El adiós a la moneda de un centavo: caos económico, nostalgia y lo que viene después
La eliminación abrupta del centavo en EE. UU. ha generado escasez, costos millonarios para tiendas y un vacío regulatorio que nadie sabe cómo llenar
¿El último centavo? Una simple moneda que cuesta demasiado
El centavo estadounidense, mejor conocido como "penny", ha sido parte del tejido económico de Estados Unidos desde 1793. Sin embargo, su existencia ha llegado a un punto de quiebre. En 2024, el presidente Donald Trump anunció el fin de su producción, una decisión que ha desencadenado una serie de problemas económicos y legales en el país. Aunque la desaparición del penny era considerada inevitable por muchos expertos debido a sus costos de producción, pocos esperaban que se manejara de forma tan abrupta.
Este artículo ofrece un análisis profundo sobre el impacto de la retirada de la moneda de un centavo, basada en datos recientes, reacciones de la industria, y la comparación con modelos internacionales.
Una moneda que vale menos de lo que cuesta fabricar
En 2024, fabricar un solo centavo costaba 3.7 centavos, según el informe anual más reciente de la Casa de la Moneda de EE. UU.. Esto significa que el Gobierno estaba perdiendo dinero con cada unidad producida. Esta situación no es nueva. Desde hace más de una década, economistas e instituciones han argumentado contra su mantenimiento.
La eliminación del penny ahorrará unos 56 millones de dólares anuales, según el Departamento del Tesoro. A pesar de que estas cifras parecen justificar la decisión, el método utilizado ha creado más problemas que soluciones a corto plazo.
El caos de eliminar algo sin estar preparados
A diferencia de otros países que han eliminado sus monedas de menor denominación de manera gradual y con campañas de concientización, Estados Unidos cortó la producción de golpe y sin una estrategia clara. Canadá, por ejemplo, anunció en 2012 que dejaría de circular su moneda de un centavo, ejecutando el cambio en 2013 con políticas de redondeo bien definidas. Reino Unido vivió un proceso de años durante su "decimalización".
En EE. UU., en cambio, la última moneda fue acuñada en junio de 2024 y para agosto ya se habían distribuido los últimos lotes. Sin legislación del Congreso, sin guía del Departamento del Tesoro y sin sistemas de transición, comerciantes, bancos y consumidores han quedado a la deriva.
Escasez real, redondeo silencioso
Desde tiendas de conveniencia hasta bancos locales, todos están sintiendo la ausencia del centavo. Lugares como la cadena Kwik Trip en el Medio Oeste han colocado letreros advirtiendo a sus clientes que no se entregará cambio en centavos. Algunas están redondeando las transacciones hacia abajo para evitar demandas legales.
Este tipo de redondeo constante no es gratis: Kwik Trip estima una pérdida de hasta 3 millones de dólares en 2025 por este ajuste a la baja. Lo peor es que, en muchos estados, redondear hacia arriba es ilegal. Para evitar conflictos, la industria opta por perder dinero.
Incentivos para devolver centavos: ¿guerra civil monetaria?
Algunos comercios, ante la falta literal de centavos, han ofrecido incentivos peculiares. La cadena Sheetz, por ejemplo, regalaba una soda a quienes trajeran 100 centavos. Suena gracioso, pero refleja un problema serio: hay millones de centavos acumulados en frascos, cajones y bancos de monedas hogareños por todo el país.
Este acaparamiento masivo ha contribuido históricamente a que la Casa de la Moneda tuviera que producir más de 3.200 millones de pennies en 2024, más que cualquier otra moneda. Pero, como pocos los volvieron a circular, su utilidad desapareció.
Una “no política” con consecuencias reales
Lo más alarmante es que esta transición no ha sido una ley ni una política federal formal. Ha sido una orden ejecutiva sin un acompañamiento regulatorio adecuado. Los terminales de monedas del sistema bancario, que deberían recibir y redistribuir las monedas, están cerrando las puertas al centavo. Un tercio de los aproximadamente 170 terminales en el país ya no aceptan ni dispensan centavos.
El resultado: zonas con exceso de pennies (como el sur del país) no pueden ayudar a abastecer a las regiones con déficit (como el noreste). En palabras de un portavoz del Sistema de la Reserva Federal: “El cumplimiento de órdenes y depósitos con centavos variará con el tiempo a medida que se agoten los inventarios”.
Impacto legal, silencioso pero devastador
Una dificultad subestimada es el marco legal. Muchos estados prohíben redondear las transacciones monetarias hacia arriba, ya que podría discriminar a los consumidores que pagan en efectivo respecto a quienes lo hacen con tarjetas. Algunos minoristas están preocupados por potenciales demandas colectivas si se redondea indiscriminadamente.
La única solución viable por ahora ha sido redondear hacia abajo o incentivar donaciones de centavos en línea de cajas. Un proyecto de ley en el Congreso —el “Common Cents Act”— propone una política de redondeo similar a la de Canadá: redondear hasta el cinco más cercano, hacia arriba o abajo. No obstante, aún no ha sido aprobado.
La nostalgia por los centavos y su lugar en la cultura
Más allá del componente económico o legal, existe un elemento simbólico. Abraham Lincoln está en el penny. Durante más de un siglo, esta moneda ha representado valores de simplicidad y constancia. Ha aparecido en canciones, películas y se usa para medir la suerte: “Find a penny, pick it up, and all day you'll have good luck”.
Ni consumidores ni comerciantes están pidiendo la resurrección del penny, pero sí piden una muerte digna. “Hemos abogado por eliminar el penny durante 30 años, pero no de esta manera”, dijo Jeff Lenard, portavoz de la National Association of Convenience Stores.
¿Qué sigue después del último centavo?
- Educación al consumidor: Muchos norteamericanos aún no saben que el centavo ya no se produce y siguen esperándolo como cambio.
- Legislación pendiente: El Congreso debe actuar para definir un estándar nacional de redondeo y evitar el caos regulatorio entre estados.
- Futuro numismático: Con el penny fuera de circulación, podríamos ver su valorización entre coleccionistas, especialmente unidades en perfecto estado del último lote acuñado.
Además, el gobierno debe aprender de este fracaso de transición para futuros proyectos de eliminación de monedas; el nickel (moneda de 5 centavos) también cuesta más producirlo de lo que vale (13.8 centavos). ¿Será el próximo? Muchos ya lo creen.
La moraleja de esta historia no es solo el fin del penny, sino cómo una mala planificación puede convertir una solución lógica en una crisis nacional. Al final del día, como dijo un comerciante: “No nos importa que el centavo se haya ido; lo que queremos es saber qué demonios hacer ahora”.
