¿El fin de las sanciones a Siria? El acercamiento histórico entre EE.UU. y al-Sharaa sacude la geopolítica

Tras décadas de conflicto y sanciones, Washington se prepara para recibir al presidente interino de Siria. ¿Es este el inicio de una nueva era en Medio Oriente?

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Una visita con peso histórico

En lo que podría considerarse uno de los giros diplomáticos más sorprendentes del siglo XXI, Estados Unidos se prepara para recibir al presidente interino de Siria, Ahmad al-Sharaa, en una visita oficial que romperá con más de siete décadas de distanciamiento. La última vez que un presidente sirio fue recibido en la Casa Blanca fue en 1946, cuando Siria obtuvo su independencia. Ahora, en 2025, esta visita está rodeada de implicaciones simbólicas, estratégicas y políticas de gran calibre.

El fin de una era: caída del régimen Assad

Desde el inicio de la guerra civil siria en 2011, el país vivió una de las crisis humanitarias más profundas del siglo moderno. Casi 500.000 muertos y millones de desplazados marcaron los años del conflicto. Sin embargo, el ocaso del régimen de Bashar al-Assad —protegido durante años por aliados como Rusia e Irán— se materializó en diciembre de 2024 mediante una ofensiva relámpago liderada por al-Sharaa, quien previamente había sido una figura clave dentro del grupo armado Hayat Tahrir al-Sham.

Esta última afiliación es particularmente sensible, puesto que el grupo fue listado por EE.UU. como organización terrorista. Aunque al-Sharaa ha defendido que su vínculo fue en un contexto de insurgencia contra Assad, Occidente aún permanece dividido sobre si se trata de un real proceso de democratización o una nueva forma de autoritarismo islamista.

Trump como arquitecto del giro diplomático

Donald Trump, quien regresó a la presidencia en las elecciones de 2024, ha impulsado un reposicionamiento geopolítico en Medio Oriente como parte de su doctrina de aislacionismo selectivo. Desde su reunión con al-Sharaa en Riad, Arabia Saudita, en mayo de 2025, el magnate neoyorquino ha apostado por un aperturismo pragmático a cambio de seguridad energética, socios anti-Irán y, quizás más importante, una posición más estable en la lucha global contra el Estado Islámico.

La propuesta del levantamiento de sanciones

En un borrador de resolución que llegó al Consejo de Seguridad de la ONU esta semana, EE.UU. ha solicitado el levantamiento de una serie de sanciones impuestas a al-Sharaa y otros funcionarios sirios, especialmente al ministro del Interior, Anas Hasan Khattab. Aunque muchas sanciones han sido eliminadas por orden ejecutiva, las más severas —impuestas por el Congreso en 2019— aún requieren un voto parlamentario para ser removidas permanentemente.

Para que la resolución prospere en el Consejo de Seguridad, se requieren nueve votos a favor y ningún veto de las potencias con derecho a veto (EE.UU., China, Rusia, Francia y el Reino Unido). Fuentes internas señalan que la administración Trump busca tener todo listo antes de la llegada de al-Sharaa a Washington este lunes.

Un país en ruinas

Según datos ofrecidos por OCHA (Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios), un asombroso 90% de los ciudadanos sirios viven actualmente en la pobreza. De los 21 millones de habitantes pre-guerra, se estima que más de 11 millones fueron desplazados y cerca de 6 millones buscan refugio fuera de sus fronteras.

La última evaluación realizada por Ramesh Rajasingham en mayo de 2025 estimó que aproximadamente 16.5 millones de sirios necesitan asistencia humanitaria, y al menos 3 millones enfrentan inseguridad alimentaria aguda. Siria, al igual que Irak tras la invasión de 2003, será un coloso proyecto de reconstrucción que puede tardar décadas y costar cientos de miles de millones de dólares.

Los escombros del extremismo

Aunque las hostilidades han cesado en gran parte del territorio sirio desde la caída de Assad, el país sigue plagado de remanentes de células yihadistas. La propuesta de al-Sharaa de unirse formalmente a la coalición anti-Estado Islámico, liderada por EE.UU., ha sido vista por analistas como un movimiento calculado para rehabilitar su imagen internacional.

“La integración de Siria a la coalición anti-Daesh enviaría una poderosa señal de cambio, pero aún es pronto para saber si al-Sharaa es un reformador genuino o un camaleón político”, señala Lina Khatib, experta en política del Medio Oriente en Chatham House.

¿Realpolitik o idealismo roto?

El acercamiento entre EE.UU. y Siria plantea interrogantes incómodos: ¿hasta qué punto debe Occidente comprometerse con gobiernos de pasado dudoso por el bien de la estabilidad regional? ¿No es este el mismo error cometido durante la Guerra Fría con regímenes autoritarios que luego se rebelaron contra sus otrora aliados?

Desde una perspectiva puramente estratégica, la alianza es comprensible. EE.UU. busca neutralizar el avance de Rusia e Irán en la región y, en segundo plano, frenar el narcotráfico de captagón —la droga sintética que ha financiado parte de la maquinaria bélica siria—. Pero en lo moral, los críticos señalan que legitimar a alguien como al-Sharaa contradice décadas de retórica sobre democracia, derechos humanos y lucha contra el extremismo.

Reacciones internacionales

  • Rusia ha expresado su “profunda inquietud” por el cambio de alianza de al-Sharaa.
  • Irán ha denunciado una “traición regional” que debilita el eje de resistencia contra Israel y Occidente.
  • Israel se mantiene en silencio oficial, mientras medios hebreos especulan con un pacto secreto entre Damasco y Washington que incluiría monitoreo conjunto en la frontera del Golán.
  • Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han respaldado el acercamiento como parte de su doctrina de “Estabilidad primero”.

¿Un nuevo mapa para Medio Oriente?

Estamos ante una nueva reconfiguración del ajedrez geopolítico de Medio Oriente. Las viejas alianzas se erosionan y otras toman forma bajo necesidades más pragmáticas. El regreso de Siria al ruedo internacional, bajo el mando de un líder antaño insurgente, podría ser el presagio de una época menos ideológica y más centrada en el control territorial y los recursos.

Si bien el pragmatismo ha sido la norma en política internacional, nunca deja de generar tensión cuando colisiona con los valores que muchas democracias afirman defender. Siria es un campo minado: con la reconstrucción aún en pausa, con millones de víctimas exigiendo justicia y con una generación entera nacida entre ruinas, resulta crucial que cualquier acuerdo con al-Sharaa venga con compromisos verificables sobre derechos humanos, rendición de cuentas y reformas estructurales.

¿Y ahora qué?

El viaje de al-Sharaa a Washington no solo determina el destino diplomático inmediato de Siria, sino que también marcará la capacidad de EE.UU. para reescribir su papel en Medio Oriente sin repetir errores del pasado. ¿Será recordado como el arquitecto de una paz duradera o como cómplice de la legitimación de otro régimen con pies de barro?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press