Minería submarina en la zona crepuscular: ¿La nueva amenaza al ecosistema marino y tu plato de comida?

Una reciente investigación revela cómo la extracción minera en el fondo oceánico podría colapsar la base de la cadena alimenticia marina, con potenciales consecuencias para la pesca global.

¿Qué es la minería submarina de profundidad?

La minería submarina de profundidad consiste en la extracción de nódulos polimetálicos ubicados en el lecho marino, cargados de minerales valiosos como cobre, hierro y zinc. Estos minerales son altamente requeridos para vehículos eléctricos, energías renovables, tecnología avanzada y equipos militares. Con la creciente demanda global de materiales para la transición energética, la carrera por explotar los océanos ha comenzado.

Sin embargo, las consecuencias ambientales de esta práctica aún no se comprenden en su totalidad, y un estudio reciente ha encendido las alarmas sobre los posibles daños a los ecosistemas marinos, especialmente en lo que se denomina la zona crepuscular del océano.

¿Qué es la zona crepuscular del océano?

La zona crepuscular o mesopelágica abarca profundidades oceánicas entre 200 y 1,500 metros. Esta región recibe poca luz solar, pero es vital para la biodiversidad marina. Aquí habitan organismos como el zooplancton y el micronekton, pequeños peces y crustáceos que son esenciales en la cadena alimenticia. Grandes especies como el atún, el pez espada, e incluso mamíferos marinos, dependen de estos organismos para sobrevivir.

El estudio que reveló el impacto oculto

Investigadores de la Universidad de Hawái realizaron un experimento en 2022 durante una prueba de minería submarina en el océano Pacífico. Estudiaron muestras de agua y desechos liberados al mar tras extraer los nódulos polimetálicos. Publicado en la revista científica Nature Communications, el estudio reveló que los desechos expulsados regresan al mar como una “nube” de partículas cuyo tamaño y composición los hace casi indistinguibles de los alimentos naturales para el zooplancton.

“Es como ofrecer comida chatarra al elemento más importante de una cadena de suministro alimentaria marina”, explicó Brian Popp, autor principal del estudio.

¿Quiénes serían los más perjudicados?

Estas partículas podrían ser ingeridas por el zooplancton de la zona crepuscular como si fuesen su dieta normal. Pero al tratarse de material inorgánico, el resultado es una desnutrición en masa. Esto tiene un efecto dominó en toda la cadena trófica:

  • El 50% del zooplancton vive en esta zona
  • El 60% del micronekton depende de dicho zooplancton
  • Especies grandes como el mahi-mahi o el atún también lo hacen

En otras palabras, lo que daña al zooplancton puede terminar afectando la disponibilidad de pescado en nuestros supermercados.

Implicancias para la industria pesquera

Organizaciones ambientales y expertos en biología marina advierten que, de masificarse esta modalidad minera, nos enfrentamos a una pérdida de biodiversidad sin precedentes. La industria pesquera, valorada por la FAO en más de $150 mil millones anuales a nivel global, podría sufrir un duro golpe si la producción de peces comerciales cae.

“Si desaparecen los organismos en profundidad que alimentan a los peces comerciales, eso afectará directamente los ecosistemas de pesca y los intereses comerciales”, señaló Michael Dowd, coautor del estudio.

¿Hay alternativas a la minería submarina?

El estudio plantea varias estrategias para evitar la catástrofe ecológica:

  • Reciclaje de metales: Extraer minerales críticos de dispositivos usados o baterías de autos eléctricos es una opción más sostenible.
  • Explotación segura de desechos mineros ya existentes: En lugar de abrir nuevas minas submarinas, utilizar los residuos de explotaciones en tierra puede ser menos dañino.
  • Revisión de políticas internacionales: La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos ha autorizado exploraciones, pero la explotación a gran escala aún no comienza; existe posibilidad de legislar para impedirla.

Diva Amon, bióloga marina y asesora de la ONU sobre biodiversidad, enfatiza: “Este no es el momento de realizar minería a ciegas. Se requiere una regulación integral y bien informada para evitar la extinción masiva de especies.”

Las decisiones políticas que están moldeando el futuro oceánico

En abril de 2023, el entonces presidente de EE. UU., Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para agilizar los permisos de minería oceánica, argumentando que reducir la dependencia de minerales chinos era prioritario. Esta movida ha levantado fuertes críticas, particularmente de científicos que señalan el déficit de estudios sobre los impactos ecológicos reales a largo plazo.

Por su parte, países como Francia, Alemania y Chile están exigiendo una moratoria internacional ante la falta de garantías ambientales. Según datos del programa Deep Sea Conservation Coalition, al menos 642 científicos de 44 países han firmado cartas abiertas solicitando que se detenga el avance sin supervisión.

¿Cuánto vale realmente un nódulo marino?

Un solo kilómetro cuadrado del lecho marino podría albergar hasta 15 millones de nódulos polimetálicos. Según estimaciones del sector, estos nódulos podrían contener minerales por un valor de más de $1,000 millones. Pero, ¿puede medirse ese beneficio frente al potencial colapso de sistemas ecológicos interdependientes?

“El verdadero costo puede ser perder para siempre los servicios ecosistémicos que desconocemos, pero de los que dependemos todos los días”, argumenta Sheryl Murdock, investigadora de Arizona State University.

¿Qué sigue ahora?

Aunque la minería submarina comercial aún no ha comenzado a gran escala, los permisos de exploración están sentando las bases de una industria difícil de frenar. China, Noruega y Estados Unidos ya compiten por establecerse como líderes del nuevo “oro azul”.

La pregunta crítica es: ¿Vale la pena arriesgar la salud de los océanos y las reservas pesqueras globales por minerales que podríamos obtener reciclando? Para muchos científicos, la respuesta es un rotundo no.

En palabras de Brian Popp, “La ciencia está comenzando a hablar, y es hora de que los gobiernos escuchen”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press