Taybeh: la fe resistente en el último pueblo cristiano de Palestina
Entre misas ortodoxas, olivos inaccesibles y esperanza entre ruinas, Taybeh personifica la lucha silenciosa de los cristianos palestinos en Cisjordania
Un rincón de fe en medio de la ocupación
En el corazón de Cisjordania, rodeado por colinas áridas y la sombra constante del conflicto israelo-palestino, se alza Taybeh, un nombre que significa "bueno" o "puro" en árabe. Pero más allá del significado lingüístico, este pequeño pueblo tiene una identidad única y poderosa: es el último poblado enteramente cristiano en Palestina.
Sus habitantes, orgullosamente palestinos y profundamente arraigados en su fe cristiana, viven entre iglesias centenarias, muros desgastados por el tiempo y símbolos de esperanza grabados en piedra. Aquí, el cristianismo no solo es una religión, es un acto de resistencia cultural.
Una comunidad diversa y unida
En Taybeh coexisten feligreses católicos romanos, greco-melquitas y ortodoxos griegos, un ejemplo vivo de unidad en la diversidad religiosa. Este mosaico cristiano comparte iglesias, festividades y sobre todo una misma lucha: vivir con dignidad y mantener la tradición en medio de la ocupación israelí, las limitaciones impuestas por los asentamientos colonos y el espectro del extremismo islámico que les rodea.
El padre David Khoury, sacerdote ortodoxo, y el padre Bashar Fawadleh, sacerdote católico, son algunas de las figuras espirituales que mantienen viva tanto la fe como el espíritu comunitario. A diario, celebran misa en templos como la Iglesia Ortodoxa de San Jorge o la iglesia del Cristo Redentor. Cada domingo, entre cánticos antiguos y vitrales polvorientos, reafirmar la fe es también reafirmar la identidad nacional.
Vivir bajo presión: ocupación, violencia y restricciones
Las dificultades de los pobladores de Taybeh no son solo económicas ni religiosas. Viven bajo presiones políticas, militares y sociales muy concretas. A escasos kilómetros se encuentran asentamientos ilegales israelíes que siguen expandiéndose con el visto bueno del gobierno de Tel Aviv. Los olivares de las familias cristianas, que por siglos fueron fuente de alimento y comercio, hoy están en su mayoría vedados.
Uno de los habitantes, Suheil Nazzal, lo expresa con resignación: “Esas colinas cubiertas de olivos pertenecen a mi familia. Pero no podemos acercarnos... los colonos armados lo han convertido en territorio prohibido”.
Junto con esto, existe el temor latente de una islamización extrema de la sociedad palestina, que podría marginar aún más a los cristianos, incluso dentro de su propia resistencia nacional.
Historia y legado cristiano de Taybeh
La historia de Taybeh se remonta a los tiempos bíblicos, cuando el lugar era conocido como Efraín. Según el Evangelio de Juan (11:54), fue aquí donde Jesús se refugió brevemente antes de su entrada final a Jerusalén. En el siglo IV, los primeros cristianos ya levantaban iglesias sobre terrenos sagrados y, desde entonces, la comunidad ha mantenido ininterrumpidamente su presencia.
Durante más de 1.600 años, las familias de Taybeh han defendido su tradición, incluso cuando la región fue dominada por cruzados, otomanos, británicos e israelíes. Hoy, este legado se transmite mediante liturgias, festivales anuales como el Oktoberfest local —sí, festividad que combina religión y cerveza artesanal— y la solidaridad de sus habitantes.
La iglesia como fortaleza y faro
Las iglesias en Taybeh no son solamente centros espirituales. Son centros comunitarios, refugio psicológico y colectivo. Durante las misas del domingo, hombres, mujeres, niños y ancianos asisten con vestidos impecables, saludan a sus vecinos con familiaridad y se consuelan mutuamente entre oraciones. No es raro ver mensajes como “Resistir con fe” pintados en las paredes o escritos en inglés a modo de grito simbólico hacia la comunidad internacional.
Las campanas que suenan al amanecer en la Iglesia Ortodoxa de San Jorge son más que un llamado a misa; son una afirmación identitaria. En una era donde la presencia cristiana en Tierra Santa se reduce año con año —el porcentaje de cristianos en los territorios palestinos ha pasado de más del 10% en 1922 a menos del 1% en la actualidad (según datos del Pew Research Center)— Taybeh resiste como bastión espiritual.
Educación y juventud: el futuro incierto
La infancia cristiana en Taybeh crece en un contexto complicado. Sin acceso fácil al resto de Cisjordania debido a puestos de control israelíes y con recursos limitados, los jóvenes buscan alternativas. Algunos optan por emigrar a Europa o América, especialmente a América Latina, donde existen fuertes vínculos comunitarios. Esa diáspora ha creado un flujo constante de remesas e intercambios culturales, pero también implica la despoblación progresiva del pueblo.
Los líderes religiosos y sociales insisten en la necesidad de invertir en escuelas, artes, agricultura sostenible y turismo religioso. Taybeh puede convertirse en un modelo de coexistencia pacífica y autonomía sostenible, siempre que cuente con el apoyo adecuado.
Bajo la mirada de Dios y del mundo
En tiempos donde Gaza domina los titulares por bombardeos constantes y Jerusalén por enfrentamientos políticos, Taybeh pasa desapercibido. Y sin embargo, representa un caso único: una minoría cristiana en tierra musulmana, que sostiene dignamente su fe frente a la intervención extranjera y la ocupación militar.
Como dijera recientemente el patriarca católico de Jerusalén, “Taybeh es la semilla espiritual de un futuro reconciliado... Si este pueblo desaparece, habremos perdido más que piedras viejas; perderemos una parte esencial del alma cristiana de Tierra Santa”.
Un ejemplo para el mundo
El caso de Taybeh debería importarle no solo a cristianos y palestinos, sino al resto del planeta. Porque aquí se funden temas clave del siglo XXI: libertad religiosa, derechos humanos, resistencia pacífica, y el poder de las pequeñas comunidades para conservar su identidad cultural.
Mientras las grandes potencias discuten tratados y fronteras, Taybeh simplemente ora, canta y sobrevive. Y en ese acto cotidiano de fe, hay una forma de revolución silenciosa que habla más fuerte que muchas declaraciones diplomáticas.
Quizás, en un mundo hiperconectado pero espiritualmente desarraigado, Taybeh tenga algo importante que enseñarnos: que resistir con fe aún es posible, que vivir con dignidad en medio de las ruinas es un acto de heroísmo, y que la identidad no solo vive en los grandes discursos, sino en pequeños pueblos con grandes almas.
