Elecciones, desplazados y promesas rotas: el drama Yazidí en los comicios parlamentarios de Irak
Mientras Irak se prepara para definir su futuro político, una comunidad marcada por el genocidio del Estado Islámico intenta recuperar la fe en las urnas
Una elección en medio del desarraigo
El pasado domingo, cerca de 26,000 personas desplazadas en Irak —muchas de ellas de la comunidad yazidí— y más de 1.3 millones de soldados y policías votaron anticipadamente en una elección parlamentaria clave para el futuro de este país aún marcado por las heridas del Estado Islámico (EIIS).
En un discreto colegio en la ciudad de Dohuk, dentro de la región semiautónoma del Kurdistán iraquí, las urnas reemplazaron por un día a la rutina del campamento de refugiados Sharia. Votantes con identificaciones desgastadas y esperanzas aún más frágiles se acercaron al lugar para ejercer su derecho al voto, mientras monitores de partidos rivales supervisaban cada gesto.
El contexto político: elecciones bajo la sombra iraní
Las elecciones parlamentarias que se celebrarán oficialmente este martes 11 de noviembre podrían decidir el futuro del primer ministro Mohammed Shia al-Sudani. Este evento se da en un contexto tan complejo como silencioso: las tensiones crecientes entre Israel e Irán, la influencia persistente de Teherán sobre Bagdad y la posición cada vez más precaria de Irak ante Washington.
Con más de 7,744 candidatos —la mayoría de ellos alineados sectariamente— compitiendo, el panorama político refleja una continua atomización del poder, lo cual complica que una sola coalición pueda liderar sin enfrentar bloqueos internos.
El trauma yazidí: once años de espera
La historia reciente de los yazidíes representa una de las más crueles atrocidades del siglo XXI. En agosto de 2014, el grupo terrorista EIIS irrumpió en el distrito de Sinyar, al norte de Irak, masacrando a miles y esclavizando a mujeres y niños, a quienes consideraba "herejes". La ONU ha calificado estas acciones como genocidio.
Desde entonces, más de 200,000 yazidíes han vivido desplazados en campos de refugiados. El retorno se ha visto obstaculizado por múltiples frentes: la destrucción de infraestructura, la ocupación por distintas milicias, y el vacío de poder entre el gobierno central en Bagdad y el regional kurdo en Erbil.
Khedhir Qassim, un yazidí de Sinyar ahora residente del campamento en Dohuk, expresó su escepticismo tras votar: “Han pasado once años y todo sigue igual... No hay reconstrucción. Todos velan por sus intereses.”
¿Voto útil o voto simbólico?
La disyuntiva para muchos yazidíes es dolorosa: ¿apoyar candidatos independientes que los representen directamente, pero carecen de fuerza política, o aliarse con listas poderosas como el Partido Democrático del Kurdistán (KDP)?
Edris Zozani, otro desplazado yazidí, explicó su estrategia: “Si votamos por independientes, no tienen poder. Si van con una lista fuerte como el KDP, tienen más influencia para ayudarnos.”
Este pragmatismo político refleja una comunidad desgastada por las promesas incumplidas y empujada a buscar supervivencia antes que ideales.
Bagdad, uniforme y votos
En la capital, las filas para votar se llenaron de uniformes. Soldados del ejército regular, la policía y miembros de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF, por sus siglas en inglés) acudieron masivamente a las urnas. El destino de las PMF, una coalición de milicias principalmente chiíes respaldadas por Irán, es uno de los temas que el próximo parlamento deberá resolver.
Aunque formalmente integradas al aparato de defensa nacional desde 2016, las PMF gozan de gran autonomía y generan tensiones tanto internas como con Estados Unidos, que ve con preocupación su creciente influencia.
Un miliciano entrevistado bajo anonimato en Bagdad dijo: “Voté por la lista que apoya a la PMF.” Su declaración refleja una polarización que no solo divide al electorado, sino también a las instituciones iraquíes.
El estancamiento en Sinyar: tierra dividida
Una de las principales razones detrás del continuo desplazamiento yazidí es la situación en Sinyar. La región se ha convertido en un tablero estratégico para una variedad de actores: el gobierno central, el regional kurdo, Turquía (por su lucha contra el PKK) y distintas milicias locales.
- Milicias yazidíes locales como la YBS están acompañadas por el PKK, lo que provoca tensiones con Turquía y el KDP.
- Turquía ha llevado a cabo ataques aéreos en la región para eliminar al PKK.
- Gobierno de Bagdad ha tratado de negociar acuerdos para resolver la situación, como el acuerdo de Sinyar de 2020, que, sin embargo, ha tenido poca aplicación.
La consecuencia es que Sinyar sigue sin un gobierno unificado y, peor aún, sin servicios básicos: agua potable, electricidad, centros de salud y educación.
Elecciones pasadas, promesas aplazadas
El historial de los gobiernos iraquíes con la comunidad yazidí es contundente: declaraciones de solidaridad que no se traducen en acción efectiva. En cada ciclo electoral, candidatos visitan los campos de refugiados con promesas de reconstrucción, justicia transicional y seguridad. Pocas veces se cumplen.
Según una encuesta del International Organization for Migration (IOM), solo el 38% de los yazidíes desplazados muestran interés en regresar a Sinyar, principalmente por miedo a la violencia y falta de oportunidades económicas.
¿Qué se juega Irak en estas elecciones?
Más allá de la comunidad yazidí, las elecciones ponen en juego varios temas clave para el país:
- Futuro de la relación con Irán: ¿seguirá Irak alineado con su vecino o buscará un equilibrio con Occidente?
- Presencia de EE. UU.: la presión para que las tropas estadounidenses salgan del país sigue ganando fuerza, especialmente de parte de milicias chiíes.
- Reformas económicas: Irak sigue dependiendo casi exclusivamente del petróleo y sufre altos niveles de corrupción y desempleo.
El resultado electoral definirá la orientación de un país dividido entre sectarismos, alianzas internacionales conflictivas y una población desesperada por mejoras tangibles.
Votar para ser escuchados
En medio de la incertidumbre, el acto de votar representa para miles de yazidíes aunque sea una pequeña forma de expresión. No buscan revoluciones, sino que alguien los escuche y actúe. “Queremos que nos devuelvan la dignidad, no solo el techo”, dijo una mujer yazidí a la salida del centro de votación, cargando a su hijo y un sobre con la boleta electoral sellada.
Tal vez Irak aún no ha encontrado su camino hacia una democracia sólida, pero cada voto yazidí depositado bajo los toldos polvorientos de Dohuk representa una historia de resistencia silenciosa y un pedido urgente de justicia.
