Ghana frente al oro ilegal: el combate ciudadano que pone en jaque al galamsey

En medio del colapso económico, una comunidad en Ghana resiste contra la minería ilegal con palos, fe y determinación

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La fiebre del oro: una maldición disfrazada de promesa

Ghana, el mayor productor de oro de África, enfrenta una amenaza ambiental y económica cada vez más arraigada: la minería ilegal o galamsey, como se le conoce localmente. Lo que para algunos representa una esperanza rápida de ingresos, para muchos otros significa la destrucción de sus fuentes de agua, la pérdida del ecosistema y la criminalización comunitaria.

Conocida por su historia democrática relativamente estable y una economía en crecimiento sostenido hasta la década pasada, Ghana ha empezado a tambalearse. Con la pandemia como catalizador, la inflación se disparó y el desempleo juvenil alcanzó un preocupante 39%. En este contexto, miles de jóvenes han encontrado en la minería ilegal una “salida” al desempleo.

Pero el costo es altísimo: según el informe más reciente de la organización suiza Swissaid, el país perdió 11.400 millones de dólares en los últimos cinco años solo por contrabando de oro.

Jema: una aldea contra el status quo

En medio de esta crisis nacional, una pequeña comunidad de la región Occidental Norte ha decidido resistir. Jema, con apenas 15.000 habitantes, ha declarado su territorio libre de minería desde 2015, gracias a una ley que faculta a los jefes tribales a hacer valer una legislación consuetudinaria.

La joya de su lucha es la fuerza comunitaria conocida como Jema Anti-Galamsey Advocacy, una patrulla de 14 miembros encabezada por un sacerdote católico y compuesta por agricultores, cazadores y líderes locales. Armados solo con palos y mucha convicción, patrullan cada semana la Reserva Forestal de Jema y los ríos cercanos en busca de signos de actividad minera. Cuando detectan cambios en el color del agua o claros recientes en la vegetación, saben que algo anda mal.

Si dejamos de luchar, lo perderemos todo”, declaró Joseph Blay, sacerdote de la comunidad y uno de los iniciadores del movimiento. El enfoque se basa en monitoreo constante, trabajo con informantes locales y detenciones ciudadanas autorizadas por la ley para ciertos delitos.

¿Una solución sostenible?

El trabajo de la brigada ha dado resultados palpables: el área de Jema sigue conservando fuentes de agua cristalina, rara excepción en un país donde gran parte de los cursos fluviales están contaminados por mercurio y cianuro.

En 2024, el Ministerio de Tierras y Recursos Naturales informó que 44 de las 288 reservas forestales del país estaban invadidas por mineros ilegales. De estas, nueve estaban completamente controladas por bandas armadas.

Esto convierte el caso de Jema en un modelo potencial para replicarse en otras regiones. Blay propone transformar la Reserva Forestal en un parque turístico que genere empleo y preserve la biodiversidad.

Beneficio con sombra: resistencias internas

No todo es unión y armonía. Algunos habitantes de Jema ven en la minería ilegal una oportunidad irresistible. Un joven de 27 años confesó, bajo anonimato, estar dispuesto a vender tierra a mineros ilegales debido a las pérdidas incurridas en agricultura: “Los fertilizantes han triplicado su precio desde 2022, y ya no hay una verdadera ganancia en el campo.”

Esta división interna muestra que sin una alternativa económica inmediata, incluso los modelos comunitarios más sólidos pueden fracturarse. “Necesitamos inversión estatal para generar trabajo real y legítimo”, declaró un jefe de clan.

Una tarea que debería ser del Estado

A pesar de las promesas de acción del nuevo presidente John Mahama, las acciones a nivel nacional han sido limitadas. Aunque se ha inaugurado una fuerza nacional contra el galamsey, la falta de declaraciones de estado de emergencia y de intervención más decisiva sugiere que el problema está lejos de resolverse.

Falta voluntad política”, afirmó Daryl Bosu, director adjunto de A Rocha Ghana. En su evaluación, el Estado está cediendo sus responsabilidades a iniciativas comunitarias que, aunque valientes, no deben ser la línea de defensa principal.

Por su parte, Festus Kofi Aubyn, coordinador regional de la red West Africa Network for Peacebuilding, advirtió que la falta de supervisión estatal puede convertir a estas agrupaciones ciudadanas en peligros potenciales de violaciones a los derechos humanos. “Si no se regulan, pueden degenerar en abusos o en conflicto étnico.”

Peligros reales, valentía tangible

Uno de los desafíos más importantes que enfrentan los miembros del equipo son las amenazas constantes de muerte. Patrullar zonas tomadas por mineros armados, con apenas palos, no es tarea menor. Patrick Fome, miembro del grupo, reportó recientemente cómo el río Ehole estaba comenzando a tornarse marrón lechoso, señal inequívoca de actividad minera aguas arriba.

No podemos ir allá sin preparación adecuada”, dijo, recordando que en varias ocasiones han sido advertidos en forma agresiva por partes interesadas. Algunos sospechan que existen tanto redes criminales como complicidades políticas que facilitan esta actividad.

¿Un modelo para África?

La historia de Jema resuena más allá de sus fronteras. África es rica en recursos minerales, pero también en injusticias ambientales y económicas provocadas por su mala gestión o por la corrupción asociada a la minería.

Ghana podría transformar su lucha local en una plataforma continental, donde las comunidades tomen parte activa en la protección de los bienes comunes, con el respaldo de políticas públicas efectivas.

Para lograrlo, es esencial que el modelo de Jema no quede aislado. Deben multiplicarse iniciativas de desarrollo alternativo, fiscalización estatal real y acceso a oportunidades para los jóvenes.

La lección de Jema

Lo que ocurre en este rincón de África Occidental es un microcosmos del dilema entre desarrollo y sostenibilidad. La comunidad ha dado el primer paso, uno con valor simbólico y práctico. Pero su futuro depende de mucho más que sólo su valentía.

Ghana debe decidir si el oro vale más que su agua, su juventud y sus recursos a largo plazo. Mientras el país debate su próximo paso, Jema ya trazó el suyo.

“Si resistimos lo suficiente, podemos convertirnos en ejemplo del Ghana posible”, dice Blay con una convicción inquebrantable. Y quizás, solo quizás, tenga razón.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press