‘Nouvelle Vague’ de Linklater: una carta de amor al rebelde que cambió el cine
La nueva película de Richard Linklater revive el espíritu revolucionario de Jean-Luc Godard y la Nueva Ola Francesa con estilo, respeto y un nostálgico blanco y negro
Jean-Luc Godard y el origen de una revolución visual
En la década de 1950, un grupo de jóvenes críticos de cine franceses decidió cambiar las reglas del juego. Desde las páginas de Cahiers du Cinéma teorizaban y discutían qué era —y qué no era— el verdadero cine. Entre ellos se encontraban nombres que hoy son pilares de la historia cinematográfica: Claude Chabrol, Éric Rohmer, Jacques Rivette, François Truffaut y, por supuesto, Jean-Luc Godard.
La irrupción de esta generación en el mundo de la dirección de películas marcaría el inicio de una nueva era en el séptimo arte: la célebre Nouvelle Vague o “Nueva Ola”. Richard Linklater, uno de los directores estadounidenses más versátiles y nostálgicos, reconstruye este periodo con total reverencia en su más reciente filme, también titulado Nouvelle Vague, el cual gira en torno al debut cinematográfico de Godard Sin aliento (Á bout de souffle, 1960).
Nouvelle Vague: una reverencia estilizada, no una copia
Filmada en un atrevido blanco y negro, usando el formato 4:3 (ratio académico) y realizada enteramente en francés, Nouvelle Vague de Linklater no solo presenta una historia: revive un estado mental cinematográfico. Cada escena transcurre como una postal perdida dentro del espíritu rebelde de fines de los ’50. La elegancia visual y la meticulosidad de su diseño hacen del filme una joya anacrónica.
Pero aunque revive la estética godardiana, Linklater evita caer en el ejercicio de estilo sin alma. Como él mismo demuestra en trabajos anteriores como Before Sunrise o Boyhood, lo suyo son los personajes, los diálogos y ese llamativo humanismo quieto. Aquí, la figura gravitacional es Jean-Luc Godard, interpretado con ironía elegante por Guillaume Marbeck, quien nunca se quita sus gafas de sol, ni siquiera en las proyecciones.
Una generación que cambió el cine como lo conocíamos
Linklater no se conforma con retratar solo a Godard. La película presenta a muchos otros miembros clave de la Nueva Ola, a menudo identificándolos con elegantes carteles con su nombre justo antes de aparecer en escena. Claude Chabrol, Jacques Rivette, Éric Rohmer, Truffaut… aparecen como si fueran cartas coleccionables de una célebre baraja cinematográfica. Cada uno de ellos aportó con un enfoque distinto, pero todos compartían una misma convicción: el cine debía hablar de la vida misma.
“El año 1959 era un movimiento en movimiento”, parece susurrar cada línea del filme. Mientras Truffaut estrenaba Los 400 golpes con enorme recepción en Cannes, Godard sentía que había llegado tarde. Pero apenas consigue la aprobación del productor Georges de Beauregard, empieza a rodar sin guion cerrado, sin luces, y sin estándares industriales.
El nacimiento de Sin Aliento: caos y génesis
El plato fuerte del filme es la reproducción detallada del rodaje de Sin aliento, la película que cambiaría el cine moderno. Con Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg como protagonistas, Godard no siguió ninguna regla al filmar: cortó planos de manera abrupta, utilizó sonido directo y filmó escenas enteras sin saber cuál sería su destino en la edición.
Tal como le aconsejara Roberto Rossellini, quien hace una breve aparición interpretado por Laurent Mothe: “Dispara rápido”.
Se trataba de capturar el caos de la existencia en cada plano. “Estoy intentando capturar la realidad al azar”, dice un inspirado Godard en la cinta, frase que podría definir toda una época de experimentación. En un plano más profundo, la película de Linklater logra algo trascendental: conecta los puntos entre reverencia por el pasado y la necesidad de romper con el presente. Sin la insolencia de Godard, probablemente hoy no existirían los Tarantino, los Nolan ni los Linklater.
Rebeldía cinematográfica con precisión académica
Nouvelle Vague no tiene el ímpetu iconoclasta de su personaje central, pero lo acoge con un cariño confesional. No imita a Godard, pero lo celebra. El ritmo es más pausado, algo habitual en la filmografía de Linklater, lo cual, paradójicamente, fortalece la sensación de estar observando el pasado desde un presente que se resiste a olvidar sus raíces más audaces.
La ironía no se pierde. Como comentó un crítico en el estreno en el Festival de Nueva York, probablemente “Godard habría odiado esta película”. Aun así, su espíritu está en cada toma, en cada cigarro encendido, en cada referencia sutil al cine clásico y en cada decisión estilística.
El elenco: una reconstrucción con exactitud quirúrgica
Mucho del encanto de Nouvelle Vague proviene de su casting impecable. Catherine Schwartz, directora de reparto, ejecuta lo que podría considerarse una alineación histórica. Zoey Deutch como Jean Seberg es fascinante; Aubry Dullin captura la actitud despreocupada de Belmondo con sorprendente autenticidad. Y Bruno Dreyfürst, como el productivo pero inquieto de Beauregard, aporta una presencia necesaria para contrastar con el caos creativo de Godard.
Linklater parece canalizar aquí su amor por los procesos más que por los resultados. Lo vimos en Dazed and Confused y aún más en Slacker, y ahora esa obsesión se filtra en cada escena de rodaje de Sin aliento. Cada día representa un paso más en la voluntad de crear algo realmente original.
Un homenaje necesario en tiempos de fórmulas
En una época donde Hollywood se repliega en franquicias seguras y multiversos controlados con bisturí, Nouvelle Vague es un recordatorio de otro tiempo: un tiempo donde la aventura artística, el riesgo y hasta la improvisación eran caminos válidos hacia la inmortalidad cinematográfica. Linklater no se arriesga como Godard, pero sí pone en valor el acto artístico en sí mismo.
Una cita memorable del filme resume todo el espíritu de la cinta: “Ser artista es estar dispuesto a fracasar para ser fiel a tu visión”.
¿Dónde y cuándo verla?
Nouvelle Vague se estrenó en cines a principios de noviembre y estará disponible en Netflix desde el 14 del mismo mes. La película está clasificada para mayores de 18 años por lenguaje y temas sensibles, pero su verdadera madurez está en su capacidad de hacernos reflexionar sobre el arte, la pasión y el legado. Su duración es de 105 minutos.
Como dijo alguna vez el propio Godard: “Una película debería tener un comienzo, un desarrollo y un final, pero no necesariamente en ese orden”. Linklater lo entendió a la perfección.
Último apunte: ¿por qué importa esta película hoy?
El cine está en constante cambio. Hoy hablamos de inteligencia artificial generando guiones, de plataformas que priorizan algoritmos sobre visiones autorales, o de películas que buscan encajar en categorías de premios antes de ser creadas. Nouvelle Vague nos devuelve a un lugar más orgánico, más visceral. A ese rincón donde el cine era, sobre todo, un acto de rebelión con cámara en mano.
Bienvenida sea esta oda a la resistencia artística, aunque su héroe probablemente la hubiese despreciado con una calada de cigarrillo y una frase sarcástica. Tal vez por eso —o justamente por eso— es tan necesaria hoy.
★★★½ de ★★★★.