Baños unisex en universidades: ¿inclusión o imposición?

El caso de Michigan State reabre el debate nacional sobre la privacidad, la identidad de género y la política universitaria

En los últimos años, las universidades de Estados Unidos han abrazado cada vez más políticas orientadas hacia la inclusión y diversidad. Dentro de estas medidas se encuentran cambios estructurales como la implementación de baños unisex en residencias estudiantiles. Sin embargo, el cambio llevado a cabo por la Michigan State University (MSU) ha generado una respuesta polémica y ha provocado un giro de 180 grados por parte de la institución.

Un experimento de inclusión con resultados mixtos

MSU invirtió 37.1 millones de dólares en renovar el Campbell Hall, uno de sus dormitorios para estudiantes. Una de las decisiones más audaces fue reemplazar todos los baños comunitarios por instalaciones unisex, es decir, compartidas por personas de cualquier género. Esta medida convertía a Campbell Hall en el primer dormitorio de la universidad (y posiblemente del estado) en llevar a cabo tal implementación en todos sus pisos.

El cambio tomó por sorpresa a muchos estudiantes y, peor aún, a los padres, quienes no fueron informados oportunamente. Una madre incluso reportó que su hijo optó por buscar otro lugar para ducharse, ya que no se sentía cómodo compartiendo baño en esas condiciones.

La reacción: inconformidad estudiantil y rectificación

Tras el descontento estudiantil, que incluyó una queja formal y una encuesta interna entre los residentes, la universidad decidió revertir parcialmente la medida. Kat Cooper, portavoz de la MSU, explicó que se buscó ofrecer diferentes opciones para garantizar el confort de todos.

Actualmente, los baños en los pisos inferiores de Campbell Hall han sido designados por género, y en los pisos superiores se ofrece una combinación de baños unisex y de uso individual. Aseguraron también que no se requerirán cambios de habitación para implementar esta nueva configuración, buscando así minimizar el impacto en la vida diaria de los estudiantes.

¿Qué dicen los alumnos y las autoridades?

La medida ha sido bien recibida por algunos miembros del consejo universitario. El Trustee Mike Balow comentó: “Estoy feliz de que la universidad escuche las preocupaciones de sus estudiantes”. Su colega Dennis Denno añadió: “Es importante que nuestros estudiantes se sientan cómodos y que tengan opciones. Es la decisión correcta”.

Aunque la MSU no ha divulgado cuántos baños siguen siendo unisex, reconoce que el cambio fue diseñado inicialmente para responder a las futuras transformaciones demográficas dentro de la población estudiantil, incluyendo diversidad de identidades de género y orientaciones.

¿Qué hay detrás de los baños unisex?

La inclusión de baños no segmentados por género responde en gran medida a las demandas del colectivo LGBTQ+, así como a quienes no se identifican con un género binario. Estos espacios buscan ofrecer una alternativa segura y libre de discriminación. Sin embargo, también existe un sector de la comunidad estudiantil —así como padres, profesores y administrativos— que ve estos cambios como intrusivos o incluso mal pensados.

Según un estudio del Pew Research Center de 2022, el 64% de los estadounidenses están de acuerdo con que las personas transgénero deben poder usar los baños que coincidan con su identidad, pero cuando la pregunta se enfoca en espacios escolares, el porcentaje baja significativamente. La principal preocupación gira en torno a la privacidad y seguridad de los estudiantes.

Casos similares en otras universidades

La experiencia en MSU no es aislada. Varias universidades estadounidenses han intentado modificar infraestructuras para adaptarse a nuevas normas sociales. En 2015, University of California, Berkeley introdujo baños inclusivos en sus instalaciones, aunque siempre mantuvo alternativas separadas por género. Lo mismo ha ocurrido en Harvard y Yale, aunque en estos casos se da la opción al estudiante para elegir el tipo de baño que prefiere usar, sin forzar la dinámica en todos los espacios.

En la mayoría de los casos, la solución más aceptada ha sido la instalación de baños de uso individual, que permiten cobertura para todos sin comprometer la privacidad.

El componente financiero e institucional

Desde una perspectiva administrativa, las universidades públicas enfrentan una presión creciente por adherirse a políticas inclusivas para no perder subvenciones o aparecer en clasificaciones poco favorables. Instituciones como MSU también quieren enviar mensajes de progreso para atraer nuevos estudiantes, especialmente internacionales o pertenecientes a minorías.

No obstante, implementar estas reformas, especialmente si requieren remodelación de infraestructura antigua, conlleva un considerable coste financiero. Es llamativo que, en el caso de MSU, se haya invertido más de 37 millones de dólares sin estipularse claramente el marco de aceptación ni comunicarse de manera transparente con los padres.

Una decisión política tanto como cultural

Si bien en apariencia se trata de una decisión logística, la configuración de baños escolares se ha convertido en un asunto político. Las propuestas para baños sin género han sido resistidas en estados republicanos, donde se han aprobado leyes para prohibir esta práctica en edificios públicos. En cambio, estados demócratas como California o Nueva York han impulsado con fuerza su adopción.

MSU, ubicada en Michigan, un estado tradicionalmente dividido en sus posturas políticas, se encuentra en una situación donde cualquier cambio puede verse con escepticismo, generando frustración tanto en sectores progresistas como conservadores. Como resultado, cualquier reforma —por bienintencionada que sea— necesita operar bajo el principio de transparencia, consulta y voluntariedad.

La necesidad de una tercera vía

Ante estos dilemas, algunos expertos en políticas públicas proponen soluciones híbridas. Instituir baños unisex pero también mantenerlos separados por género puede ser una forma adecuada de satisfacer todos los intereses. También se sugiere la opción de baños individuales, más costosa, pero con mayor aceptación social.

Como afirma el sociólogo David J. Leonard de la Washington State University: “No se trata de imponer nuevas categorías, sino de ampliar el espectro de opciones. En última instancia, todos ganan cuando se respeta el consentimiento y la diversidad de experiencias”.

El futuro: consenso y respeto mutuo

El caso de Michigan State University nos recuerda la importancia de construir consensos antes de ejecutar reformas. Las decisiones que impactan directamente la vida cotidiana de los estudiantes deben estar fundadas en datos, consultas amplias y consideración por todas las posturas. No se trata de elegir entre baños por género o unisex, sino de diseñar un entorno donde la comunidad universitaria sienta que sus voces importan.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press