediadores, tiene en sus manos la posibilidad de evitar otro ciclo sangriento.

Lo que está en juego no solo es la reconstrucción de Gaza, sino también la legitimidad del derecho internacional humanitario. Si la comunidad internacional no logra proteger a los civiles y hacer cumplir las leyes de la guerra, el precedente será devastador para futuros conflictos.

Gaza no es solo un territorio devastado: es un símbolo. Un espejo roto que refleja la ausencia de humanidad, pero también la resistencia indomable de un pueblo que sigue caminando de vuelta al norte, porque perder todo no les quitó lo único que aún les acompaña: la esperanza.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press