Kalmaegi arrasa Filipinas: tragedia, corrupción y alerta ante otra supertormenta
Más de 110 muertos, cientos de desaparecidos y una tragedia nacional que expone las grietas en el sistema de gestión de desastres del país
El tifón más letal del año azotó a Filipinas
El tifón Kalmaegi, que tocó tierra en las regiones centrales de Filipinas el pasado martes, ha dejado una de las tragedias naturales más graves del 2024 hasta ahora. Más de 114 personas han fallecido, al menos 127 siguen desaparecidas y casi dos millones de personas resultaron afectadas, siendo desplazadas más de 560,000, según la Oficina de Defensa Civil del país.
Tras la devastación, el presidente Ferdinand Marcos Jr. declaró el jueves una estado de calamidad nacional, una medida que permite liberar fondos de emergencia, controlar precios y evitar la especulación frente a la crisis.
Cebu: epicentro del desastre
La provincia de Cebu, una de las más afectadas, vivió escenas apocalípticas. En solo 24 horas, cayó el equivalente a mes y medio de lluvia, lo que protagonizó crecidas súbitas de ríos, afectando gravemente comunidades enteras.
71 de las víctimas fatales fueron reportadas en Cebu, principalmente por ahogamientos. Más de 65 personas siguen desaparecidas, mientras que aparecieron videos dramáticos en redes sociales, mostrando a residentes refugiándose en los techos de sus casas mientras las aguas subían violentamente.
Como si esto fuera poco, la provincia todavía se encontraba en proceso de recuperación tras un terremoto de magnitud 6.9 registrado el 30 de septiembre, que dejó al menos 79 muertos.
¿Desastres naturales o mala gestión?
En palabras de la gobernadora de Cebu, Pamela Baricuatro: "Hicimos todo lo que pudimos, pero las inundaciones repentinas eran algo inesperado". Sin embargo, la tragedia ha desatado críticas al sistema de control de inundaciones del gobierno.
Una combinación de proyectos de infraestructura defectuosos y corrupción en obras de control de inundaciones habría agravado la situación, generando una ola de indignación pública. Particularmente, la actividad ilegal de canteras y la obstrucción de los ríos son señaladas como causas directas del desbordamiento de las aguas.
Los escándalos de corrupción relacionados con contratos inflados o inexistentes en obras hidráulicas han estallado en los últimos meses, con protestas crecientes en Manila y otras ciudades.
Un país atrapado por los desastres
Filipinas está entre los países más propensos a desastres en el mundo. Anualmente, enfrenta unos 20 tifones, múltiples terremotos (por estar sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico) y cuenta con más de una docena de volcanes activos. Según datos del UNDRR, el país se ubica constantemente en los primeros puestos del Índice Mundial de Riesgo Climático.
La vulnerabilidad no solo es geográfica, sino también estructural. Las zonas costeras densamente pobladas y una infraestructura deficiente multiplican los costos humanos de cada desastre.
“No es solo el tifón, es la prevención, la planificación urbana y la corrupción endémica lo que está matando a la gente”, comentó Benison Estareja, uno de los principales meteorólogos del país.
El impacto en cifras
- 114 muertos confirmados
- 127 personas desaparecidas
- 560,000 desplazados
- 2 millones de afectados en total
- 450,000 evacuados a refugios
- 71 muertos en Cebu, 69 heridos
Además, una tragedia adicional elevó la magnitud de este desastre: un helicóptero de la Fuerza Aérea que transportaba ayuda humanitaria se estrelló el martes en la provincia de Agusan del Sur, matando a 6 personas a bordo.
Vietnam activa alertas ante llegada del tifón
Tras abandonar Filipinas, Kalmaegi se desplazó hacia el mar del Sur de China con dirección a Vietnam, donde las autoridades lanzaron su propia alerta. Se esperan lluvias de hasta 100 milímetros en Ciudad Ho Chi Minh, con riesgos de inundaciones agravados por las mareas altas en el río Saigón.
La coincidencia de mareas y lluvias intensas podría provocar un colapso parcial de zonas inundables en la metrópoli. Las autoridades vietnamitas activaron planes de evacuación preventiva en áreas vulnerables, siguiendo el manual de lecciones aprendidas tras el paso devastador de Haiyan en 2013.
Se avecina otro tifón en el Pacífico
Mientras Filipinas aún intenta cuantificar las pérdidas y coordinar la asistencia humanitaria, las autoridades meteorológicas han advertido que otra tormenta tropical en formación podría evolucionar hacia un supertifón en los próximos días, con posible impacto en el norte del país.
“Dos tercios del archipiélago podrían estar afectados simultáneamente por ambos sistemas climatológicos”, advirtió el presidente Marcos en una conferencia con funcionarios de emergencia.
La declaración del estado de calamidad permitirá al Ejecutivo agilizar los recursos y focalizar estrategias para enfrentar un probable doble impacto.
¿Hay solución posible?
Filipinas enfrenta cada vez más desafíos para lidiar con el cambio climático, una infraestructura antigua y urbanismo desordenado. Organizaciones como NASA Climate y el Centro de Monitoreo de Desastres de la ONU insisten en que los Estados como Filipinas deben invertir en:
- Infraestructura resiliente
- Planes de evacuación preestablecidos
- Sistemas de alerta temprana eficaces
- Educación a la población vulnerable
Por ahora, la prioridad sigue siendo salvar vidas, buscar a los desaparecidos y brindar atención urgente a los damnificados. Pero si no se actúa estructuralmente, Kalmaegi no será recordado solo como un desastre: será otro ejemplo de una tragedia evitable.
Las voces de los afectados
“Dormíamos cuando el agua entró como una bestia a la casa. Escapamos por las ventanas y nos subimos al techo con mis hijos”, relató Mila Dacumos, sobreviviente de un barrio en las afueras de Cebu. “Tuvimos suerte. Mis vecinos no lo lograron”.
Mientras tanto, en las redes sociales, los ciudadanos exigen responsabilidades con el hashtag #JusticiaParaCebu y llaman a investigar el uso de fondos públicos en obras inconclusas.
El país, golpeado nuevamente por la combinación fatal de naturaleza implacable e ineficacia institucional, se enfrenta ahora no solo a una recuperación, sino a una dura lección.