El azote de Fung-wong: entre la furia de la naturaleza y la resiliencia filipina

Más de 1.4 millones de desplazados y daños humanos tras el paso del supertifón por el norte de Filipinas, el país reafirma su lucha constante ante los desastres naturales

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Una nueva amenaza en un archipiélago golpeado

Filipinas, un país azotado cada año por alrededor de 20 tifones y tormentas tropicales, ha vuelto a ser escenario de una de las demostraciones más feroces de la naturaleza: el paso del supertifón Fung-wong, también conocido como Uwan. Esta vez, el impacto ha sido particularmente devastador mientras el país aún intentaba recuperarse de los efectos de otro tifón reciente, Kalmaegi, que dejó una estela de más de 220 muertos.

Fung-wong: cifras de una tormenta despiadada

Fung-wong tocó tierra en la provincia nororiental de Aurora el domingo por la noche, acompañado de vientos sostenidos de hasta 185 km/h y ráfagas de hasta 230 km/h. Se considera un "supertifón" según la clasificación filipina cuando las velocidades sostenidas superan los 185 km/h, una alerta para subrayar los peligros de estos fenómenos extremos.

Al momento del impacto, más de 1.4 millones de filipinos fueron evacuados hacia albergues de emergencia o casas de familiares. Para el lunes siguiente, alrededor de 318,000 personas seguían desplazadas en centros habilitados.

Las consecuencias fueron severas:

  • 132 aldeas inundadas, algunas con personas atrapadas en los techos de sus viviendas.
  • Más de 1,000 casas dañadas.
  • Al menos dos personas fallecidas: una por ahogamiento en Catanduanes y otra a causa del colapso de su vivienda en Samar Oriental.
  • 325 vuelos domésticos y 61 internacionales cancelados.
  • Más de 6,600 personas varadas en puertos por prohibiciones de navegación.

Infraestructura colapsada y accesos imposibles

Numerosos caminos quedaron intransitables debido a los deslaves, y las autoridades informaron que los trabajos de limpieza se iniciarían en cuanto el clima lo permitiera. En tanto, cientos de miles de personas siguen confinadas en instalaciones sin acceso adecuado a alimentos, agua potable o atención médica.

Un país en constante estado de alerta

El presidente Ferdinand Marcos Jr. declaró el estado de emergencia tras la doble embestida de Kalmaegi y Fung-wong. Aunque Filipinas no ha pedido asistencia internacional formalmente, Estados Unidos y Japón han expresado disposición para colaborar si es necesario.

Esto se enmarca en un contexto donde el país no solo debe lidiar con violentas tormentas tropicales, sino también con terremotos frecuentes y volcanes activos. De hecho, Filipinas está ubicada en el Anillo de Fuego del Pacífico, una zona propensa a sismos y actividad volcánica, lo que la convierte en una de las naciones más propensas a desastres naturales del planeta.

Educación y servicios paralizados

Como parte de las medidas preventivas, el gobierno anunció el cierre de escuelas y oficinas gubernamentales durante al menos dos días. En muchas zonas, el sistema educativo ya se había resentido por las alteraciones provocadas por la pandemia, y los fenómenos meteorológicos extremos añaden una capa más de complicaciones.

La memoria de tragedias pasadas

Para quienes vivieron el tifón Haiyan (Yolanda) en 2013 —considerado uno de los más mortíferos de la historia, con más de 6,300 muertos—, Fung-wong renueva los temores y traumas. Aunque en esta ocasión la cifra de muertes fue menor, el impacto emocional y económico suma un golpe más a comunidades que rara vez encuentran respiro.

Adaptación como modo de vida

Ante esta vulnerabilidad, Filipinas ha desarrollado un complejo aparato de defensa civil, donde actores como el Oficina de Defensa Civil y el servicio de meteorología estatal desempeñan un papel vital. No obstante, el avance de las tecnologías climáticas no siempre consigue anticipar la magnitud de estos eventos.

Bernardo Rafaelito Alejandro IV, portavoz de Defensa Civil, advirtió: “Aunque el tifón ha pasado, sus lluvias siguen representando un peligro en regiones del norte de Luzón e incluso en Manila”, subrayando que las áreas afectadas podrían experimentar nuevas inundaciones y deslaves por precipitación acumulada.

Impacto económico y agrícola

Las regiones más golpeadas por Fung-wong incluyen zonas agrícolas clave para el país. Las inundaciones severas no solo dañaron infraestructura rural, sino también plantaciones y cosechas, afectando directamente a la seguridad alimentaria local y a la economía nacional.

Desde arroz hasta plátano, los cultivos se perdieron en cuestión de horas. El Departamento de Agricultura aún evalúa las pérdidas económicas, que podrían superar los 10 millones de dólares.

El reto de los desplazados climáticos

Fung-wong también coloca sobre la mesa una discusión más profunda: el creciente número de “refugiados del clima”. Estas personas, forzadas a abandonar sus hogares cada año por tormentas, inundaciones y sequías, forman parte de una estadística que crece en todo el sudeste asiático.

Según cifras del Observatorio de Desplazamiento Interno, Filipinas generó casi 4 millones de nuevos desplazados internos en 2022, en su mayoría por fenómenos meteorológicos extremos.

¿Qué sigue?

Mientras Fung-wong se aleja hacia el noroeste rumbo a Taiwán, el gobierno filipino y ONG locales se mantienen movilizadas en labores de rescate, atención médica y distribución de ayuda humanitaria.

Asimismo, líderes climáticos urgen avanzar no solo en programas de respuesta, sino en políticas efectivas de adaptación: desde infraestructura resiliente hasta educación ambiental en comunidades rurales.

Los expertos también señalan que el calentamiento global aumenta tanto la frecuencia como la intensidad de tormentas como Fung-wong. En ese sentido, Filipinas no solo está en la primera línea geográfica, sino también en la primera línea del cambio climático global.

Historias de humanidad: luces en medio de la tormenta

En medio de la devastación, surgen historias mínimas, pero poderosas. El relato de niños cargando a sus mascotas entre aguas marrones, de rescatistas que arriesgan sus vidas para sacar a familias atrapadas, o de adultos mayores protegidos por vecinos desconocidos que les ofrecen habitación en sus casas.

Estas escenas alimentan la fe en la humanidad y nutren la resiliencia de una nación que, por costumbre o coraje, se levanta una y otra vez. Como rezan los carteles en muchas escuelas destruidas: "Bangon Pilipinas" (¡Levántate, Filipinas!).

En tiempos de desastres, Filipinas no solamente sobrevive. Aprende. Adapta. Resiste.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press