Sudán en Ruinas: La Toma del Darfur y el Ascenso Imparable de las RSF
La milicia paramilitar que nació de un genocidio ahora controla gran parte del país y amenaza con fracturar una nación ya al borde del colapso
Una guerra prolongada y devastadora
Han pasado dos años desde que estalló el conflicto armado más reciente en Sudán, y el país sigue sumido en una espiral de violencia, desplazamiento y fragmentación. La guerra ha dejado más de 40,000 muertos y ha forzado a 14 millones de personas a abandonar sus hogares, convirtiéndose así en la peor crisis humanitaria actual a nivel mundial.
El momento más inquietante se materializó recientemente, cuando la Fuerza de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) capturó El Fasher, la capital provincial de Darfur del Norte. Con esta victoria, el grupo paramilitar controla ahora toda la región de Darfur y amenaza con dividir Sudán, una nación que ya enfrentó la secesión de Sudán del Sur en 2011.
¿Qué son las RSF y cómo surgieron?
Originadas oficialmente en 2013, las RSF son una evolución directa del grupo Janjaweed, célebre por su brutal accionar durante el conflicto de Darfur en los años 2000. Aquella guerra dejó un saldo de 300,000 muertos y más de 2.7 millones de desplazados. Esta milicia fue responsable de violaciones masivas, asesinatos extrajudiciales, tortura y limpieza étnica de comunidades no árabes.
Su líder actual, Mohammed Hamdan Dagalo, alias "Hemedti", proviene de una tribu árabe dedicada al comercio de camellos y posee una fortuna proveniente principalmente de operaciones de minería de oro.
De milicia a potencia paramilitar
En menos de una década, Hemedti convirtió a las RSF en una fuerza temible, con más de 100,000 combatientes, logística transnacional y vínculos regionales con actores internacionales como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Libia. Incluso ha desplegado tropas en conflictos externos, como en Yemen y Libia, a menudo con apoyo logístico o financiero del Golfo Pérsico.
Esta expansión no sólo fue militar. Las RSF se beneficiaron de acuerdos internacionales, como el pacto con la Unión Europea para frenar la migración ilegal, donde se encargaban del control fronterizo de Sudán pese a su historial de abusos.
Una legítima amenaza geopolítica
Con el control total de Darfur, la RSF se fortalece como un Estado paralelo. Hemedti ya anunció la formación de un gobierno rival en los territorios dominados, lo cual deja a Sudán al borde de una nueva partición territorial.
El ejército sudanés, liderado por el general Abdel-Fattah Burhan, se ha visto obligado a replegarse a zonas orientales como Port Sudán, desde donde intenta mantener un gobierno central simbolizado pero débil. La guerra ha pasado de ser un conflicto centralizado a una lucha de supervivencia entre facciones altamente armadas, con respaldo extranjero y motivación geoestratégica.
¿Quién apoya a quién?
- Emiratos Árabes Unidos: Acusados por el ejército sudanés de apoyar directa e indirectamente a la RSF. El caso ha sido presentado ante la Corte Internacional de Justicia por presunta complicidad en genocidio.
- Libia (Khalifa Haftar): Señalado por proveer armas y combatientes a Hemedti.
- Arabia Saudita y Egipto: Mantienen posiciones ambiguas, alternando entre la diplomacia y la asistencia logística indirecta.
- Turquía, China, Irán y Rusia: Han sido fuente de drones, armas y tecnologías militares que han permitido a las RSF mantener su avanzada.
Hemedti: ¿Señor de la guerra o futuro presidente?
El rol de Hemedti va mucho más allá del campo de batalla. Tras la caída de Omar al-Bashir en 2019, el comandante paramilitar asumió responsabilidades de gobierno junto a Burhan. Ambos derrocaron al consejo civil de transición en 2021, desencadenando este conflicto armado actual.
Sin embargo, Hemedti ha intentado lavar su imagen internacional: ha denunciado la influencia de movimientos islamistas en el ejército y se ha posicionado como un líder secular, más cercano a la visión moderna de los países del Golfo. Pero los informes de genocidio y violencia sistemática en territorios ocupados siguen marcando su legado.
La tragedia humanitaria más ignorada del planeta
El conflicto no sólo ha desplazado millones; ha traído hambrunas en cadena, devastación de infraestructura básica y una parálisis total del Estado. Más de 25 millones de personas en Sudán necesitan ayuda humanitaria urgente, según datos de la ONU (OCHA, 2024), pero los accesos están bloqueados por la presencia militar y la inseguridad.
El sistema hospitalario ha colapsado. Médicos sin Fronteras y Cruz Roja han denunciado constantes ataques a clínicas móviles y hospitales improvisados. Cientos de miles de niños están en riesgo de muerte por desnutrición aguda severa.
La alargada sombra del genocidio
Este conflicto tiene reminiscencias directas con el holocausto de principios de los 2000. Las mismas milicias que asolaron aldeas en Darfur, hoy dominan zonas enteras del país bajo el estandarte de las RSF. La impunidad histórica dio paso a una institucionalización del crimen de guerra.
El expresidente al-Bashir fue acusado por la CPI (Corte Penal Internacional) desde 2009 por crímenes de guerra, pero nunca fue juzgado. La comunidad internacional tampoco ha actuado con contundencia frente al ascenso de Hemedti, pese a que su historial lo coloca como un continuador natural de aquel régimen.
¿Un Sudán dividido?
Con la captura de El Fasher y una autoridad central difusa, el país se encamina hacia una partición de facto. Las RSF ya controlan:
- Toda la región de Darfur (cinco estados)
- Partes del sur de Kordofán
- Corredores logísticos hacia Chad, Libia y partes de Sudán del Sur
El ejército mantiene ciudades estratégicas como Port Sudán y algunas partes del este, pero sin capacidad real para retomar las zonas perdidas.
¿Qué está en juego?
Aunque parezca un conflicto regional más, Sudán es clave en la estabilidad del noreste africano. Colinda con Egipto, Etiopía, Sudán del Sur, Eritrea, Chad y Libia. Su desintegración podría tener efectos dominó masivos:
- Aumento de refugiados hacia Europa
- Desestabilización de países vecinos
- Auge de redes de tráfico humano y armas
Además, Sudán posee importantes reservas de oro, uranio y tierras agrícolas que podrían ser monopolizadas por actores no estatales o empresas extranjeras en connivencia con facciones armadas.
¿Intervendrá la comunidad internacional?
Por ahora, la respuesta global ha sido tenue. Más allá de sanciones individuales impuestas por Estados Unidos a Hemedti y su círculo económico, no ha habido una coalición efectiva de intervención, ni siquiera para mediar en lo humanitario.
La Unión Africana permanece dividida en su estrategia, mientras que potencias como China y Rusia mantienen tanto lazos comerciales como posturas no intervencionistas.
El Consejo de Seguridad de la ONU apenas ha aprobado resoluciones simbólicas, sin mecanismos eficaces de monitoreo o verificación sobre el terreno.
El futuro incierto de un país desangrado
Sudán camina hacia su disolución territorial. Las RSF asumen funciones estatales, el ejército pierde legitimidad y la población civil enfrenta el abandono internacional más dramático del siglo XXI.
Así, Darfur, que fue el escenario del último gran genocidio africano, hoy vuelve a ser el epicentro de una nueva tragedia sin justicia, mientras el mundo mira hacia otro lado.
