Ucrania en penumbras: el 'terror energético' de Rusia y su impacto en una nación resistiendo al invierno y a la guerra

Rusia intensifica su ofensiva contra la infraestructura energética de Ucrania: más de 650 drones y 50 misiles utilizados solo en un día. Análisis del sentido detrás de esta táctica y sus consecuencias humanas, sociales y estratégicas

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Una ofensiva que se repite con ritmo inquietante

Los ataques masivos de Rusia contra la infraestructura energética de Ucrania no son esenciales para obtener una victoria inmediata en el frente, pero tienen un objetivo claro: doblegar la moral ciudadana. La última arremetida, ocurrida el jueves, fue particularmente violenta: más de 650 drones y 50 misiles impactaron diversas regiones del país, dejando a millones sumidos en la oscuridad.

El propio presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, reconoció que esta oleada de ataques forma parte de una estrategia para “paralizar la vida cotidiana” de la nación. Las consecuencias fueron inmediatas: apagones en todas las regiones del país, servicios básicos suspendidos, y al menos dos muertos y 17 heridos, incluyendo niños de tan solo dos años.

El invierno ucraniano, un aliado de Moscú

Los inviernos en Ucrania tradicionalmente son inclementes, con temperaturas que pueden bajar de los -15 ºC. La red de servicios públicos —agua potable, calefacción, electricidad y alcantarillado— está centralizada y depende en gran medida del suministro constante de energía. Sin esta, hospitales colapsan, los hogares se congelan y las industrias se paralizan.

Aprovechando esta debilidad estructural, Rusia apunta a infraestructuras clave para maximizar su impacto con fines psicológicos y sociales. La estrategia recuerda a los ataques aéreos alemanes sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial: más sobre resistencia y desgaste que sobre dominio territorial.

Zaporizhzhia y Lviv entre las más golpeadas

La región meridional de Zaporizhzhia, hogar de una de las mayores centrales nucleares de Europa, recibió varios ataques. Entre los heridos, se encontraba una niña de apenas dos años. El gobernador regional, Ivan Fedorov, informó del colapso de al menos un edificio completo, donde rescatistas lograron sacar con vida a un hombre, que falleció posteriormente debido a las heridas.

Al oeste, cerca de la frontera con Polonia, la región de Lviv sufrió daños en dos infraestructuras energéticas, lo que intensificó los apagones ya existentes y augura una serie de restricciones prolongadas en las próximas semanas.

“Terror energético”: Kiev acusa a Moscú de crímenes contra civiles

La primera ministra ucraniana Yuliia Svyrydenko fue tajante en su evaluación del ataque: “Rusia continúa su terror energético sistemático atacando las vidas, la dignidad y el calor de los ucranianos en víspera del invierno. Su objetivo es sumirnos en la oscuridad; el nuestro, mantener la luz encendida”.

Svyrydenko destacó que solo una intervención internacional determinada puede detener esta ola de ataques. “Más sistemas de defensa aérea, sanciones más duras y máxima presión diplomática sobre el Kremlin” fueron sus demandas principales.

¿Un nuevo Chernóbil? Riesgos colaterales de los bombardeos

La preocupación internacional crece cada vez que Zaporizhzhia es atacada. Desde que Rusia tomó la planta nuclear en 2022, los temores sobre una posible catástrofe nuclear aumentan en cada ofensiva. Aunque hasta ahora no se han reportado incidentes radiactivos, el riesgo de un “error”, más que cualquier acción deliberada, mantiene en vilo a Europa.

Polonia y la OTAN en alerta máxima

Los países vecinos no permanecen indiferentes. Ante la magnitud del ataque, la fuerza aérea de Polonia y otros países de la OTAN desplegó aviones como medida preventiva. Aeroestaciones regionales como Radom y Lublin fueron cerradas para permitir total libertad operativa militar. Aunque ningún cohete cayó en suelo polaco, la cercanía del conflicto inquieta a la Alianza Atlántica.

Una táctica que busca agotar más que conquistar

Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, los frentes militares han tenido oscilaciones limitadas. Sin embargo, la guerra evoluciona: Rusia ha orientado sus esfuerzos hacia la guerra de desgaste. Menos importante que tomar territorios es debilitar la capacidad de respuesta económica, industrial y moral de Ucrania, y los ataques energéticos son clave en esa estrategia.

Lo novedoso no es tanto el concepto, sino la capacidad tecnológica. El uso de enjambres de drones Shahed-136 (suplidos por Irán) ha demostrado ser una herramienta eficiente en términos de costo-efectividad y saturación de defensas.

Las consecuencias invisibles: trauma infantil y colapso educativo

No puede ignorarse el impacto en los sectores más vulnerables. Según cifras de UNICEF, más de 1,5 millones de niños ucranianos han experimentado apagones, evacuaciones y bombardeos desde 2022. Psicólogos ucranianos advierten sobre una generación con trauma crónico de guerra.

Además, el sistema educativo enfrenta un colapso. Escuelas dañadas, falta de calefacción y cortes de Internet obligan a suspender clases o migrarlas a métodos improvisados, generalmente poco efectivos. Todo esto podría implicar una pérdida generacional de capital humano, que dificultará la reconstrucción postguerra.

¿Qué busca Moscú realmente?

Desde el punto de vista estratégico, el Kremlin no oculta su intención de forzar una negociación en sus términos. El uso del frío y la desesperación como armas no convencionales está diseñado para provocar desmoralización entre la población y presión sobre el gobierno de Zelenskyy.

Además, hay un cálculo económico: desorganizar el sistema industrial y logístico ucraniano limita la capacidad del país de producir y recibir armamento occidental. Diversos medios sugieren que numerosas fábricas han debido operar en horarios irregulares, con generadores diésel, o directamente cerrar.

¿Qué puede hacer Occidente?

El debate sobre cómo responder a esta estrategia de terror sigue abierto. Hasta ahora, la postura occidental ha sido el envío de más armamento defensivo, especialmente sistemas antiaéreos como el Patriot estadounidense o los IRIS-T alemanes. Pero esto es lento y costoso.

Expertos en geopolítica como Fiona Hill han señalado que “sin un aumento exponencial de recursos para defensa aérea y ayuda energética, Ucrania perderá esta batalla de invierno aún sin perder territorio” (Brookings Institution, 2023).

La resiliencia de una nación

A pesar de todo, los ucranianos no se rinden. En las redes sociales circulan constantemente videos de ciudadanos encendiendo velas en improvisadas estaciones comunitarias, panaderías que siguen funcionando con hornos a leña, e incluso escuelas que reparten mantas para continuar dando clases presenciales.

“Seguiremos luchando por nuestra dignidad, incluso si tenemos que estudiar, trabajar y vivir con guantes puestos”, dijo un joven ucraniano entrevistado por la televisión local.

¿Invierno decisivo?

Los próximos tres meses podrían marcar un punto de inflexión en la guerra. Si Rusia logra paralizar suficientemente Ucrania sin disparar un solo tiro adicional, y si Occidente no incrementa sustancialmente su ayuda, podríamos estar ante un cambio en la correlación de fuerzas.

En definitiva, la guerra en Ucrania ya se libra tanto en las trincheras como en las ciudades apagadas. Y, mientras Rusia usa el frío como un arma, Ucrania sigue apostando a que su determinación sea más fuerte que cualquier invierno.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press