Trump, elecciones y poder: ¿Están en riesgo los principios democráticos en EE. UU.?

La estrategia presidencial de Donald Trump para influir en procesos electorales en 2025 y más allá provoca una creciente alarma entre demócratas, expertos y defensores del voto libre

Una nueva batalla en las urnas: más allá de las elecciones locales

La política estadounidense se encuentra, una vez más, al borde de una tormenta institucional. A pocos días de celebrarse elecciones estatales en Virginia, Nueva Jersey y California, el expresidente Donald Trump ha reforzado su cruzada para influir directa o indirectamente en los procesos electorales, estableciendo un patrón que muchos analistas ven como un ensayo general para los comicios de medio término en 2026 y, por qué no, también para 2028.

Lejos de ser acciones rutinarias, los recientes movimientos de Trump han avivado el temor entre miembros del Partido Demócrata, expertos en leyes electorales y defensores de la democracia por igual. Y es que, entre el envío unilateral de observadores federales, la deslegitimación preventiva de votaciones en redes sociales y posibles intentos para intervenir en el proceso de redistribución de distritos, hay quienes ven claros ecos de las tensiones vividas en 2020 y culminadas con el ataque al Capitolio.

Monitores federales en estados clave: ¿transparencia o intimidación?

La reciente decisión del Departamento de Justicia, bajo la administración Trump, de enviar observadores a condados en Nueva Jersey y California encendió todas las alarmas. Aunque la presencia de monitores electorales no es nueva en Estados Unidos —históricamente han sido desplegados en regiones con historial de discriminación electoral—, el modo en que se han implementado esta vez ha generado preocupación.

Para comenzar, la petición provino exclusivamente de partidos republicanos locales, sin la debida coordinación con las autoridades electorales estatales, lo que representa una ruptura de las normas habituales. A esto se suma el contexto político: elecciones con ballot measures sensibles, como la propuesta de redistribución de distritos en California —con fuertes implicaciones en la elección de congresistas—, y carreras ajustadas para gubernaturas como la de Nueva Jersey.

"Tenemos que ver el contexto general de lo que dice y hace el gobierno", advirtió Rob Bonta, fiscal general de California. "Estos no son tiempos normales".

Trump y las insinuaciones de fraude: una historia que se repite

No es la primera vez que Donald Trump siembra dudas sobre la integridad de los procesos electorales. Ya en 2020, su negativa a aceptar los resultados culminó con manifestaciones y una insurrección sin precedentes. En esta ocasión, vuelve a insinuar fraude en el mecanismo de votación por correo en California, afirmando —sin pruebas— que "millones de boletas están en camino".

La publicación en su plataforma Truth Social sobre la Proposición 50, la única cuestión en votación especial en el estado, fue tajante: "¡Observen lo deshonesto del voto por la Proposición de California!". Este tipo de retórica ya ha sido ampliamente desacreditada por instituciones no partidistas como la Center for Election Innovation & Research, pero eso no ha impedido su repetición.

"Los votantes encontrarán un proceso seguro y sólido", explicó David Becker, exfuncionario de derechos electorales en el Departamento de Justicia. "Estoy 100% seguro de que quien gane en Nueva Jersey o Virginia asumirá sin problemas".

Propuestas de ley e intervención federal: ¿una democracia presidencialista?

Uno de los aspectos más preocupantes es el aparente intento de Trump por cambiar las reglas del juego desde el poder ejecutivo. En las últimas semanas, ha instado a ciertos estados como Texas a redibujar sus mapas distritales, ha propuesto una orden ejecutiva para alterar las formas en que se llevan a cabo las elecciones —aunque frenada por el poder judicial—, y ha solicitado datos de votación granulares a los estados.

Todo esto refuerza la percepción de que busca centralizar el control en torno a su figura, desafiando los principios establecidos por la Constitución de Estados Unidos, que delega la autoridad electoral a estados y al Congreso, no al presidente.

Elecciones locales con repercusiones nacionales

Las elecciones previstas este martes no incluyen cargos federales, pero sus implicancias son considerables. En California, los votantes decidirán si ceden temporalmente el poder de redistribución a la legislatura estatal, controlada por los demócratas. De aprobarse, esto podría crear hasta cinco distritos ganables para ese partido en la Cámara de Representantes.

Mientras tanto, en Pensilvania, se decidirá la permanencia de tres jueces demócratas en la Corte Suprema estatal, lo que podría inclinar el balance judicial en un estado crucial para futuras elecciones. Perder esa mayoría podría convertir al tribunal en un campo de batalla político de cara a decisiones sobre boletas por correo o redefinición de reglas de votación.

Trump y el fantasma del poder militar en las urnas

Un tema más inquietante fue planteado por el gobernador de California, Gavin Newsom, y su homólogo en Illinois, J.B. Pritzker. Ambos acusaron a Trump de tantear el uso del ejército o de agentes federales en los centros de votación, una acusación que remite a los oscuros episodios de 2020, donde se promovió la idea —finalmente descartada— de que las fuerzas armadas podrían apoderarse de máquinas de votación.

Si bien no hay evidencia de que esto esté ocurriendo en 2025, el solo hecho de que líderes estatales lo consideren plausible da cuenta de una erosión en la confianza institucional hacia el ejecutivo federal.

Ensayo nuclear: ¿tensión global o distracción política?

Sumado a la retórica electoral, Trump lanzó una bomba (retórica y estratégica): insinuó el reinicio de pruebas nucleares, detenidas en Estados Unidos desde 1992. Lo anunció con tono desafiante antes de una reunión con el presidente chino Xi Jinping en Busan, Corea del Sur.

"Debido a los programas de pruebas de otros países, he instruido al Departamento de Guerra a comenzar nuestras propias pruebas nucleares de inmediato", escribió en redes sociales.

La reacción fue inmediata. Daryl Kimball, director ejecutivo de Arms Control Association, afirmó: "Resumir pruebas nucleares desencadenaría una reacción en cadena entre adversarios, socavaría décadas de control de armas y atentaría contra el Tratado de No Proliferación nuclear".

El discurso se produce días después de que Putin anunciara nuevas armas con capacidad nuclear en Rusia, aunque sin detonar artefactos. ¿Coincidencia o cortina de humo? Para muchos observadores, se trata de una estrategia para reafirmar influencia en política exterior y, a su vez, galvanizar a su base electoral con una postura fuerte frente a China y Rusia.

Virginia: termómetro nacional con impacto en el 2026

Virginia es uno de los dos estados con elecciones a gobernador en 2025. Además de elegir entre la demócrata Abigail Spanberger y la republicana Winsome Earle-Sears —ambas con campañas millonarias pero marcada desigualdad presupuestaria—, se definirán cargos para teniente gobernador, fiscal general y representantes en la Cámara estatal.

El historial electoral de Virginia refleja la volatilidad del electorado: desde 1976, quien ha ganado la gobernación ha representado, en su mayoría, al partido opuesto al que ocupa la Casa Blanca. Es decir, ganar allí se interpreta casi como una antesala del clima que dominará en el siguiente ciclo electoral federal.

Esta lógica fue recordada por Hannah Fried, directora de All Voting is Local: "El 4 de noviembre será un conjunto clave de datos sobre problemas que emergen en futuras elecciones, especialmente las de 2026".

¿Qué se juega en noviembre y más allá?

Todo lo anterior eleva el nivel de vigilancia y tensión en torno a lo que, en otro contexto, serían elecciones locales de bajo perfil. Pero con una figura como Trump marcando el paso desde las sombras (y a veces, a plena luz), cada voto, cada medida y cada gesto institucional adquiere una dimensión nacional.

Estados Unidos parece enfrentarse a una prueba de estrés democrática, donde no sólo está en juego quién gobierna Virginia o cómo se dibujan distritos en California, sino los fundamentos mismos de su república: la confianza en el sistema electoral, la integridad de las instituciones y la separación de poderes.

Lo que suceda este 2025 será más que referencial. Podría ser, en efecto, el blueprint de una estrategia para moldear —o distorsionar— el destino político del país más poderoso del mundo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press